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The Parousia ; A Critical Study of the Scripture Doctrines of Christ's Second Coming, His Reign as King ; The Resurrection of the Dead

Israel P. Warren
1879

Christ Yet to Come:
Review of Warren's "Parousia"

Rev. Josiah Litch
1880


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Tomado de Freebooks


God Warned the Children of Israel Through Moses

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 1-1000

070: Clement: First Epistle of Clement

075: Baruch: Apocalypse Of Baruch

075: Barnabus: Epistle of Barnabus

090: Esdras 2 / 4 Ezra

100: Odes of Solomon

150: Justin: Dialogue with Trypho

150: Melito: Homily of the Pascha

175: Irenaeus: Against Heresies

175: Clement of Alexandria: Stromata

198: Tertullian: Answer to the Jews

230: Origen: The Principles | Commentary on Matthew | Commentary on John | Against Celsus

248: Cyprian: Against the Jews

260: Victorinus: Commentary on the Apocalypse "Alcasar, a Spanish Jesuit, taking a hint from Victorinus, seems to have been the first (AD 1614) to have suggested that the Apocalyptic prophecies did not extend further than to the overthrow of Paganism by Constantine."

310: Peter of Alexandria

310: Eusebius: Divine Manifestation of our Lord

312: Eusebius: Proof of the Gospel

319: Athanasius: On the Incarnation

320: Eusebius: History of the Martyrs

325: Eusebius: Ecclesiastical History

345: Aphrahat: Demonstrations

367: Athanasius: The Festal Letters

370: Hegesippus: The Ruin of Jerusalem

386: Chrysostom: Matthew and Mark

387: Chrysostom: Against the Jews

408: Jerome: Commentary on Daniel

417: Augustine: On Pelagius

426: Augustine: The City of God

428: Augustine: Harmony

420: Cassian: Conferences

600: Veronica Legend

800: Aquinas: Eternity of the World

 


1000-2006

FUTURIST
HISTORICAL
MODERN

1265: Aquinas: Catena Aurea

1543: Luther: On the Jews

1555: Calvin: Harmony on Evangelists

1556: Jewel: Scripture

1586: Douay-Rheims Bible

1598: Jerusalem's Misery ; The dolefull destruction of faire Ierusalem by Tytus, the Sonne of Vaspasian

1603: Nero : A New Tragedy

1613: Carey: The Fair Queen of Jewry

1614: Alcasar: Vestigatio arcani sensus in Apocalypsi

1654: Ussher: The Annals of the World

1658: Lightfoot: Commentary from Hebraica

1677: Crowne - The Destruction of Jerusalem

1764: Lardner: Fulfilment of our Saviour's Predictions

1776: Edwards: History of Redemption

1785: Churton: Prophecies Respecting the Destruction of Jerusalem

1801: Porteus: Our Lord's Prophecies

1802: Nisbett: The Coming of the Messiah

1805: Jortin: Remarks on Ecclesiastical History

1810: Clarke: Commentary On the Whole Bible

1816: Wilkins: Destruction of Jerusalem Related to Prophecies

1824: Galt: The Bachelor's Wife

1840: Smith: The Destruction of Jerusalem

1841: Currier: The Second Coming of Christ

1842: Bastow : A (Preterist) Bible Dictionary

1842: Stuart: Interpretation of Prophecy

1843: Lee: Dissertations on Eusebius

1845: Stuart: Commentary on Apocalypse

1849: Lee: Inquiry into Prophecy

1851: Lee: Visions of Daniel and St. John

1853: Newcombe: Observations on our Lord's Conduct as Divine Instructor

1854: Chamberlain: Restoration of Israel

1854: Fairbairn: The Typology of Scripture

1859: "Lee of Boston": Eschatology

1861: Maurice: Lectures on the Apocalypse

1863: Thomas Lewin : The Siege of Jerusalem

1865: Desprez: Daniel (Renounced Full Preterism)

1870: Fall of Jerusalem and the Roman Conquest

1871: Dale: Jewish Temple and Christian Church (PDF)

1879: Warren: The Parousia

1882: Farrar: The Early Days of Christianity

1883: Milton S. Terry: Biblical Hermeneutics

1888: Henty: For The Temple

1891: Farrar: Scenes in the days of Nero

1896: Lee : A Scholar of a Past Generation

1902: Church: Story of the Last Days of Jerusalem

1917: Morris: Christ's Second Coming Fulfilled

1985: Lee: Jerusalem; Rome; Revelation (PDF)

1987: Chilton: The Days of Vengeance

2001: Fowler: Jesus - The Better Everything

2006: M. Gwyn Morgan - AD69 - The Year of Four Emperors

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DAYS OF VENGEANCE
DÍAS DE RETRIBUCIÓN

By David Chilton

Una Exposición del Libro de Apocalipsis


(1985 - Espanol)

The Days of Vengeance: An Exposition of the Book of Revelation | Дни на въздаяние


Título de la obra en inglés:
Days of Vengeance

Traducción de Román Quirós M.

By David Chilton


 

Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ellos. Porque estos son días de retribución, para que se cumplan todas las cosas que están escritas. - Lucas 21:20-22 

 

Tabla de Contenido

Prólogo, por Gordon J. Wenham
Prefacio del Autor, David Chilton
Prefacio del Editor, por Gary North
 

Introducción
 

Parte Uno: PREÁMBULO:
EL HIJO DEL HOMBRE (Apocalíptico)
1. Rey de Reyes
 

Parte Dos: PRÓLOGO HISTÓRICO:
LAS CARTAS A LAS SIETE IGLESIAS (Apoc.2-3)
2. El Espíritu Habla a la Iglesia: ¡Venced!
3. El Mandato de Dominio
 

Parte Tres: ESTIPULACIONES ÉTICAS:
LOS SIETE SELLOS (Apoc. 4-7)
4. El Trono Por Encima del Mar de Vidrio
5. El Cristo Victorioso
6. En el Camino del Caballo Blanco
7. El Verdadero Israel
 

Parte Cuatro: SANCIONES DEL PACTO:
LAS SIETE TROMPETAS (Apoc. 8-14)
8. Liturgia e Historia
9. Se Desata el Infierno
10. El Testigo Fiel
11. El Fin del Principio
12. La Guerra Santa
13. Leviatán y Behemot
14. El Reinado del Monte Sión
 

Parte Cinco: SUCESIÓN Y CONTINUIDAD DEL PACTO -
LAS SIETE COPAS
(Apoc. 15-22)
15. Las Siete Postreras Plagas
16. El Juicio del Santuario
17. La Falsa Esposa
18. ¡Ha Caído Babilonia!
19. Las Fiestas del Reino
20. El Milenio y el Juicio
21. La Nueva Jerusalén
22. ¡Ven, Señor Jesús!
 

Conclusión
Apéndice A
Apéndice B
Apéndice C
 


PRÓLOGO

 

Gordon J. Wenham
 The College of St. Paul and St. Mary
Cheltenham, Inglaterra
 


Los lectores del libro de Apocalipsis quedan o hipnotizados o desorientados por él. Los hipnotizados salen con interpretaciones tan sorprendentes que los desorientados a menudo llegan a la conclusión de que los cristianos de mente sobria deben dejar el libro bien en paz.

El comentario de David Chilton debería ser estudiado por ambos tipos de lectores. Chilton muestra que, como cualquier otro libro del Nuevo Testamento, Apocalipsis está dirigido principalmente a la iglesia del siglo primero, y fácilmente comprendido por sus miembros, pues ellos estaban completamente familiarizados con las imágenes del Antiguo Testamento. Chilton muestra que, una vez que captamos estos modos de expresión, Apocalipsis no es difícil que lo entendamos nosotros tampoco.

 

Sin embargo, Apocalipsis continúa siendo para nosotros un libro estimulante y relevante, no porque nos da un bosquejo de la historia mundial con referencia especial a nuestra era, sino porque nos muestra que Cristo está en control de la historia mundial, y cómo debemos vivir y orar y adorar a Dios. Con imágenes vívidas y poderosas, nos enseña lo que significa creer en la soberanía y la justicia de Dios. Ojalá que este valioso comentario nos mueva a orar con Juan y la iglesia universal en el cielo y en la tierra: "Amén; sí, ven, Señor Jesús".

PREFACIO DEL AUTOR

 

Tyler, Texas
8 de mayo de 1986
Día de la asunción
 



Desde el mismo principio, los excéntricos y los chiflados han tratado de usar Apocalipsis para abogar por alguna nueva distorsión de aquella doctrinita que dice: ¡El cielo se está cayendo! Pero, como espero mostrar en esta exposición, en su lugar el Apocalipsis de Juan enseña  que los cristianos vencerán toda oposición por medio de la obra de Cristo Jesús. Mi estudio me ha convencido de que una verdadera comprensión de esta profecía debe estar basada en la correcta aplicación de cinco claves cruciales de interpretación:

 

1. Apocalipsis es el libro más "bíblico" de la Biblia. Juan cita cientos de pasajes del Antiguo Testamento, a menudo con alusiones sutiles a rituales religiosos poco conocidos del pueblo hebreo. Para entender Apocalipsis, necesitamos conocer nuestras Biblias al derecho y al revés. Una de las razones de por qué este comentario es tan extenso es que he tratado de explicar unos extensos antecedentes bíblicos comentando numerosas porciones de las Escrituras que arrojan luz sobre la profecía de Juan. También, he reimpreso, como Apéndice A, el excelente estudio de Philip Barrington sobre el simbolismo levítico en Apocalipsis.

2. Apocalipsis tiene un sistema de simbolismo.
Casi todo el mundo reconoce que Juan escribió su mensaje en símbolos. Pero el significado de esos símbolos no es para que los capte cualquiera. Hay una estructura sistemática en el simbolismo bíblico. Para entender Apocalipsis correctamente, debemos familiarizarnos con el "lenguaje" en que se escribió. Entre otras metas, este comentario se propone hacer que la Iglesia se acerque, dando por lo menos algunos pasos, a una verdadera Teología del Apocalipsis.

 

3. Apocalipsis es una profecía sobre sucesos inminentes. - Sucesos que estaban a punto de desencadenarse en el mundo del siglo primero. Apocalipsis no trata de una guerra nuclear, los viajes espaciales, o el fin del mundo. Una y otra vez, advierte específicamente que "el tiempo está cerca". Juan escribió su libro como una profecía de la destrucción inminente de Jerusalén en el año 70 d. C., mostrando que Jesucristo había entronizado el nuevo pacto y la nueva creación. Apocalipsis no puede entenderse a menos que este hecho fundamental se tome en serio.

 

4. Apocalipsis es un servicio de culto. Juan no escribió un libro de texto sobre profecía. En su lugar, registró un servicio de culto celestial en progreso. De hecho, una de sus principales preocupaciones es la de que el culto a Dios es lo central de todo en la vida. Es lo más importante que hacemos. Por esta razón, a través de todo este comentario, he dedicado atención especial a los muy considerables aspectos litúrgicos de Apocalipsis, y sus implicaciones para nuestros servicios de culto en la actualidad.

 

5. Apocalipsis es un libro sobre dominio. Apocalipsis no es un libro sobre cuán terrible es elaAnticristo, o cuán poderoso es el diablo. Como lo expresa el mismísimo primer versículo, es La revelación de Jesucristo. Nos habla de su señorío sobre todo; nos habla de nuestra salvación y nuestra victoria en el nuevo pacto, el "maravilloso plan de Dios para nuestras vidas"; nos dice que el reino de este mundo ha venido a ser el reino de nuestro Dios y de su Cristo; y nos dice que Él y su pueblo reinarán por siempre jamás.

Tengo que dar las gracias a mucha gente por haber hecho posible este libro. Primero, y de lo más importante, doy gracias al Dr. Gary North, sin cuya paciencia y considerable inversión financiera simplemente no habría sido posible escribirlo. Durante la semana en que me mudé a Tyler, Gary me llevó en una de sus periódicas giras de compra de libros a una gran librería de libros usados en Dallas. Mientras le ayudaba a acarrear al mostrador cientos de volúmenes cuidadosamente escogidos (yo también compré algunos libros - un par de ellos cada hora o algo as&iacutte;, sólo para mantenerme dentro del juego), Gary me preguntó en qué proyecto a largo plazo me gustaría trabajar, junto con mis otras obligaciones en el Instituto de Economía Cristiana. "¿Qué te parece un libro sobre Apocalipsis, de mediano tamaño, en estilo popular, a nivel introductorio, y fácil de leer?", sugerí. "Creo que podría sacar algo así como en tres meses". De eso hace, casi al día exacto, tres años y seis meses - o, como Gary se sentiría tentado a rezongar: Un tiempo, y tiempos, y el medio de un tiempo. Por fin, la tribulación ha terminado.

Por supuesto, este libro ha excedido vastamente su proyectado tamaño y alcance. Una parte no pequeña de esto se debe al Rev. James B. Jordan y al Rev. Ray Sutton, pastores de la Iglesia Presbiteriana Westminster de Tyler, Texas, que han influído grandemente en mi comprensión de las conexiones literarias  y simbólicas y las estructuras litúrgicas de la Biblia. El Rev. Ned Rutland, de la Iglesia Presbiteriana Westminster de Opelousas, Louisiana, leyó la primera versión de algunos capítulos y, con consumados tacto y gracia, me orientó hacia una dirección más bíblica. James M. Peters, el historiador residente de antigüedades y genio de las computadoras de Tyler, fue un rico tesoro de información sobre el mundo antiguo.

 

Hay otros que contribuyeron de varias maneras a la producción de este libro. La Sra. Maureen Peters y la Sra. Lynn Dwelle, secretarias de ICE, me ayudaron con muchos detalles técnicos y obtuvieron libros que se habían agotado; ellas han desarrollado la virtud de "andar la milla extra" hasta convertirla en arte refinado. El tipógrafo David Thoburn, un verdadero artista, trabajó largas horas más allá de su deber, resolviendo problemas poco comunes y asegurándose de la alta calidad y la legibilidad del libro. Ha confirmado abundantemente mi convicción de su superior habilidad. Su ayudante, la Sra. Sharon Nelson, fue una valiosa mediadora, que se aseguró de que nuestras computadoras permanecieran comunicadas entre sí. Los índices fueron preparados por Mitch Wright y Vern Crisler.

 

Uno de los más sobresalientes eruditos bíblicos de nuestro tiempo es el teólogo británico Gordon J. Wenham, del College of St. Paul and St. Mary, cuyos informados y bien escritos comentarios han dejado una marca significativa en el mundo evangélico. Mi primer contacto con el Dr. Wenham ocurrió el año pasado cuando, sin previo aviso, le envié una copia de mi libro Paradise Restored. Para mi gran y agradable sorpresa, me escribió dándome las gracias. Esto me animó (aunque no sin cierto grado de temor y temblor) a solicitarle sus comentarios sobre los borradores sin corregir de la presente obra. El Dr. Wenham, graciosamente, apartó tiempo valioso para leerlo, hacer sugerencias, y escribir un prólogo. Le agradezco su amabilidad. Naturalmente, él no puede ser responsable de los numerosos defectos de este libro.

 

Quizás este último punto deba ser subrayado. Este comentario no afirma en absoluto ser "la última palabra" sobre el tema; de hecho, si mi escatología es correcta, ¡a la Iglesia le quedan muchos años más para escribir muchas palabras más! Me siento grandemente endeudado con las importantes contribuciones de muchos otros comentaristas, especialmente Philip Barrington, Austin Farrer, J. Massyngberde Ford, Meredith G. Kline, J. Stuart Russell, Moses Stuart, Henry Barclay Swete, y Milton S. Terry. Espero haberles hecho justicia al construir sobre sus fundamentos. Y sin embargo, estoy dolorosamente consciente de que la tarea de comentar la magnífica profecía de Juan excede con mucho mi capacidad. Para las ocasiones en que he dejado de presentar adecuadamente el mensaje de Apocalipsis, ruego la indulgencia de mis hermanos y hermanas en Cristo, y deseo sinceramente sus comentarios y sus correcciones. Las cartas se me pueden dirigir a P. O. Box 2314, Placerville, CA 95667.

 

Mi amada esposa, Darlene, siempre ha sido mi mayor fuente de estímulo. Nuestros hijos (Nathan David, Jacob Israel, y Abigail Aviva) soportaron nuestro colectivo "exilio a Patmos" con verdadera gracia juanina (¡mezclada, quizás, con uno que otro estruendo de truenos boanergeanos también!); y si sus cuentos para dormir estuvieron de alguna manera llenos de más de la cuota acostumbrada de querubines, dragones, caballos voladores, y espadas llameantes, nunca se quejaron.

 

Finalmente, me siento agradecido a mis padres, el Rev. y la Sra. de Harold B. Chilton. Fui bendecido inmensurablemente al crecer en un hogar en el que la Palabra de Dios es tan altamente honrada, tan fielmente enseñada, tan verdaderamente vivida. El ambiente que ellos estructuraron estaba constantemente inundado de grandeza y riqueza musical, pues la atmósfera estaba cargada de acaloradas discusiones teológicas, todo en el contexto de cuidar al necesitado, dar abrigo al desamparado, dar de comer al hambriento, y llevar a todos el precioso mensaje del evangelio. Desde las calurosas selvas y arrozales de las Filipinas hasta los sombreados céspedes de California del Sur, ellos ponen delante de mí un ejemplo notable e inolvidable de lo que significa ser siervos del Señor. Algunos de mis primeros recuerdos son ver la fe de mis padres sometida a prueba más allá de lo que parecían ser los límites de la resistencia humana; y cuando Dios los hubo probado, salieron como el oro. Teniendo el testimonio de Jesús, soportando la pérdida de todas las cosas para ganar a Cristo, son lo que Juan nos exhorta a todos a ser: testigos fieles.

 

Este libro está dedicado a ellos.

PREFACIO DEL EDITOR
Gary North
 


Con Paradise Restored 1, su primer libro sobre escatología, David Chilton inició un reavivamiento escatológico. Una "revolución" sería una palabra demasiado fuerte, porque su punto de vista es antiguo: Data de la iglesia primitiva. Pero, de la noche a la mañana, Paradise Restored comenzó a influir en los dirigentes religiosos y los eruditos que habían creído que el caso bíblico para una victoria cultural estaba muerto - que era una reliquia del siglo diecinueve. Ahora viene The Days of Vengeance, una exposición, versículo por versículo, de Apocalipsis, el libro más difícil de la Biblia. Lo que fue generalizado en Paradise Restored, está ahora apoyado por capítulos y versículos - en realidad, muchos capítulos y versículos. Este libro se convertirá en el nuevo libro de referencia sobre el libro de Apocalipsis. Increíblemente, el estilo de Chilton es tan enérgico que pocos lectores notarán siquiera que el autor ha lanzado una bomba erudita. El mundo académico cristiano conservador se quedará sin habla; Chilton ofrece un notable desafío exegético a aquéllos que se aferran a las tradicionales escatologías rivales, que yo clasifico como pesi-milenialismo.

 

Este no es sólo otro aburrido comentario sobre Apocalipsis. Aunque fuera sólo eso, sería un suceso de grandes proporciones, porque la publicación de cualquier comentario conservador sobre Apocalipsis, que crea en la Biblia, es un suceso de grandes proporciones. El comentario milenialista de W. Hendrikson, More Than Conquerors, se publicó en 1940, y su tamaño es menos de la mitad de éste, y no de la misma estatura en términos de erudición bíblica. The Revelation of Jesus Christ, de John Walvoord, tiene ahora más de dos décadas, y también tiene la mitad del tamaño del de Chilton. A despecho de toda la fascinación con la profecía bíblica en el siglo veinte, los comentarios completos sobre éste, el más profético de los libros de la Biblia, son raros.

 

Siempre han sido raros. Pocos comentaristas se han atrevido a explicar el libro. Calvino enseñó acerca de todos los libros de la Biblia, salvo uno: Apocalipsis. Martín Lutero escribió como cien volúmenes de material - tanto o más que Calvino - pero no escribió un libro sobre Appocalipsis. Moses Stuart escribió un comentario grande a mediados del siglo diecinueve, pero está olvidado hoy día. El libro de Apocalipsis ha resistido todos los intentos anteriores de develar su secreto de secretos. Ahora David Chilton ha descubierto este secreto, esta clave largo tiempo perdida, que revela el código.

 

Esta clave largo tiempo ignorada es el Antiguo Testamento.

Antecedentes del Antiguo Testamento
"Muy gracioso", puede que usted se esté diciendo a sí mismo. Muy bien, lo admito: Es gracioso. Sí, pero no para reírse. Lo que Chilton hace es regresar una y otra vez al Antiguo Testamento para encontrarle sentido al marco de referencia del apóstol Juan. Esta técnica funciona. ¡Es la única técnica que funciona!

 

Los que nunca han trabajado personalmente con Chilton no pueden apreciar en seguida su detallado conocimiento de la Biblia, especialmente del Antiguo Testamento. Yo lo usé a él decenas de veces como mi concordancia personal. Él trabajaba en la oficina junto a la mía. Yo le gritaba: "¡Hey, David! ¿Sabes dónde puedo encontrar el pasaje sobre ...?" Le contaba por encima una historia bíblica, o le mencionaba algún versículo aislado que me sonaba en la memoria, y casi instantáneamente me decía el capítulo. Podía o no podía darme el versículo exacto; por lo general, estaba dentro de tres o cuatro versículos. Eso era siempre lo suficientemente cerca. Rara era la ocasión en que no podía ubicarlo; aún entonces, rebuscaba en su extensa biblioteca personal hasta que lo encontraba. Jamás le tomó mucho tiempo.

 

En este libro, él ha tomado esta notable memoria del Antiguo Testamento, y la ha fundido con una técnica interpretativa desarrollada por James Jordan en su libro Judges: God´s War Against Humanism (1985). 2 Jordan trabaja con decenas de símbolos del Antiguo Testamento, que ha extraído de las narraciones y descripciones históricas del tabernáculo y el templo. Luego aplica estos símbolos y modelos a otras historias bíblicas paralelas, incluyendo el relato del Nuevo Testamento sobre la vida de Cristo y la iglesia primitiva. Nadie hace esto mejor que Jordan, pero Chilton ha logrado aplicar esta hermenéutica bíblica (principio de interpretación) al libro de Apocalipsis de muchas maneras creativas. Chilton no es el primer expositor que hace esto, como lo revelan sus notas al pie de página y sus apéndices, pero es incuestionablemente el que lo hace mejor, de entre los que ha producido la iglesia cristiana, con respecto al Libro de Apocalipsis. Los relatos y símbolos antecedentes en el Antiguo Testamento dan sentido a los pasajes difíciles de Apocalipsis. Chilton explica las muchas conexiones entre el lenguaje simbólico y las referencias históricas entre el Antiguo Testamento y el Nuevo. He aquí por qué su comentario es tan fácil de leer, a pesar de la magnitud de lo que él ha logrado académicamente.

 

La pieza faltante: La estructura del pacto
Sin embargo, faltaba una pieza en el rompecabezas, y esto mantuvo el libro en la computadora de Chilton por un año más, por lo menos. Esa pieza faltante fue identificada en el otoño de 1985 por el pastor Ray Sutton. Sutton había sufrido serias quemaduras en un accidente de cocina, y su movilidad había quedado drásticamente reducida. Trabajaba en un manuscrito sobre el simbolismo de los sacramentos, cuando se le ocurrió una conexión crucial. La conexión fue proporcionada por la profesora del Seminario Westminster, Meredith G. Kline. Años atrás, Sutton había leído los estudios de la Profesora Kline sobre los antiguos tratados (reales) de señorío del antiguo Cercano Oriente. 3 Los reyes paganos celebraban pactos con sus vasallos. Kline había señalado que estos tratados eran paralelos con la estructura del libro de Deuteronomio. Tenían cinco puntos: (1) una identificación del rey; (2) los sucesos históricos que conducían al establecimiento del pacto; (3) las estipulaciones (términos) del pacto; (4) una advertencia de juicio contra cualquiera que desobedeciera, pero una promesa de bendición para los que sí obedecieran; y (5) un sistema para reconfirmar el tratado a la muerte del rey o del vasallo.

 

Kline desarrolló algunas de las implicaciones de este esquema de pacto. Sutton desarrolló muchas más. Estos notables y zapadores descubrimientos pueden encontrarse en su libro That You May Prosper (1987). 4 Pero, más importante, observó que esta estructura de pacto de cinco puntos gobierna a Salmos, Oseas, Mateo, Hebreos 8, y varias de las epístolas de Pablo. El desarrollo minucioso de la estructura de pacto por parte de Sutton debe ser considerado, por sí solo, como el más importante progreso teológico en el movimiento de reconstrucción cristiana desde la publicación de los Institutes of Biblical Law, de R. J. Rushdoony, en 1973. Después de que Sutton señaló esta estructura de pacto de cinco puntos, la reconocí en los Diez Mandamientos, justo antes de terminar mi comentario económico sobre los Diez Mandamientos.5

 

Sutton presentó su descubrimiento en una serie de estudios bíblicos los miércoles por la noche. La primera noche que Chilton lo oyó, se quedó estupefacto. Después del mensaje, se acercó a Sutton y le dijo que ésta era claramente la clave de la estructura de Apocalipsis. Había estado tratando de trabajar con un modelo de cuatro puntos, y se había quedado atascado por completo. Chilton regresó a trabajar, y en unas pocas semanas había restructurado el manuscrito. En algunos meses, lo había terminado, después de tres años y medio. (Tiempo, y tiempos, y el medio de un tiempo).

 

La teología Tyler
Estoy seguro de que The Days of Vengeance recibirá su parte de ridículo - de muchos grupos, por muchas razones. La brillantez retórica de Chilton hará arriesgado este enfoque para los críticos que impriman sus opiniones, pero las murmuraciones y maledicencias no publicadas se propagarán rápidamente. Chilton va a recibir mucho calor por sus incursiones en el simbolismo bíblico y su argumento de que la estructura de Apocalipsis es la misma que la de Deuteronomio. Lo que el lector debe entender desde el principio es que estas dos posiciones, aunque ejecutadas con gran destreza, se derivan de las obras de Kline, Jordan, y Sutton. Chilton no debería ser señalado como una especie de disidente teológico aislado que simplemente inventó sus hallazgos de la nada - o peor, en una habitación llena de humo de extraño olor. Él llegó a estas conclusiones mientras trabajaba con otros hombres en lo que se ha venido a conocer como "el grupo Tyler", ubicado en Tyler, Texas, una población de unos 75.000 habitantes en la parte este de Texas.

 

Para bien o para mal, este libro es un buen ejemplo de lo que ha venido a conocerse como la "teología Tyler". Esta teología es parte de una corriente mayor de pensamiento llamada Reconstrucción Cristiana, también llamada "teonomía", aunque algunos miembros de estas escuelas de pensamiento prefieren evitar estos términos. El término más amplio es "teología de dominio".

 

Hay mucha gente que se adhiere a la teología de dominio que no son teonomistas, y hay teonomistas que no son "tyleristas". En realidad, declaran en voz muy alta que son no Tyleristas. Hacen lo imposible para decirle a la gente hasta qué punto son no tyleristas. Casi han llegado al punto de definirse a sí mismos y definir a sus ministros como "no tyleristas". (Hay una escena en la vieja película de "Drácula" en que el profesor hace centellear un crucifijo delante de Bela Lugosi, el cual se hace a un lado inmediatamente y se cubre el rostro con su capa. Pienso en esta escena cada vez que pienso en estos hombres que hablan a otros sobre Tyler. Algún día, me gustaría hacer destellar delante de ellos un letrero de "Bienvenido a Tyler", sólo para ver qué sucede). Conozco a varios de ellos, que podrían estar dispuestos algún día a iniciar iglesias con nombres como "La Primera Iglesia No Tylerista de ..." Conozco a otro que piensa en su grupo como "El primer estudio bíblico no tylerista de las 11 A. M. los domingos por la mañana". Éstos, por lo tanto, no apreciarán el libro de Chilton. Lo culparán de adoptar ideas que han sido distribuídas desde la parte oriental de Texas. Aunque de otro modo podrían haber concordado con sus argumentos, están infectados con un caso serio de NDA - "No descubierto aquí" - una enfermedad común entre los inttelectuales.

 

Abreviando, es posible que ataquen The Days of Vengeance, cuando en realidad van tras Jordan y Sutton. Los lectores deben tener cuidado de esta posibilidad por adelantado. Hay en este libro más de lo que parece.

 

Dos cosas hacen a la teología Tyler única en el campo de la Reconstrucción Cristiana: (1) su fuerte acento sobre la iglesia, con la comunión semanal; (2) su uso reiterado del modelo de pacto de cinco puntos. La teología del pacto, especialmente el pacto de la iglesia, no ha sido el foco principal en los escritos de algunos de los líderes no Tyleristas del movimiento de Reconstrucción Cristiana. Hablando teológicamente, los originales "cuatro puntos del Reconstruccionismo Cristiano" que Chilton y yo hemos resumido -- providencia (soberanía de Dios), presuposicionalismo bíblico (apologética de Til: la Biblia es el punto de partida y la corte final de apelación), optimismo escatológico (post-milenialismo), y ley bíblica (teonomía) -- eran insuficientes. El quinto punto, aliancismo, y específicamente el modelo de cinco puntos de Sutton, fue añadido a finales de 1985 para completar el bosquejo teológico.6

 

The Days of Vengeance tiene que ver especialmente con la estructura de pacto en Apocalipsis y el enfoque histórico de sus pasajes de juicio. Si, como Chilton arguye tan brillantemente, estos pasajes de inminente condenación y tristeza se relacionan con la caída de Jerusalén en el año 70 d. C., entonces no hay forma legítima de construir un caso a favor de una gran tribulación en el futuro. Ha quedado muy atrás. En consecuencia, el libro de Apocalipsis no puede usarse legítimamente para reforzar el caso en favor del pesimismo escatológico. Muchos lectores rechazarán su tesis en este punto. Los que toman en serio la Biblia terminarán de leerlo antes de rechazar su tesis.

 

Pesimismo
La vasta mayoría de los cristianos han creído que las cosas empeorarán progresivamente en casi todas las áreas de la vida hasta que Jesús regrese con sus ángeles. Los pre-milenialistas creen que Jesús establecerá un reino terrenal visible, con Cristo a la cabeza y presente en cuerpo. Los amilenialistas no creen en ningún reino terrenal visible antes del juicio final. Creen que sólo la iglesia y las escuelas y familias cristianas representarán visiblemente el reino en la tierra, y que el mundo caerá más y más bajo el dominio de Satanás.7 Ambas escatologías enseñan la derrota terrenal de la iglesia de Cristo antes de su regreso físico con poder.

 

Un problema con esta perspectiva es que, cuando llegan las derrotas predecibles, los cristianos tienen un incentivo teológico para encogerse de hombros y decirse a sí mismos: "Así es la vida. Así es como Dios profetizó que ocurriría. Las cosas están empeorando". Leen los monótonos encabezamientos de los diarios, y piensan para sus adentros: "La Segunda Venida de Cristo está a las puertas". La fortaleza interior que la gente necesita para recuperarse de las derrotas externas normales de la vida es socavada por una teología que predica la inevitable derrota terrenal de la iglesia de Jesucristo. La gente piensa para sus adentros: "Si ni siquiera la santa iglesia de Dios puede triunfar, entonces, ¿cómo puedo yo esperar triunfar?" Por consiguiente, los cristianos se convierten en los cautivos psicológicos de los encabezamientos pesimistas diseñados para vender los periódicos.

 

Comienzan con una falsa suposición: la inevitable derrota en la historia de la iglesia de Cristo por las fuerzas terrenales de Satanás, a pesar del hecho de que Satanás fue mortalmente herido en el Calvario. Satanás no está "vivito y coleando en la tierra". Está vivo, pero no está bien. Argumentar en sentido contrario es argüir a favor de la impotencia histórica y la irrelevancia cultural de la obra de Cristo en el Calvario.

 

El reavivamiento del optimismo
Aunque las escatologías pesimistas han sido populares durante un siglo, siempre ha habido una teología alterna, una teología de dominio. Fue la fe reinante de los puritanos en esa primera generación (1630-1660), cuando comenzaron a sojuzgar el desierto de Nueva Inglaterra. Fue también la fe compartida en la época de la revolución norteamericana. Comenzó a apagarse bajo el ataque del pensamiento evolucionista darwiniano en la segunda mitad del siglo diecinueve. Desapareció casi por completo después de la Primera Guerra Mundial, pero hoy día está regresando rápidamente. Los libros de Chilton sobre escatología son ahora el manifiesto principal en este reavivamiento del optimismo teológico.

 

En la actualidad, el Movimiento de Reconstrucción Cristiana ha reclutado algunos de los mejores y más brillantes escritores jóvenes de los Estados Unidos. Simultáneamente, un gran cambio en la perspectiva escatológica está barriendo a través del movimiento carismático. Esta combinación de erudición rigurosa, disciplinada, enérgica, y orientada al dominio, con el entusiasmo y el gran número de carismáticos orientados hacia el dominio, ha creado un gran desafío para el familiar, tradicional y envejeciente protestantismo conservador, que está, sobre todo, orientado hacia el presente. Constituye lo que podría convertirse en el cambio teológico más importante en la historia de los Estados Unidos, no simplemente en este siglo, sino en la historia del país. Espero que esta transformación sea visible para el año 2000 - un año de considerable especulaci&ón escatológica.

 

Si estoy en lo correcto, y este cambio tiene lugar, Días de Retribución será estudiado por los historiadores como el principal documento fuente durante los dos o tres siglos siguientes.

 

 
Producir nuevos líderes:
 

La clave de la supervivencia

Puesto que el pesi-milenialismo no pudo ofrecer a los estudiantes una esperanza a largo plazo en sus futuros terrenales, ambas versiones han perdido culturalmente por incomparecencia. Este retiro de un compromiso cultural culminó durante los fatídicos años de 1965-1971. Cuando el mundo pasó por una revolución psicológica, cultural, e intelectual, ¿dónde estaban las respuestas cristianas concretas y específicas para los acuciantes problemas de aquella era turbulenta? Nada de importancia salió de los tradicionales seminarios. Fue como si sus miembros de facultad creyeran que el mundo jamás avanzaría más allá de puntos en disputa dominantes en 1952. (Ya en 1952, la mayoría de los profesores de seminario hablaban en murmullos). Los líderes del cristianismo tradicional perdieron la oportunidad de captar las mejores mentes de una generación. Se las consideraba como desordenadas y confusas. Había una razón para esto. Ellos estaban desordenados y confusos.

 

En la década de 1970, sólo dos grupos dentro de la comunidad cristiana se presentaron delante del público cristiano y anunciaron: "Tenemos las respuestas bíblicas".8 Estaban en extremos opuestos del espectro político: los teólogos de la liberación en la izquierda, y los reconstruccionistas cristianos en la derecha. La batalla entre estos grupos se ha intensificado desde entonces. El libro de Chilton, Productive Christians in an Age of Guilt-Manipulators (1981) [Cristianos productivos en una era de manipuladores de la culpa] 10  , es el solo documento más importante en esta confrontación teológica. Pero, del confundido centro, no ha habido ninguna respuesta bíblica clara para ninguna de estas dos posiciones.

 

El futuro del pesi-milenialismo se está erosionando. Al intensificarse las crisis sociales en el mundo, y al hacerse evidente que el protestantismo conservador tradicional todavía no tiene respuestas efectivas, específicas, y funcionales para las crisis de nuestros días, en la opinión cristiana probablemente tendrá lugar un cambio drástico y en la actualidad no anticipado - un suceso análogo al colapso de un dique. Habrá una revolución en la manera en que piensan millones de cristianos conservadores. Luego habrá una revolución en lo que hacen.

 

Los teólogos de la liberación no ganarán esta batalla por las mentes de los cristianos. Habrá un retroceso religioso contra la izquierda en una escala no vista en occidente desde la revolución bolchevique, y quizás desde la Revolución Francesa. En ese punto, sólo un grupo poseerá en reserva disponible un cuerpo de recursos intelectuales adecuado para contener la marejada del humanismo: los Reconstruccionistas cristianos, queremos decir, los que predican el dominio, y aún más específicamente, los que predican el dominio por medio del pacto. Con este fundamento intelectual, dada la existencia de las catastróficas condiciones culturales, económicas, y políticas, asumirán el liderazgo del protestantismo conservador. Los líderes protestantes existentes sospechan esto, y no les gustan las implicaciones. Sin embargo, no están dispuestos ni son capaces de hacer lo que es necesario para contrarrestar este acontecimiento. Específicamente, no están produciendo los recursos intelectuales para contrarrestar lo que los Reconstruccionistas cristianos están produciendo.

 

En vez de eso, hablan en murmullos. Esta táctica fallará.

Silenciando a los críticos
Por más de dos décadas, los críticos han reprendido a los reconstruccionistas cristianos con este refrán: "Ustedes no han producido ninguna exégesis bíblica para probar su posición en favor del optimismo escatológico". Luego vino el libro Paradise Restored [El paraíso restaurado] en 1985. Un silencio de muerte rodeó a los críticos anteriormente vociferantes. Ahora llega Days of Vengeance [Días de retribución]. El silencio será ahora ensordecedor. Sospecho que pocos críticos replicarán por escrito, au aunque, si rehusan replicar, habrán aceptado, por lo tanto, la validez del informe del médico forense: muerte por estrangulación (notas de pie de página atoradas en la garganta).

 

Bueno, puede que haya algunas revistas de libros escritas apresuradamente en diarios eruditos cristianos que no se leen. El profesor Lightner del Seminario de Dallas posiblemente escriba uno, como el bomboncito de una sola página que escribió sobre El Paraíso Restaurado, en el cual dijo, en efecto: "Vean, este hombre es post-milenista, y ustedes deben entender que nosotros, aquí en el Seminario de Dallas, ¡no lo somos!" 11 Puede que haya unas pocas y breves observaciones despectivas en libros populares en rústica sobre el insignificante y temporal reavivamiento de la teología del dominio a gran escala. Pero no habrá ningún intento existoso por parte de los eruditos líderes de los varios campos pesi-milenialistas para responder a Chilton. Hay una razón para esto: No pueden responder efectivamente. Como decimos en Tyler, simplemente no tienen los caballos. Si estoy errado sobre su incapacidad teológica, entonces veremos artículos largos y detallados mostrando por qué el libro de Chilton está completamente equivocado. Si no los vemos, podemos llegar sin peligro a la conclusión de que nuestros oponentes están en serios problemas. Para cubrir sus desnudos flancos, estarán tentados de ofrecer el familiar refrán: "No dignificaremos tales argumentos absurdos con una réplica pública".

 

Es decir, izarán la bandera blanca intelectual.

Los críticos de Chilton tendrán un problema con este enfoque silencioso, sin embargo. El problema es el Profesor Gordon Wenham, que escribió el prólogo. No hay probablemente ningún comentarista del Antiguo Testamento, creyente en la Biblia, más respetado en el mundo de habla inglesa. Su comentario sobre Levítico establece un alto patrón intelectual. Si Gordon Wenham dice que Days of Vengeance vale la pena ser considerado, entonces dejar de considerarlo sería un enorme error táctico de parte de los pesi-milenialistas.

 

Yo iré más lejos que Wenham. Este libro es un esfuerzo marcador de hitos, el más excelente comentario sobre Apocalipsis en la historia de la Iglesia. Ha establecido el modelo por: (1) su nivel de erudición, (2) sus novedosa penetraciones en cada página, y (3) su legibilidad. Esta singular combinación - de la cual casi no se oye hablar en los cccírculos académicos - deja a la oposición intelectual caasi indefensa. Puede que haya algunos especialistas académicos que responderán competentemente a éste o a aquel punto en Days of Vengeance, pero sus ensayos técnicos no serán leídos ampliamente, especialmente por el pastor o el laico promedio. Puede que haya también uno o dos teólogos que intenten responder extensamente (aunque lo dudo), pero sus confusas exposiciones les ganarán pocos seguidores nuevos. (Tengo en mente un erudito amilenialista en particular que es conocido por sus singulares penetraciones en simbolismo bíblico, pero cuyos escritos comunican sus ideas con la claridad de los rompecabezas mentales del Zen Budista o las conferencias de prensa de Alexander Haig).

 

Principalmente, se enfrentan al problema táctico de llamar la atención hacia este libro dentro de las herméticamente selladas filas de sus seguidores. Si sus seguidores alguna vez se sientan a leer The Days of Vengeance, el Reconstruccionismo cristiano se alzará con los mejores y más brillantes de entre ellos. ¿Por qué? Porque la esperanza terrenal es más fácil de vender que la derrota terrenal, al menos a los que no están contentos con aceptar su condición como perdedores históricos. Hoy día, muchos cristianos están cansados de perder. Aunque signifique comenzar a asumir su responsabilidad - y eso es precisamente lo que significa teología de dominio - un creciente grupo de cristianos brillantes y jóvenes están listos a pagar este precio con tal de dejar de perder. Por consiguiente, cualquier discusión extensa de este libro se convierte en un dispositivo de reclutamiento para el Reconstruccionismo cristiano. Demasiados lectores brillantes y jóvenes serán alertados a la existencia de la teología de dominio.

 

Nuestros opositores saben esto, así que yo no espero ver ningún esfuerzo sistemático para refutar a Chilton sobre escatología, más de lo que hemos visto un esfuerzo de la dimensión de un libro para refutar el libro de Greg Bahnsen, Theonomy in Christian Ethics (1977) 12  o Institutes of Biblical Law (1973), de R. J. Rushdoony. 13  Los críticos potenciales han tenido bastante tiempo; no han tenido bastantes respuestas definitivas. Creo que la razón es que el argumento de la Biblia para la continuación del modelo de ley bíblica es demasiado fuerte. Nuestros oponentes preferirían que permaneciéramos en silencio y dejáramos de hacer estas difíciles preguntas éticas. Nuestros oponentes están atrapados en un dilema de grandes proporciones. Si continúan sin responder, su silencio se convierte en una admisión pública de su derrota intelectual. Si responden, tenemos una oportunidad para replicar - y es en las réplicas donde siempre se anotan los puntos en un debate académico. Cuando usted deja de responder efectivamente a las réplicas, pierde el debate. Nuestros oponentes entienden las reglas del juego académico. No inician la confrontación.

 

Al mismo tiempo, necesitan nuestras penetraciones para encontrarles sentido por lo menos a ciertas partes de la Biblia. He visto copias de los Institutes de Rushdoony en venta en la librería del Seminario Teológico de Dallas. Necesitan las penetraciones de él sobre ley bíblica, pero no pueden manejar la teología que subyace en su libro. Simplemente lo descartan como algo que de alguna manera es sin importancia en tales puntos en disputa. Hacen como que él no ha presentado ningún desafío monumental a la ética dispensacional. 14  Hacen como que pueden usar con éxito su libro como una especie de obra neutral de referencia sobre las leyes de casos en el Antiguo Testamento, y también de alguna manera evitar perder sus más vigorosos estudiantes al movimiento de reconstrucción cristiano. La carrera del pastor Ray Sutton (graduado del Seminario Teológico de Dallas) indica que han cometido un error.

 

En un ensayo escrito en estilo popular para un auditorio no cristiano, dos autores fundamentalistas insistían en que, aunque las penetraciones de R. J. Rushdoony sobre educación y política son usadas por los fundamentalistas, ellos no toman en serio sus puntos de vista sobre el reino. Cuando sus escuelas cristianas son llevadas a los tribunales por algún arrogante procurador general estatal, ellos llaman a Rushdoony para que testifique en su defensa. Esto ha estado sucediendo desde mediados de la década de 1970. Lo necesitan. Saben que lo necesitan. Y sin embargo, sus dos críticos fundamentalistas siguieron diciendo que apenas hay alguien en el mundo que tome en serio sus puntos de vista sobre el reino. "Por fortuna, podemos decir con confianza que él representa un grupo muy pequeño, absolutamente sin ninguna oportunidad de cumplir su agenda". 15

 

En términos de números, estaban en lo cierto: El movimiento de Reconstrucción Cristiana es pequeño. En términos de jóvenes que pueden escribir y hablar y ocupar posiciones de liderazgo, los dos autores estaban silbando al lado del cementerio - el de su propio movimiento. Si los tradicionales dirigentes fundamentalistas pesi-milenialistas tuvieran realmente las respuestas académicas para los actuales problemas en la vida social, económica, y política, no estarían bebiendo del pozo del Reconstruccionismo Cristiano. Pero lo están. No tienen otro lugar a dónde ir.

 

Yo no espero ver The Days of Vengeance en venta en la librería del Seminario Teológico de Dallas. No espero verlo en ninguna lista de lectura recomendada en ningún seminario dispensacionalista tradicional. Si este libro circula ampliamente entre los miembros de la siguiente generación de pastores dispensacionalistas, habrá una fuerte ruptura en el liderazgo dentro del dispensacionalismo. Los mejores y los más brillantes estarán ausentes. Si los estudiantes del Seminario de Dallas lo leen, y también leen Paradise Restored, los profesores de Dallas serán sometidos a fuertes preguntas, como nunca las han oído desde que esa escuela fue fundada. (Si los estudiantes también leen That You May Prosper, de Sutton, la facultad tendrá en sus manos una revolución teológica). La facultad no está a las puertas de conseguirse este tipo de problema a corto plazo, aunque a la larga esta conspiración del silencio le costará cara al dispensacionalismo. Probablemente, estos libros no se venderán tampoco en el Grace Theological Seminary. Y, sólo para quede constancia, permítaseme pronosticar que usted no verá los libros de Chilton recomendados en seminarios no dispensacionalistas tampoco, por las mismas razones: Son demasiado calientes para manejarlos.

 

Seré perfectamente claro: Si los miembros de facultad de cualquier institución que se llame a sí misma seminario teológico creyente en la Biblia no pueden correr el riesgo de asignar a sus propios graduandos Paradise Restored, de Chilton, That You May Prosper, de Sutton, y By This Standard, de Bahnsen - tres libros cortos, de fácil lectura, y con el mínimo número de notas de pie de página - porque temen perturbar el pensamiento de sus estudiantes, o porque ellos mismos no están listos para proporcionar respuestas para las inevitables preguntas de sus estudiantes, entonces esa facultad ha izado la bandera blanca a los reconstruccionistas cristianos. Significa que los reconstruccionistas han ganado la pelea teológica.

 

Ya les estamos quitando algunos de sus jóvenes más brillantes, y lo estamos haciendo de manera regular. Ellos leen nuestros libros secretamente, y están esperando que sus instructores digan algo en respuesta. Sus instructores se están ocultando. Están ocupados en el juego infantil de "hagamos como si". "Hagamos como si estos libros jamás hubiesen sido publicados. Hagamos como si ellos no estuvieran llevándose nuestros estudiantes más brillantes. Hagamos como si esta marea de boletines de Tyler, Texas, no existiera. Hagamos como si el reconstruccionismo cristiano fuera a desaparecer pronto. Hagamos como si alguien más fuera a escribir un libro que les conteste, y ese libro fuera a ser publicado a principios del próximo año". Esta estrategia está resultando contraproducente por todo el país. Los reconstruccionistas cristianos poseen las listas de correo que lo prueban. Cuando los profesores del seminario juegan un gigantesco juego de "hagamos como si", es sólo cuestión de tiempo.

 

Francamente, es altamente dudoso que el miembro de facultad promedio del típico seminario creyente en la Biblia esté listo para asignar a los adolescentes mi corto libro en rústica 75 Bible Questions Your Instructors Pray You Won´t Ask (1984) [75 Preguntas bíblicas que sus instructores ruegan que Uds. no les hagan]. 16  Esto es por lo que yo estoy seguro de que el prevaleciente conservadorismo teológico está a punto de ser eliminado. Las facultades de seminario que necesitan estar a la ofensiva contra una civilización humanista no son capaces ni siquiera de defender sus propias posiciones de libros cristianos en rústica baratos, no ya de reemplazar un orden humanista atrincherado.

 

Lo diré tan francamente como me es posible: Nuestros oponentes escatológicos no nos atacarán por medio de la letra impresa, excepto en raras ocasiones. Saben que les responderemos del mismo modo, y que en ese punto estarán atorados. Quieren evitar esta azarosa situación a cualquier costo - aún al de ver sus jóvenes más brillantes unirse al movimiento de Reconstrucción Cristiana. Cara, nosotros ganamos; sello, nosotros ganamos.

 

Tradicionalistas indefensos
Si cualquier movimiento encuentra que está siendo confrontado por oponentes celosos que están montando una campaña a gran escala, es suicida sentarse y no hacer nada. Es casi igualmente suicida hacer algo estúpido. Lo que generalmente sucede es que los líderes de movimientos cómodos, complacientes, e intelectualmente blandengues no hacen nada por demasiado tiempo, y luego, llenos de pánico, salen apresuradamente y hacen una serie de cosas estúpidas, comenzando con la publicación de artículos o libros que son visiblemente ineficaces a los ojos de hombres más jóvenes que de otro modo se convertirían en los futuros líderes del movimiento.

 

La táctica más importante que los líderes existentes pueden adoptar es un programa para convencer a los futuros líderes del movimiento de que éste tiene la visión, el programa, y los primeros principios para derrotar a todos sus enemigos. Para ser convincente, esta táctica requiere evidencia de tal superioridad. En la actualidad, esa evidencia está ausente en los grupos pesi-milenialistas tradicionales. Comienzan con la presuposición de que Dios no ha dado a su iglesia la visión, el programa, y los primeros principios para derrotar a los enemigos de Dios, aún con la victoria de Cristo sobre Satanás en el Calvario como el fundamento del ministerio de la iglesia.

 

Los pesi-milenialistas tradicionales han lanzado un llamado de trompeta: "Vengan y únanse a nosotros, que somos perdedores históricos". Han construido sus instituciones atrayendo gente que está contenta con continuar siendo perdedores históricos (antes de la segunda venida).

 

Entiéndase que estoy hablando del pesi-milenialismo tradicional. Al cambiar el clima de la opinión cristiana, encontramos que están apareciendo pre-milenialistas y amilenialistas más jóvenes, más vigorosos, y orientados a la acción. Esto continuará. Ellos insisten en que pueden ser optimistas del reino y activistas sociales, también. Insisten en ser llamados miembros del movimiento de teología de dominio. Yo no veo ninguna evidencia de que han estado dispuestos a publicar sus puntos de vista sobre cómo sus escatologías son conformables al optimismo terrenal, de la "Era de la Iglesia", pero me alegro de verlos subir a bordo del buen barco del Dominio. Sin embargo, lo que tengo que señalar es que ningún optimismo como ese es visible todavía en todos los seminarios y en las grandes casas publicadoras. Los pesimistas tradicionales todavía administran estas instituciones. Esto va a cambiar eventualmente, pero probablemente se necesitarán décadas.

 

El optimismo escatológico es el primer paso en el viaje de mucha gente hacia la teología de dominio. Es por esto por lo que los líderes con puntos de vista más tradicionales están tan alterados. Reconocen ese primer paso por lo que es: el fin del camino para el pesi-milenialismo.

 

Dispensacionalismo
Lo que la mayoría de la gente no entiende es que no ha habido un comentario dispensacional de importancia sobre el Apocalipsis desde The Revelation of Jesus Christ, de John Walvoord, que fue publicado en 1966 por Moody Press y reimpreso repetidamente. Aún más significativamente, no había habido un comentario dispensacional de importancia sobre Apocalipsis antes del libro de Walvoord. Entendámonos. El comentario de Walvoord apareció 96 años antes después de Jesus Is Coming, de W. E. B., el libro que lanzó la fase popular del dispensacionalismo en los Estados Unidos. Apareció más de medio siglo después de la Schofield Reference Bible (1909). Resumiendo, la exégesis que se supone prueba el argumento en favor del dispensacionalismo llegó a la zaga de la historia del movimiento dispensacionalista, justo por el tiempo en que R. J. Rushdoony hizo publicar sus primeros libros sociales y orientados a la ley. Los dispensacionalistas podían señalar sólo un puñado de libros con títulos como Lectures on Revelation o Notes on Revelation. Para abreviar, trocitos de Apocalipsis, pero nada definitivo - no después de más de un siglo de dispensacionalismo pre-milenista. La bibliografía en el libro de Walvoord lista  un pequeño número de comentarios explícitamente dispensacionalistas sobre este libro de la Biblia, por encima de todos los demás, que nosotros esperaríamos que los dispensacionalistas hubiesen dominado, verso por verso.

 

Cualquiera que sea la conclusión a que lleguemos sobre la historia del dispensacionalismo, su amplia popularidad tuvo muy poco que ver con cualquier exposición sistemática del libro que los dispensacionalistas afirman es el más lleno de profecías en la Biblia. De hecho, el dispensacionalista promedio probablemente no posee, ni ha leído, y nunca ha oído hablar, de un solo comentario dispensacionalista sobre el libro de Apocalipsis. Además, es dudoso que su pastor conozca alguno, aparte del de Walvoord, que es como la mitad del de Chilton.

 

En contraste, la publicación de los dos libros de Chilton sobre escatología, junto con Thy Kingdom Come (1970), el libro mucho menos exegético de Rushdoony, en las primeras etapas del movimiento de reconstrucción cristiana pone la exégesis fundacional al principio, donde corresponde. Ahora tenemos el respaldo de la obra exegética básica. Los dos primeros libros escatológicos de Chilton son seminales, no definitivos. Él y otros continuarán construyendo sobre este fundamento. Si no continúan construyendo, entonces el movimiento está muerto. Cualquier movimiento que se especialice en reimprimir "clásicos" y no produzca nuevo material  que abra nuevos senderos está muerto. Nuestros opositores aprenderán pronto que este movimiento no está muerto. Apenas hemos comenzado a publicar.

 

El punto es que es importante echar el fundamento temprano si nos proponemos reconstruir la civilización. Esto es lo que los dispensacionalistas no hicieron, de 1830-1966, quizás porque nunca se propusieron cambiar la civilización. Sólo se proponían escapar de lo que consideraban como las características más desagradables de la civilización moderna, cosas tales como el licor, el cine, y los bailes sociales. (He dicho a menudo que si los anti-abortistas difundieran el rumor de que el abortista local daba un vaso de cerveza a cada mujer para calmarle los nervios después del aborto, la mitad de los fundamentalistas del pueblo estarían en las filas de los manifestantes en frente de su oficina dentro de una semana).

 

Amilenialismo
Los protestantes amilenialistas, que son principalmente miembros de iglesias holandesas o luteranas, o iglesias influidas por la teología europea continental, tienen una tradición académica mucho más fuerte. Esta tradición se remonta hasta Agustín. Chilton extrae material de estas tradiciones amilenialistas al explicar las imágenes bíblicas. Sin embargo, Chilton ha demostrado que estas imágenes pueden entenderse dentro de un marco de progreso cristiano histórico mucho mejor que dentro de un marco que supone una creciente derrota histórica a manos de los quebrantadores del pacto.

 

El mensaje fundamental de la escatología bíblica es la victoria, en el tiempo y en la tierra (en la historia) - una victoria abarcante, no simplemente unnna especie de victoria psicológicamente interna, de "sonrisas en nuestros rostros, gozo en nuestros corazones". En breve, Chilton usa efectivamente las contribuciones eruditas de ellos, pero no por eso se convierte en dependiente de las presuposiciones escatológicas subyacentes de ellos. (Nuevamente, tengo en mente a un teólogo anónimo previamente mencionado, cuya respuesta a todo esto es fácilmente predecible: mucho más silencio de piedra. La discreción es la mejor parte del valor. Fue refutado completamente por otro reconstruccionista sobre un tema relacionado, así que es comprensible que sea un poquito cauteloso).

 

El hecho es que las iglesias amilenialistas no se distinguen por sus programas de evangelismo. (Los que usan los materiales de explosión evangelística de la Iglesia Presbiteriana de Coral Ridge son excepciones a esta regla). Estas iglesias no han salido a la arena teológica, desafiando a los humanistas, ni a nadie más. Los miembros ven a sus iglesias como acciones de sostén, como fortalezas defensivas, o como puertos en la tormenta cultural. Simplemente, estas iglesias no están a la ofensiva. No esperan conseguir nada culturalmente. Tampoco esperan ver una oleada de conversos. Probablemente, no perderán mucha gente al Reconstruccionismo Cristiano en un futuro cercano. La lenta erosión hacia el liberalismo, el modernismo, y la teología de la liberación continuará molestándolos, como lo ha hecho en el pasado, pero no habrá deserciones de importancia. Tampoco habrá ninguna victoria de importancia. Continuarán siendo puestos de avanzada espirituales y defensivos en la mitad de un momento decisivo en la historia mundial.

 

Pre-milenialismo histórico
No hay ningún pre-milenismo histórico (no dispensacional), institucionalmente hablando. Los pre-milenialistas históricos están dispersos en iglesias dominadas bien por pre-milenialistas dispensacionales o amilenialistas. El seminario teológico del pacto sí existe, pero sus graduados son absorbidos eclesiásticamente por iglesias que oficialmente son neutrales escatológicamente, o sea, iglesias manejadas por amilenialistas. El pre-milenialismo histórico no ha sido una fuerza teológica separada en este siglo.

 

Conclusión

David Chilton nos ha proporcionado una obra maestra. Ha compuesto un epitafio:

Pesi-milenialismo
71 D.C. - 1987 D. C.
"¡Predicamos la derrota, y la obtuvimos!"
Estoy arrojando el guante a los opositores del movimiento de Reconstrucción Cristiano. Estoy retando a todos, y lo estoy haciendo de manera inteligente: "Que combatan ustedes y Chilton". Además, "Que peleen ustedes y Bahnsen". Si alguien quiere pelear conmigo, encenderé mi procesadora de palabras y dispararé mi mejor tiro, pero yo soy un tipo tan dulce e inofensivo que no espero que nadie malgaste su tiempo tratando de derrotarme. Pero es mejor que alguien en cada uno de los campos pesi-milenialistas rivales comience a producir respuestas para lo que los Reconstruccionistas Cristianos ya han escrito. Específicamente, es mejor que alguien esté preparado para escribir un comentario sobre Apocalipsis mejor que The Days of Vengeance. Me siento confiado de que nadie podrá hacerlo.

 

Desde este momento en adelante, sólo habrá tres clases de comentarios sobre el libro de Apocalipsis:

Los que tratan de expandir el de Chilton
Los que tratan de refutar el de Chilton
Los que hacen como si no existiese ningún comentario de Chilton

Tyler, Texas
Diciembre 17, 1986

 



Notas:

1. David Chilton, Paradise Restored: A Biblical Theology of Dominion (Ft. Worth: Dominion Press, 1985).

2. Tyler, Texas; Geneva Ministries, 1985.

3. Kline, Treaty of the Great King (Grand Rapids: Eerdmans, 1963); reimpreso en parte en su libro posterior, The Structure of Biblical Authority (Grand Rapids; Eerdmans, 1972).

4. Ray R. Sutton, That You May Prosper: Dominion By Covenant (Tyler, Texas: Institute for Christian Economics, 1987).

5. Gary North, The Sinai Strategy: Economics and the Ten Commandments (Tyler, Texas: Institute for Christian Economics, 1986).

6. Gary North and David Chilton, "Apologetics and Strategy", Christianity and Civilization, 3 (1983), pp. 107-116.

7. Gary North, Dominion and Common Grace (Tyler, Texas: Institute for Christian Economics, 1987), especialmente el capítulo 5.

8. Desde 1965, Francis Schaeffer había estado anunciando que la civilización humanista es un cascarón vacío, y que no tiene futuro terrenal. Repetía una y otra vez que el cristianismo tenía las preguntas que el humanismo no podía contestar. El problema era que, como pre-milenialista calvinista, él no creía que ninguna respuesta específicamente cristiana podría jamás implementarse antes de la segunda venida de Cristo. No dedicó mucho espacio en sus libros a proporcionar respuestas cristianas específicas para las preguntas cristianas que él suscitó para desafiar a la civilización humanista. Hizo excelentes preguntas culturales; ofreció pocas respuestas específicamente cristianas. Había razones para esto: Chilton y North, op. cit.

9. En los círculos altamente restringidos del calvinismo amilenialista, apareció un movimiento de corta duración de los eruditos holandeses en Norteamérica  en 1965-1975, la escuela de "la idea cosmonómica", también conocida como la de los neo-Dooyeweerdianos, llamados así en honor de Herman Dooyeweerd, el erudito legal y filósofo holandés. Causaron poca impresión fuera de la comunidad holandesa en Norteamérica, y desde entonces han desaparecido en la oscuridad. A comienzos de la década de 1960, sus precursores  habían sido más conservadores, pero después de 1965, demasiados de ellos se convirtieron en compañeros de viaje ideológicos de los teólogos de la liberación. No pudieron competir con el radicalismo de línea dura representado por Sojourners y The Other Side, y se desvanecieron.

10. David Chilton, Productive Christians in an Age of Guilt-Manipulators: A Biblical Response to Ronald J. Sider (4ta. edic.; Tyler, Texas: Institute for Christian Economics, 1986).

11. Bibliotheca Sacra (Abril-Junio 1986).

12. 2da. edición. Publicada por Presbiteriana y Reformada, Phillipsburg, New Jersey.

13. Nutley, New Jersey: Craig Press, 1973.

14. El único intento de las dimensiones de un libro de cualquier erudito dispensacionalista para refutar a los teonomistas es una disertación doctoral no publicada del Seminario Teológico de Dallas: Hermeneutical Prolegomena to Premillenial Social Ethics (1982), de Ramesh Paul Richard. No se ha publicado, ni siquiera en forma revisada. Se comprende por qué: es un título terrible. Peor aún, la disertación cede demasiado terreno teológico a los teonomistas. Esto indica la crisis que enfrenta el dispensacionalismo en la actualidad.

15. Ed Dobson y Ed Hindson, "Apocalypse Now?" Policy Review (Oct. 1986), p. 20.

16. Publicado por Spurgeon Press. P. O. Box 7999, Tyler, Texas 75711.

Introducción

Autor y Fecha

Aunque la identidad del autor ha sido objeto de mucho debate, en realidad no hay razón para dudar de que es el mismo Juan que escribió el cuarto evangelio, como lo afirma el testimonio virtualmente unánime de la iglesia primitiva. Se identifica a sí mismo simplemente como "Juan" (1:1, 4,9; 21:2; 22:8), aparentemente suponiendo que sería reconocido por su auditorio del siglo primero basándose en su nombre solamente; y escribe con un estilo autorizado, "apostólico", no para individuos solamente, sino para la iglesia. Tomando en cuenta el gobierno altamente organizado de la iglesia, que existió desde su comienzo, es improbable que nadie pudiese haber escrito de esta manera, salvo un apóstol reconocido. 1 Además, hay numerosos puntos de semejanza entre el Apocalipsis y el evangelio de Juan. Hasta un vistazo superficial revela varias expresiones (por ejemplo, Cordero de Dios, Verbo, y testigo), que son comunes solamente al evangelio de Juan y a Apocalipsis; ningún otro escritor del Nuevo Testamento usa estos términos de la misma manera. 2 Austin Farrer 3 llama la atención a cierto número de similitudes de estilo entre el evangelio y Apocalipsis: Ambos libros están dispuestos en series de "sietes"; 4 ambos están estructurados en términos de la liturgia bíblica/celestial y el calendario festivo; y ambos libros usan números en un sentido simbólico que trasciende su significado literal (esto es obvio en Apocalipsis; comp. Juan 2:6; 19-20; 5:2,5; 6:7,9,13; 8:57; 13:38; 9:14,23; 21:11,14,15-17).

 

Hay varias indicaciones bíblicas de que Juan era sacerdote, y hasta de que procedía de la familia del sumo sacerdote. Probablemente su nombre era común en esa familia (comp. Hechos 4:6; contrástese con Lucas 1:61). Juan mismo nos habla de su estrecha relación con el sumo sacerdote: Por eso, en una ocasión extremadamente sensitiva, pudo tener acceso al patio del sumo sacerdote, usando su influencia con la guardia para conseguir entrada para Pedro también (Juan 18:15-16). Además, numerosas referencias tanto en el evangelio como en Apocalipsis revelan la desusada familiaridad de los autores de ambos libros con los detalles del servicio del templo. Como observó Alfred Edersheim, "los otros escritores del Nuevo Testamento se refieren a ellos en sus narraciones, o explican sus tipos, en un lenguaje que cualquier adorador bien informado en Jerusalén podría haber empleado. Pero Juan no escribe como un israelita ordinario. Tiene ojos y oídos para detalles que otros habrían pasado por alto....

 

"En efecto, el Apocalipsis, como un todo, puede asemejarse a los servicios del Templo en el hecho de que mezcla los servicios proféticos con el culto y la alabanza. Pero es especialmente notable que las referencias al Templo, que abundan en el libro de Apocalipsis, tienen que ver con minucias, que un escritor que no hubiese estado tan familiarizado con tales detalles, como sólo el contacto personal y el compromiso con ellos podría haberlo permitido, apenas hubiese notado, y ciertamente no habría empleado como parte de sus imágenes. Ocurren de manera natural, espontáneamente, y tan inesperadamente que el lector está en peligro a veces de pasarlos por alto por completo; y en lenguaje que emplearía  un profesional, y que vendría a él como resultado del ejercicio anterior de su llamado. En efecto, algunas de las más llamativas de estas referencias no podrían haber sido entendidas en absoluto sin los tratados profesionales de los rabinos sobre el Templo y sus servicios. Sólo la estudiada minuciosidad de las descripciones rabínicas, derivadas de la tradición de los testigos, no deja la misma impresión que las no estudiadas ilustraciones de Juan". 6

 

"Parece altamente improbable que un libro tan lleno de alusiones litúrgicas al libro de Apocalipsis - y éstas, muchas de ellas, no a punnttos grandes o importantes, sino a minucias - haya sido escrito por alguien que no fuera un sacerdote, alguien que en alguna ocasión no hubiera podido participar de un verdadero servicio en el Templo mismo, y así llegara a familiarizarse tanto con sus detalles, que venían a él de manera natural, como parte de las imágenes que empleaba." 7

 

En relación con esto, Edersheim trae a colación un punto que es más importante para nuestra interpretación que el tema en debate de la autoría humana de Apocalipsis (porque, en fin de cuentas, [véase Juan 1:1] este libro es la revelación de Jesucristo). La íntima familiaridad de Juan con los minuciosos detalles del culto en el templo sugiere que "el libro de Apocalipsis y el cuarto Evangelio deben haber sido escritos antes de que los servicios del templo hubiesen cesado efectivamente".8 Aunque algunos eruditos han aceptado sin criticarla la afirmación de Ireneo (120-202 d.C.) de que la profecía apareció "hacia el fin del reinado de Domiciano" (es decir, alrededor del año 96 d. C.), hay considerable lugar para dudar del significado preciso (puede que haya querido decir que el apóstol Juan mismo "fue visto" por otros). 10 El lenguaje de Ireneo es algo ambiguo; y, sin importar de qué estaba hablando, pudo haberse equivocado. 11  (Dicho sea de paso, Ireneo es la única fuente para la fecha tardía de Apocalipsis; todas las otras "fuentes" simplemente lo citan a él. Por lo tanto, es más bien calculador por parte de los comentaristas afirmar, como lo hace Swete, que "la tradición cristiana primitiva sitúa a Apocalipsis, casi unánimemente, en los últimos años de Domiciano").12  Ciertamente, hay otros escritores primitivos cuyas afirmaciones indican que Juan escribió el Apocalipsis mucho antes, bajo la persecución de Nerón. 13

 

Mucho de la moderna presunción a favor de la fecha domiciánica se basa en la creencia de que bajo su reinado tuvo lugar una grande y sostenida persecución y matanza de cristianos. Esta creencia, tan querida como es, no parece estar basada en absoluto en ninguna fuerte evidencia. Aunque no hay duda de que Domiciano era un tirano cruel y malvado (he venido a enterrar un mito sobre César, no a alabarle), hasta el siglo quinto ningún historiador hizo ninguna mención de una supuesta persecución extendida de los cristianos por su gobierno. Es cierto que desterró temporalmente a algunos cristianos; pero éstos fueron llamados de vuelta eventualmente. Robinson observa: "Cuando esta purga limitada y selectiva, en la cual con seguridad ningún cristiano fue muerto, se compara con la matanza de criastianos a manos de Nerón, en relación con la cual dos testigos primitivos y completamente independientes hablan de 'inmensas multitudes'; 14  es asombroso que los comentaristas hayan sido guiados por Ireneo, que ni siquiera menciona una persecución, para preferir un contexto domiciánico para el libro de Apocalipsis". 15

 

Por lo tanto, nuestro camino más seguro debe ser estudiar el Apocalipsis mismo para ver qué evidencia interna ofrece en relación con su fecha. Como veremos a través de este comentario, el libro de Apocalipsis es principalmente una profecía de la destrucción de Jerusalén por los Romanos. Por sí solo, este hecho coloca a la autoría de Juan en algún momento antes de septiembre del año 70 d.C. Además, como veremos, Juan habla de César Nerón como todavía en el trono - y Nerón murió en junio del aaño 68.

 

Más importante que cualquiera de estos hechos, sin embargo, es el hecho de que tenemos una enseñanza a priori en las Escrituras mismas de que toda la revelación terminó como en el año 70 d. C. El ángel Gabriel le dijo a Daniel que las "setenta semanas" habrían de terminar con la destrucción de Jerusalén (Dan. 9:24-27); y que ese período serviría también para "sellar la visión y la profecía" (Dan. 9:24). En otras palabras, la revelación especial acabaría - sería "sellada" - para el tiempo eenn que Jerusalén sería destruida. El canon de las Sagradas Escrituras se completó por entero antes de la caída de Jerusalén. 16 Atanasio interpretó las palabras de Daniel de la misma manera: "¿Cuándo cesaron en Israel los profetas y las visiones? ¿No fue cuando vino Cristo, el Santísimo? Es, de hecho, una señal y una prueba notable de la venida del Verbo que Jerusalén ya no está en pie, ni se suscitan profetas, ni se revelan visiones entre ellos. Y es natural que sea así, porque cuando el que habría de venir vino, ¿qué más necesidad había todavía de nada para significarlo? Y cuando la Verdad había llegado, ¿qué más necesidad había de la sombra? Sólo a cuenta de Él profetizaban continuamente, hasta el tiempo en que hubiese venido la Justicia Esencial, el que había efectuado el rescate por los pecados de todos. Por la misma razón, Jerusalén permaneció hasta el mismo tiempo, para que los hombres pudieran premeditar los tipos antes de que viniera la Verdad. Así que, por supuesto, una vez que el Santo de los Santos había venido, tanto la visión como la profecía fueron sellados. Y el reino de Jerusalén cesó al mismo tiempo, porque los reyes de Jerusalén habían de ser ungidos entre ellos solamente hasta que el Santo de los Santos fuera ungido....

 

"El hecho simple es, como digo, que ya no hay ningún rey, ni profeta, ni Jerusalén, ni sacrificio, ni visión, entre ellos; y sin embargo, la tierra entera está llena del conocimiento de Dios, 17  y los gentiles, renunciando al ateísmo, ahora están buscando refugio en el Dios de Abraham por medio del Verbo, nuestro Señor Jesucristo". 18

 

La muerte, resurrección, y ascensión de Cristo marcaron el fin del antiguo pacto y el principio del nuevo; los apóstoles fueron comisionados para entregar el mensaje de Cristo en la forma del Nuevo Testamento; y cuando hubieron terminado, Dios envió a los edomitas y a los ejércitos romanos para destruir por completo los últimos símbolos que quedaban del Antiguo pacto: el Templo y la Santa Ciudad. Por sí solo, este hecho es suficiente para establecer que Apocalipsis debe haber sido escrito antes del año 70 d. C. El libro mismo da abundante testimonio en relación con su fecha; pero, aún más, la naturaleza del Nuevo Testamento como la Palabra Final de Dios nos lo dice. La muerte de Cristo a manos de los hijos apóstatas de Israel selló su suerte: El Reino les sería quitado (Mat. 21:33-43). Aunque la ira se colmó "al extremo" (1 Tesa. 2:16), Dios detuvo su mano de juicio hasta que se escribiera el documento del Nuevo pacto. Habiendo hecho esto, Él terminó dramáticamente el reino de Israel, borrando la generación perseguidora (Mat. 23:34-36; 24:34; Luc. 11:49-51). La destrucción de Jerusalén fue el último trompetazo, dando la señal para que se consumara el misterio de Dios (Apoc. 10:7). No habría más escritos canónicos una vez que Israel hubiese desaparecido.

 

Destinatario
Desde su exilio en la isla de Patmos, Juan dirigió el Apocalipsis a las iglesias de las siete ciudades principales de Asia Menor. Estas siete ciudades, conectadas por una carretera semicircular a través del interior de la provincia, servían como estaciones postales para sus distritos. "Así, un mensajero de Patmos llegaba a Éfeso, viajaba al norte a través de Esmirna y hasta Pérgamo, y de allí al sureste a través de las otras cuatro ciudades, dejando una copia del libro en cada una para que de allí circulara de modo secundario en su distrito. Por supuesto, el número 'siete' se usa constantemente en el simbolismo del libro de Apocalipsis, pero no debemos permitir que este hecho oscurezca la circunstancia de que el libro está dirigido a siete iglesias reales en ciudades situadas idealmente para servir como puntos de distribución". 19

 

Asia Menor era un destino significativo por dos razones: Primero, después de la caída de Jerusalén, la provincia de Asia se convertiría en el centro más influyente del cristianismo en el Imperio Romano: "La provincia de Asia surgió como el área en que el cristianismo era más fuerte, con Éfeso como su punto radial". 20  Segundo, Asia era el centro del culto de adoración a César. "Inscripción tras inscripción testifica de la lealtad de las ciudades hacia el Imperio. En Éfeso, en Esmirna, en Pérgamo, y de hecho por toda la provincia, la Iglesia fue confrontada por un imperialismo que era popular y patriótico, y tenía las características de una religión. En ninguna parte era el culto a César más popular que en Asia." 21

 

Después de la muerte de Julio César (29 a. C.), se construyó en Éfeso un templo para honrarle como divus (dios). Los Césares que le siguieron no esperaron que la muerte proveyera tales honores y, comenzando con Octaviano, afirmaron su propia divinidad, exhibiendo sus títulos de deidad en templos y monedas, particularmente en las ciudades de Asia. Octaviano cambió su nombre por el de Augusto, un título de suprema majestad, dignidad, y reverencia. Fue llamado el Hijo de Dios, y, como el mediador divino-humano entre el cielo y la tierra, ofrecía sacrificios a los dioses. Fue ampliamente proclamado como Salvador del mundo, y las inscripciones en sus monedas eran francamente mesiánicas - declarando el mensaje en ellas, como ha eesscrito Stauffer, que "la salvación no ha de encontrarse en nadie sino en Augusto, y que no hay otro nombre dado a los hombres en el cual puedan ser salvos". 22

 

Esta postura era común a todos los Césares. César era Dios; César era Salvador; César era el único Señor. Y reclamaban, no sólo los títulos, sino también los derechos de la deidad. Cobraban impuestos y confiscaban propiedades a voluntad, tomaban las esposas (y los esposos) para su propio placer, causaban escasez de alimentos, ejercían el poder de vida y muerte sobre sus súbditos, y en general, intentaban gobernar cada aspecto de la realidad por todo el imperio. La filosofía de los Césares puede resumirse en una frase que se usaba más y más, con el correr del tiempo: ¡César es Señor!

 

Este era el principal punto en disputa entre Roma y los cristianos: ¿Quién es Señor? Francis Schaeffer señala: "No olvidemos por qué eran muertos los cristianos. No eran muertos porque adoraban a Jesús... A nadie le importaba quién adoraba a quién, con tal de que el adorador no trastornara la unidad del estado, que se centraba en la adoración formal a César. La razón de que los cristianos fueran muertos era porque eran rebeldes... Adoraban a Jesús como Dios, y adoraban sólo al Dios infinito y personal. Los Césares no tolerarían esta adoración del único Dios solamente. Esto se consideraba como traición". 23

 

Para Roma, la meta de cualquier verdadera moralidad y piedad era la subordinación de todas las cosas al estado; el hombre religioso y piadoso era el que reconocía, en cada momento de su vida, la centralidad de Roma. "La función de la religión romana era pragmática, para servir como cemento social y sostener al estado". 24 Así, observa R. J. Rushdoony, "al marco de los actos religiosos y familiares de la piedad era Roma misma, la comunidad central y más sagrada. Roma controlaba estrictamente todos los derechos de organización, asambleas, reuniones religiosas, clubes, y reuniones en las calles, y no soportaba ninguna posible rivalidad a su centralidad... Sólo el estado podía organizar; los ciudadanos no, excepto como conspiración. Sólo por esto, la bien organizada Iglesia Cristiana era una ofensa y una afrenta al estado, y una organización ilegal que en seguida era sospechosa de conspiración". 25

 

El testimonio de los apóstoles y la iglesia primitiva era nada menos que una declaración de guerra contra las pretensiones del estado romano. Juan afirmó que Jesús es el unigénito Hijo de Dios (Juan 3:16); que él es, de hecho, "el verdadero Hijo de Dios y la vida eterna" (1 Juan 5:20-21). Poco después de Pentecostés, el apóstol Pedro declaró: "Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hechos 4:12). "Así, el conflicto del cristianismo con Roma era político desde la perspectiva romana, aunque religioso desde la perspectiva cristiana. A los cristianos nunca se les pidió que adoraran a los dioses paganos de Roma; apenas se les pidió reconocer la primacía religiosa del estado. Como observó Francis Legge: 'En el tiempo de la persecución, los oficiales del Imperio Romano buscaban forzar a los cristianos a ofrecer sacrificios, no a cualesquiera dioses paganos, sino al Genio del Emperador y la Fortuna de la Ciudad de Roma; y en todo momento el rechazo de los cristianos fue visto, no como una ofensa religiosa, sino política...' Entonces, el punto en disputa era éste: ¿Debería la ley del emperador, la ley del estado, gobernar tanto al estado como a la iglesia, o estaban bajo la ley de Dios tanto el estado como la iglesia, tanto el emperador como el obispo? ¿Quién representaba el orden verdadero y final, Dios o Roma, la eternidad o el tiempo? La respuesta romana era Roma y el tiempo, y de aquí que el cristianismo constituyera una fe traicionera y una amenaza para el orden político". 26

 

El cargo levantado por los acusadores judíos durante un juicio contra cristianos en el siglo primero era el de que "contravenían los decretos de César, diciendo que hay otro rey, Jesús" (Hechos 17:7). Esta era la acusación fundamental contra todos los cristianos del Imperio. El capitán de la policía rogaba al anciano Obispo de Esmirna, Policarpo, que renunciara a esta posición extrema: "¿Qué mal hay en decir que César es Señor?" Policarpo rehusó, y fue quemado en la estaca. Miles sufrieron el martirio precisamente por esta causa. Para ellos, Jesús no era "Dios" en algún sentido irrelevante, de allá arriba; Él era el único Dios, plenamente soberano en todas las áreas. Ningún aspecto de la realidad podría estar fuera de sus demandas. Nada era neutral. La Iglesia confrontó a Roma con el inflexible reclamo de la autoridad imperial de Cristo: Jesús es el Hijo unigénito; Jesús es Dios; Jesús es Rey; Jesús es Salvador; Jesús es Señor. Aquí había dos imperios, ambos intentando un absoluto dominio mundial; y estaban implacablemente en guerra. 27

 

Era necesario que las iglesias de Asia reconocieran esto plenamente, con todas sus implicaciones. La fe en Cristo Jesús requiere absoluta sumisión a su señorío, en todo momento, sin medias tintas. La confesión de Cristo significaba conflicto con el estatismo, particularmente en las provincias donde se requería el culto oficial a César para las transacciones de los asuntos cotidianos. El no reconocer los reclamos del estado resultaría en apuros económicos y la ruina, y a menudo la cárcel, la tortura, y la muerte.

 

Algunos cristianos intentaron llegar a un arreglo intermedio haciendo una distinción no bíblica entre el corazón y la conducta, como si uno pudiera tener fe sin obras. Pero el reino de Cristo es universal: Jesús es Señor de todos. Para reconocerle verdaderamente como Señor, debemos servirle en todas partes. Este era el mensaje principal del Apocalipsis para los cristianos en Asia, un mensaje que necesitaban oir desesperadamente. Vivían en el corazón mismo del trono de Satanás, el asiento del culto al Emperador; Juan escribió para recordarles su verdadero Rey, su posición con Él como reyes y sacerdotes, y la necesidad de perseverar en términos de su Verbo soberano.

 

El Apocalipsis y el pacto
El Libro de Apocalipsis es parte de la Biblia. Al primer vistazo, esto puede no parecer una penetración brillante, pero es un punto tanto crucialmente importante como universalmente descuidado en la práctica real de la exposición. Porque, tan pronto como reconocemos que Apocalipsis es un documento bíblico, nos vemos obligados a hacernos una pregunta central: ¿Qué clase de libro es la Biblia? Y la respuesta es ésta: La Biblia es un libro (El Libro) acerca del pacto. La Biblia no es una enciclopedia de conocimiento religioso. Ni una colección de relatos morales, ni una serie de estudios de psicología personal de los grandes héroes de antaño. La Biblia es la revelación escrita de Dios acerca de Sí mismo, la historia de su venida a nosotros en el Mediador, el Señor Jesucristo; y es la historia de la relación de la Iglesia con Él por medio del pacto que Él ha establecido con ella.

 

El pacto es el significado de la historia bíblica (la historia bíblica no es principalmente historias de aventuras). El pacto es el significado de la ley bíblica (la Biblia no es principalmente un tratado político sobre cómo establecer una República Cristiana). Y el pacto es el significado de la profecía bíblica también (la profecía bíblica no es "predicción" en el sentido oculto de Nostradamus, Edgar Cayce, y Jean Dixson). Para el hombre, los profetas eran los emisarios legales de Dios para Israel y las naciones, actuando como procuradores que traían lo que se ha venido a conocer entre los eruditos recientes como "El Proceso Legal del pacto".

 

Que la profecía bíblica no es simplemente "predicción" queda indicado, por ejemplo, en la afirmación de Dios por medio de Jeremías:

 

En un instante hablaré contra pueblos, y contra reinos, para arrancar, y derribar, y destruir. Pero si esos pueblos se convirtieren de su maldad contra la cual hablé, yo me arrepentiré del mal que había pensado hacerles, y en un instante hablaré de la gente y del reino, para edificar y para plantar. Pero si hiciere lo malo delante de mis ojos, no oyendo mi voz, me arrepentiré del bien que había determinado hacerle. (Jer. 18:7-10).
El propósito de la profecía no es "predecir", sino evaluar la respuesta ética del hombre a la Palabra de mando y promesa de Dios. Es por esto por lo que la profecía de Jonás sobre Nínive no "se cumplió": Nínive se arrepintió de su maldad, y la calamidad fue alejada. Como los otros escritos bíblicos, el Libro de Apocalipsis es una profecía, con una específica orientación de pacto y una referencia a él. Cuando se ignora el contexto de pacto de la profecía, el mensaje que Juan trataba de comunicar se pierde, y Apocalipsis se convierte en nada más que un vehículo para avanzar las teorías escatológicas del pretendido expositor.

Consideremos un ejemplo de menor importancia: Apocalipsis 9:16 nos cuenta de un gran ejército de jinetes, que suman "miríadas de miríadas". En algunos textos griegos, se dice que son dos miríadas de miríadas, y algunas veces se traduce como 200 millones. Toda clase de explicaciones fantásticas y artificiales se han propuesto para esto. Quizás la teoría mejor conocida de tiempos recientes es la opinión de Hal Lindsey de que "estos 200 millones de soldados son chinos rojos acompañados por otros aliados orientales. Es posible que el poderío industrial de Japón se una al de China roja. Por primera vez en la historia, Occidente será completamente invadido por Oriente".
28  Tales adivinanzas pueden o no pueden ser exactas con relación a una venidera invasión china, pero no nos dice absolutamente nada acerca de la Biblia. Para ayudar a poner el punto de vista de Lindsey en una perspectiva histórica, lo compararemos con el de J. L. Martin, un predicador del siglo diecinueve que, aunque compartía las presuposiciones básicas de Lindsey sobre la naturaleza y el propósito de la profecía, llegó a una conclusión diferente y divertida, de que los "200 millones" de Juan representaban "la fuerza de combate de mundo entero" de 1870. Nótese el razonamiento astutamente científico de Martin, semejante al de Lindsey:

 

Tenemos poco más de mil millones de habitantes en la tierra... Pero de esos mil millones, como quinientos millones (la mitad) son mujeres; y de ese número, como la mitad son menores de edad, quedando sólo doscientos cincuenta millones de varones adultos en la tierra al mismo tiempo. Pero de ese número de varones adultos, como la quinta parte son jubilados -- demasiado viejos para combatir. Estos son hechos estadísticos. Esto nos deja exactamente los doscientos millones de combatientes sobre la tierra de Juan. Y cuando demostramos algo matemáticamente, creemos que está bastante bien hecho. 29
Pero Martin está sólo tomando el ritmo. Continúa con su exposición, haciendo la aterradora descripción de los soldados en 9:17-19: "Así vi en visión los caballos y a sus jinetes, los cuales tenían corazas de fuego, de zafiro y de azufre. Y las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones; y de su boca salían fuego, humo, y azufre. Por estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los hombres; por el fuego, el humo y el azufre que salían de su boca. Pues el poder de los caballos estaba en su boca y en sus colas; porque sus colas, semejantes a serpientes, tenían cabezas, y con ellas dañaban". Aunque los modernos apocalipsistas consideran esto en términos de lásers y lanzadores de misiles, Martin tenía una explicación diferente - una explicación de acuerdo con el estado del arte militar en sus días, cuando Buffalo Bill combatía a los indios Sioux como jefe de los exploradores del Quinto de Caballería del General Sheridan:
Juan señala al modo moderno de combatir a caballo, con el jinete inclinado hacia adelante, el cual, como él lo ve, y como lo ve alguien que mire desde cierta distancia, se parecería a la gran melena de un león; el hombre inclinado sobre el cuello de su caballo. Al combatir con armas de fuego, tendría que inclinarse hacia adelante para disparar, no fuera a ser que hiriera al mismo caballo sobre el cual cabalgaba. En los días de Juan, la postura era muy diferente... Ahora, quiero preguntar a mis amigos oyentes: ¿No se cumple esto tan literalmente delante de nuestros ojos como puede cumplirse? ¿No están todas las naciones envueltas en este tipo de guerra? ¿No se matan los hombres con fuego y azufre? ... ¿No saben que esto es sólo pólvora encendida? Podría un hombre no inspirado, a finales del siglo primero, haber hablado de este tema? 30
A menos que veamos el libro de Apocalipsis como un documento de pacto - es decir, si insistimos en leerlo principalmente ya sea como una predicción de armas nucleares del siglo veinte o como una polémica contra la Roma del siglo primero - su continuidad con el resto de la Biblia se perderá. Se convierte en un apéndice escatológico, una visión de "las últimas cosas", que ultimadamente tiene poco que ver con el mensaje, el propósito, y los intereses de la Biblia. Una vez que entendemos el carácter del Apocalipsis como un Proceso de pacto, sin embargo, deja de ser un libro "extraño", "misterioso"; ya no es incomprensible para nosotros como Isaías y Amós. De salida, el Libro de Apocalipsis debe ser visto  en su carácter de revelación bíblica. Captar este solo punto puede significar un "salto cuántico" en la interpretación; porque, como explicó Geerhardus Vos en sus novedosos estudios de teología bíblica, "la revelación está conectada, toda ella, con la suerte de Israel". 31
El proceso de pacto
La relación de Dios con Israel siempre se definió en términos del pacto, el lazo matrimonial por medio del cual Dios unió a Israel a sí mismo como su pueblo especial. Este pacto era un arreglo legal, un "contrato" obligatorio impuesto sobre Israel por su Rey, que estipulaba mutuas obligaciones y promesas. Meredith Kline ha mostrado que la estructura del pacto bíblico exhibe notables similitudes con la forma establecida para los tratados de paz en el Cercano Oriente antiguo. 32  Funcionaba de esta manera: Después de una guerra, el rey victorioso hacía un pacto con su enemigo derrotado, haciendo ciertas promesas y garantizando protección a condición de que el rey-vasallo y todos los que estaban bajo su autoridad obedecieran a su nuevo señor. Tanto el señor como el vasallo hacían juramento, y de allí en adelante estaban unidos en pacto.

 

Como explica Kline, la forma de tratado corriente en el mundo antiguo estaba estructurada en cinco partes, todas las cuales aparecen en los pactos bíblicos:

 

1. Preámbulo (que identificaba el señorío del Gran Rey, subrayando tanto su trascendencia [grandeza y poder] como su inmanencia [cercanía y presencia]);

2. Prólogo Histórico (que examinaba la anterior relación del señor con el vasallo, enfatizando especialmente las bendiciones concedidas);

3. Estipulaciones Éticas (que exponían las obligaciones del vasallo, su "guía de ciudadanía" en el pacto);

4. Sanciones (que bosquejaban las bendiciones por la obediencia y las maldiciones por la desobediencia);

5. Las Disposiciones de la Sucesión (que tenían que ver con la continuidad de la relación de pacto en las generaciones futuras).

Uno de los mejores ejemplos de un documento escrito en esta forma de tratado es el libro de Deuteronomio, que Kline examina en detalle en su Tratado del Gran Rey. (Recientemente, el análisis de Kline fue aumentado considerablemente en la obra de mayor orientación teológica de Ray R. Sutton, That You May Prosper). 33  La exposición de Kline muestra cómo Deuteronomio se divide naturalmente en las cinco secciones de pacto:
Deuteronomio
1. Preámbulo (1:1-5)
2. Prólogo Histórico (1:6-4:49)
3. Estipulaciones Éticas (5:1-26:19)
4. Sanciones (27:1-30:20)
5. Disposiciones de la Sucesión (31:1-34:12)
Si un rey vasallo violaba los términos del pacto, el señor enviaba mensajeros al vasallo, advirtiendo a los violadores acerca de juicios venideros, en los cuales se harían cumplir las maldiciones-sanciones del pacto. Esto resulta ser la función de los profetas bíblicos, como mencioné antes: Eran fiscales acusadores, que traían el mensaje de Dios del Proceso de pacto a las naciones violadoras de Israel y Judá. Y la estructura del proceso siempre seguía el modelo de la estructura original del pacto. En otras palabras, de la misma manera que los pactos bíblicos mismos siguen el modelo de la estructura de tratado de cinco partes, las profecías bíblicas siguen también la forma de tratado. 34  Por ejemplo, la profecía de Oseas está ordenada de acuerdo con el siguiente bosquejo:
Oseas
1. Preámbulo (1)
2. Prólogo histórico (2-3)
3. Estipulaciones éticas (4-7)
4. Sanciones (8-9)
5. Disposiciones de la sucesión (10-14)
Como muchas otras profecías bíblicas, el Libro de Apocalipsis es una profecía de ira del pacto contra el Israel apóstata, que irrevocablemente se apartó del pacto al rechazar a Cristo. Y, como muchas otras profecías bíblicas, el libro de Apocalipsis está escrito en forma de proceso de pacto, con cinco partes, conformándose a la estructura de tratado de pacto. Esta tesis será demostrada en el comentario: a manera de introducción, sin embargo, será de ayuda echar un vistazo a algunos de los puntos principales que llevan a esta conclusión. (También, he provisto una introducción para cada una de las cinco partes de Apocalipsis, correlacionando el mensaje de cada sección con el pasaje apropiado en el libro de Deuteronomio).

Para captar la estructura en cinco partes de Apocalipsis, primero debemos considerar cómo se relaciona la profecía de Juan con el mensaje de Levítico 26. Como Deuteronomio 28, Levítico 26 establece las sanciones del pacto: Si Israel obedece a Dios, será bendecido en cada una de las áreas de la vida (Lev. 26:1-13; Deut. 28:1-14); sin embargo, si desobedece, será visitado con las maldiciones, descritas con horrible detalle (Lev. 26:14-39; Deut. 28:15-68). (Estas maldiciones fueron derramadas más plenamente en la progresiva desolación de Israel durante los últimos días, culminando en la gran tribulación de los años 67-70 d. C., como castigo por su apostasía y el rechazo de su Verdadero Esposo, el Señor Jesucristo).
35  Uno de los rasgos notables del pasaje de Levítico es el de que las maldiciones están dispuestas en un patrón especial: Cuatro veces en este capítulo dice Dios: "Os castigaré siete veces por vuestros pecados" (Lev. 26:18, 21, 24, 28). El número siete, como veremos en abundancia a través de Apocalipsis, es un número bíblico que indica calidad de completo o plenitud (tomado del patrón de siete días establecido en la creación en Génesis 1). 36  El número cuatro se usa en las Escrituras en relación con la tierra, especialmente la tierra de Israel; así, cuatro ríos fluían desde Edén para regar toda la tierra (Gén. 2:10); la tierra, como el altar, se representa como teniendo cuatro confines (Isa. 11:12; comp. Éx. 27:1-2), de los cuales soplan los cuatro vientos (Jer. 49:36); el campamento de Israel estaba dispuesto en cuatro grupos alrededor de los lados del tabernáculo (Núm. 2); y así sucesivamente (vea su concordancia y su diccionario bíblico). Así que, al hablar cuatro veces de castigarlos siete veces en Levítico 26, Dios está diciendo que un juicio pleno y completo vendrá sobre la Tierra de Israel por sus pecados. Este tema es tratado por los profetas en sus amonestaciones a Israel:

 

Y enviaré sobre ellos cuatro géneros de castigo, dice Jehová: espada para matar, y perros para despedazar, y aves del cielo y bestias de la tierra para devorar y destruir. (Jer. 15:3)
 
Por lo cual así ha dicho Jehová el Señor: ¿Cuánto más cuando yo enviare contra Jerusalén mis cuatro juicios terribles, espada, hambre, fieras y pestilencia, para cortar de ella hombres y bestias? (Eze. 14:21)
Las imágenes de un séptuple juicio que viene cuatro veces se desarrolla más plenamente en el libro de Apocalipsis, que está explícitamente dividido en cuatro series de siete: Las cartas a las siete iglesias, la apertura de los siete sellos, el sonar de las siete trompetas, y el derramamiento de las siete copas. 37 Al seguir así la estructura formal de la maldición de pacto en Levítico, Juan subraya la naturaleza de su profecía como una declaración de ira del pacto contra Jerusalén.

Los cuatro juicios están precedidos por una visión introductoria, que sirve para resaltar la trascendencia y la inmanencia del Señor - precisamente la función del preámbulo en los tratados de pacto. Al leer las cuatro series de juicios, encontramos que también se conforman al bosquejo del tratado: Las siete cartas examinan la historia del pacto; los siete sellos tienen que ver con las estipulaciones específicas establecidas en la sección correspondiente del tratado de pacto; las siete trompetas invocan las sanciones del pacto; y los ángeles de las siete copas están involucrados tanto en la desheredad de Israel como en la sucesión de la iglesia en el nuevo pacto. Así:

 

Apocalipsis
1. Preámbulo: Visión del Hijo del Hombre (1)
2. Prólogo histórico: Las siete cartas (2-3)
3. Estipulaciones éticas: Los siete sellos (4-7)
4. Sanciones: Las siete trompetas (8-14)
5. Disposiciones de la sucesión: Las siete copas (15-22)
De esta manera, Juan ha combinado el bosquejo de maldiciones en cuatro partes de Levítico 26 con el familiar bosquejo en cinco partes del proceso de pacto. La intersección de una maldición cuádruple y quíntuple se relaciona con otra dimensión de las imágenes bíblicas, relacionada con las leyes de restitución múltiple. Éxodo 22:1 ordena: "Cuando alguno hurtare buey u oveja, y lo degollare o vendiere, por aquel buey pagará cinco bueyes, y por aquella oveja cuatro ovejas". James B. Jordan explica los aspectos simbólicos de este caso legal: "Estos animales en particular simbolizan a la humanidad en el sistema de sacrificios. Así, son presentados repetidamente como analogías preeminentes para los hombres (comp., por ej., Lev. 22:27, con Lev. 12)".

"Debemos notar aquí que el verbo usado en Éxodo 22:1, 'matar', se usa casi siempre para referirse a hombres. Ralph H. Alexander comenta: 'El significado central de la raíz ocurre sólo tres veces (Gén. 43:16; Éx. 22:1; 1 Sam. 25:11). La raíz se usa sobre todo metafóricamente, presentando el juicio del Señor sobre Israel y sobre Babilonia como una matanza'.
38  Nuevamente, esto apunta a un significado simbólico básico de esta ley". 39

 

Jordan luego muestra que, en las Escrituras, el buey representa en Israel principalmente al funcionario, mientras la oveja representa al ciudadano ordinario, especialmente al hombre pobre. Por esta razón, se requiere la restitución cuádruple como castigo por la rebelión contra la autoridad. 40  El proceso de pacto está estructurado en términos de la pena de la restitución quíntuple, pues los que se rebelan contra el pacto se están rebelando contra su autoridad divinamente ordenada; y Juan trae a colación el proceso contra Israel porque éste se rebeló contra Jesucristo, su Señor y Sumo Sacerdote (Heb. 2:17; 7:22-8:6).

 

Pero Cristo era también una oveja, el Cordero sacrificatorio de Dios (Juan 1:29; Apoc. 5: 6, 9). Fue vendido injustamente (Mat. 26:14-15), y fue tratado "como cordero que es llevado al matadero" (Isa. 53:7). Además, los primeros cristianos eran mayormente pobres, y fueron perseguidos, oprimidos, y masacrados por los ricos y poderosos del Israel apóstata (Mat. 5:10-12; Luc. 6:20-26; Sant. 5:1-6). De este modo, el Israel incrédulo trajo sobre sí todos los castigos y maldiciones del pacto, incluyendo la restitución cuádruple y quíntuple, así como la doble (Apoc. 18:6). (Vale la pena también repetir lo que Ralph Alexander dijo sobre la palabra "matar" en Éxodo 22:1: "La raíz se usa predominantemente de forma metafórica, presentando el juicio de Dios sobre Israel y sobre Babilonia como una matanza". Como veremos, Juan presenta juntas estas ideas, metafóricamente llamando a la Jerusalén apóstata de sus días Babilonia la Grande). La gran tribulación, que culminó en el holocausto del año 70 d. C., era la restitución exigida por su robo y por la matanza de los profetas del Antiguo Testamento, de los mártires del Nuevo Testamento, y del Señor Jesucristo (Mat. 21:33-45; 23:29-38; 1 Tesa. 2:14-16); y estos temas son incorporados en la estructura misma de Apocalipsis, el Proceso de pacto final.

 

Todo esto es enfatizado también por el uso que Juan hace de la terminología profética del proceso: la acusación de prostitución. A través de las Escrituras, Israel es considerado como la Esposa de Dios; el pacto es un enlace de matrimonio, y se espera que ella sea fiel a él. Su apostasía contra Dios es llamada adulterio, e Israel es identificado como prostituta. Hay numerosos ejemplos de esto en los profetas:

 

¿Cómo te has convertido en ramera, oh ciudad fiel? Llena estuvo de justicia, en ella habitó la equidad; pero ahora, los homicidas. (Isa. 1:21)

Porque desde muy atrás rompiste tu yugo y tus ataduras, y dijiste: No serviré. Con todo eso, sobre todo collado alto y debajo de todo árbol frondoso te echabas como ramera. (Jer. 2:20)

 

Y salió tu renombre entre las naciones a causa de tu hermosura; porque era perfecta, a causa de mi hermosura que yo puse sobre tí, dice Jehová el Señor. Pero confiaste en tu hermosura, y te prostituíste a causa de tu renombre, y derramaste tus fornicaciones a cuantos pasaron; suya eras. (Eze. 16: 14-15)

 

No te alegres, oh Israel, hasta saltar de gozo como los pueblos, pues has fornicado apartándote de tu Dios; amaste salario de ramera en todas las eras de trigo. (Oseas 9:1)

A través de toda la Biblia, es a Israel a quien los profetas característicamente condenan como ramera. 41  En consecuencia, cuando Juan trae juicio contra Israel por su rechazo de Cristo, la gran apostasía de todos los tiempos (comp. Mat. 21:33-45), él apropiadamente la llama "la gran ramera... la madre de las rameras y de las abominaciones de la tierra" (Apoc. 17:1, 5)

Hay otras indicaciones dentro de la estructura de Apocalipsis de que el libro es un proceso de pacto contra Israel. Los cuatro juicios séptuplos están dispuestos en conformidad general con el orden de la profecía de Jesús contra Jerusalén en Mateo 24.
42  De este modo, las siete cartas (Apoc. 2-3) tratan de falsos apóstoles, persecución, ilegalidad, un amor que se enfría, y el deber de la perseverancia (comp. Mat. 24:3-5, 9-13); los siete sellos (Apoc. 4-7) tienen que ver con guerras, hambrunas, y terremotos (comp. Mat. 24: 6-8); las siete trompetas (Apoc. 8-14) hablan del testimonio de la iglesia al mundo, su huída al desierto, la gran tribulación, y el falso profeta (comp. Mat. 24: 14-27); y las siete copas (Apoc. 15-22) describen el oscurecimiento del reino de la bestia, la destrucción de la ramera, la reunión de las águilas sobre el cadáver de Jerusalén, y el recogimiento de la iglesia al reino (comp. Mat. 24: 28-31).

 

Apocalipsis, Ezequiel, y el Leccionario
Pero hay por lo menos otro factor que ha influido grandemente en el bosquejo de Apocalipsis. Está construido con gran apego a uno de los más famosos Procesos de pacto de todos los tiempos: la profecía de Ezequiel. La dependencia de Apocalipsis del lenguaje y las imágenes de Ezequiel se ha reconocido por mucho tiempo; 43 un erudito ha descubierto en Apocalipsis no menos de 130 referencias separadas a Ezequiel. 44  Pero Juan hace más que sólo alusiones literarias a Ezequiel. Lo sigue, paso a paso - tanto, que Philip Barrington pudo decir, con sólo una floja hipérbole: "Apocalipsis es Ezequiel re-escrito por los cristianos. Su estructura fundamental es la misma. Su interpretación depende de Ezequiel. La primera mitad de ambos libros conduce a la destrucción de la Jerusalén terrenal; en la segunda se describe una Jerusalén santa y nueva. Hay una diferencia significativa. El lamento de Ezequiel sobre Tiro es transformado en un lamento sobre Jerusalén, siendo la razón que Juan desea trasladar a Jerusalén la nota de condenación irrevocable que se encuentra en el lamento sobre Tiro. Aquí yace la verdadera diferencia entre los mensajes de los dos libros. Jerusalén, como Tiro, ha de desaparecer para siempre". 45 Considérense los paralelos más obvios:

 

1. La visión del trono (Apoc. 4/Eze. 1)
2. El libro (Apoc. 5/Eze. 2-3)
3. Las plagas (Apoc. 6: 1-8/Eze. 5)
4. Los muertos bajo el altar (Apoc. 6: 9-11/Eze. 6)
5. La ira de Dios (Apoc. 6: 12-17/Eze. 7)
6. El sello en las frentes de los santos (Apoc. 7/Eze. 9)
7. Los carbones del altar (Apoc. 8/Eze. 10)
8. No más demora (Apoc. 10:1-7/Eze. 12)
9. Comer el libro (Apoc. 10:8-11/Eze. 2)
10. La medición del templo (Apoc. 11:1-2/Eze. 40-43)
11. Jerusalén y Sodoma (Apoc. 11:8/Eze. 16)
12. La copa de la ira (Apoc. 14/Eze.23)
13. La viña de la tierra (Apoc. 14:18-20/Eze. 15)
14. La gran ramera (Apoc. 17-18/Eze. 16, 23)
15. El lamento sobre la ciudad (Apoc. 18/Eze. 27)
16. El festín de los carroñeros (Apoc. 19/Eze. 39)
17. La primera resurrección (Apoc. 20:4-6/Eze. 37)
18. La batalla con Gog y Magog (Apoc. 20:7-9/Eze. 38-39)
19. La Nueva Jerusalén (Apoc. 21/Eze. 40-48)
20. El río de vida (Apoc. 22/Eze. 47)
Como señala M. D. Goulder, la cercanía de la estructura de los dos libros - el "pegamiento" paso a paso entre Apocalipsis y Ezequiel - implica algo más que una mera relación literaria. "El pegamiento a nivel no es por lo común un rasgo de préstamo literario: por ejemplo, la obra del cronista está lejos de un pegamiento a nivel entre Samuel y Reyes, con su maciza expansión del material del Templo, y su extirpación de las tradiciones del norte. Más bien, el pegamiento a nivel es un rasgo de uso leccionario, como cuando la Iglesia establece la lectura de Génesis a la par con Romanos, o Deuteronomio a la par con Hechos ... Además, es claro que Juan esperaba que sus profecías fueran leídas durante el culto, porque dice: 'Bienaventurado el que lee las palabras de esta profecía, y bienaventurados los que oyen' (1:3) - la versión revisada [en inglés] correctamente traduce 'lee en voz alta'. En realidad, el hecho mismo de que 'él repetidamente llama a su libro 'la profecía' lo alinea con las profecías del Antiguo Testamento, que eran familiares pues se leían en público durante el culto". 47  En otras palabras, desde el comienzo, el libro de Apocalipsis estaba calculado como una serie de lecturas en el culto durante todo el año de la Iglesia, para ser leído en tándem con la profecía de Ezequiel (como otras lecturas del Antiguo Testamento). Como escribió Austin Farrer en su primer estudio sobre Apocalipsis, Juan "seguramente no creyó que se iba a leer una vez a las congregaciones y que luego sería usado para envolver pescado, como una carta pastoral". 48

La tesis de Goulder sobre Apocalipsis está apoyada por los hallazgos en su libro reciente sobre los evangelios, The Evangelists´ Calendar, que ha revolucionado los estudios del Nuevo Testamento al poner a los evangelios en su adecuado contexto litúrgico.
49  Como muestra Goulder, los evangelios fueron escritos originalmente, no como "libros", sino como lecturas seriales durante el culto, para acompañar las lecturas en las sinagogas (las iglesias del Nuevo Testamento). De hecho, arguye, "Lucas desarrolló su evangelio al predicar a su congregación, como una serie de cumplimientos del AT; y este desarrollo de series litúrgicas explica la estructura básica de su evangelio, que ha sido un misterio por tantos años". 50

 

Las estructuras tanto de Ezequiel como de Apocalipsis se prestan en seguida para el uso leccionario serializado, como observa Goulder: "En la división de Apocalipsis y de Ezequiel en profecías o visiones, unidades para los domingos sucesivos, el intérprete dispone de poca discreción; un rasgo feliz, pues estamos buscando líneas divisorias claras y no controversiales. La mayoría de los comentarios dividen el Apocalipsis como en cincuenta unidades, y no difieren mucho. En la Biblia, Ezequiel está dividido en cuarenta y ocho capítulos, muchos de los cuales son evidententemente profecías solas que se sostienen por derecho propio. Además, la longitud de los capítulos de Ezequiel es pareja en términos generales. El libro cubre poco más de 53 páginas de texto en la Versión Revisada, y muchos capítulos son como de dos columnas (una página) de largo. Algunas de las divisiones son quizás cuestionables. Por ejemplo, el llamado de Ezequiel se extiende más allá del muy breve cap. 2 hasta un final claro en 3:15, y el corto cap. 9 podría considerarse junto con el 8; aunque hay algunos capítulos enormes, 16, 23, y 40, que tienen más de cuatro columnas de largo, y que se subdividen naturalmente. Pero ya habrá sido obvio para el lector un rasgo alentador: ambos libros se dividen como en cincuenta unidades, y el año judeo(-cristiano) consiste de cincuenta o cincuentiún sábados/domingos. Así que tenemos lo que parece material para un ciclo anual de Ezequiel inspirando un ciclo anual de visiones, que entonces podrían leerse en las iglesias de Asia al lado de Ezequiel, y explicados en sermones a la luz de ellos". 51  Goulder luego proporciona una larga tabla que muestra lecturas consecutivas a través de Ezequiel y Apocalipsis, puestas al lado del año cristiano, de Pascua a Pascua; las correlaciones son asombrosas. 52

 

El énfasis pascual del Apocalipsis también fue subrayado en un estudio efectuado por Massey Shepperd, casi veinte años antes de que Goulder escribiera. 53  Shepperd demostró otro aspecto notable de la arquitectura de Apocalipsis, mostrando que la profecía de Juan está delineada de acuerdo con la estructura del culto de la iglesia primitiva - de hecho, que tanto su evangelio como el Apocalipsis "dan testimonio desde el punto de vista de la experiencia de la liturgia pascual de las iglesias de Asia". 54

 

La naturaleza leccionaria de Apocalipsis ayuda a explicar la riqueza del material litúrgico en la profecía. Por supuesto, Apocalipsis no es un manual sobre cómo "hacer" un servicio de culto; más bien, es un servicio de culto, una liturgia dirigida en el cielo como un modelo para los que están en la tierra (y de paso nos instruye en el sentido de que el salón del trono de Dios es el único punto de vista adecuado para contemplar el conflicto terrenal entre la Simiente de la mujer y la de la serpiente): "Tradicionalmente, y de manera bastante consciente, el culto de la iglesia ha estado modelado según las realidades divinas y eternas reveladas en [Apocalipsis]. La oración de la iglesia y su celebración mística son uno con la oración y la celebración del reino de los cielos. Así, pues, en la Iglesia, con los ángeles y los santos, a través de Cristo el Verbo y el Cordero, inspirados por el Espíritu Santo, los fieles creyentes de la asamblea de los salvados ofrecen perpetua adoración a Dios el Padre Todopoderoso". 55

 

El dejar de reconocer la importancia de Apocalipsis para la adoración cristiana ha empobrecido grandemente a muchas iglesias modernas. Para poner sólo un ejemplo: ¿Cuántos sermones se han predicado sobre Apocalipsis 3:20 - "He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo" - sin reconocer la muy obvia referencia sacramental? Por supuesto que Jesús está hablando de la Santa Cena, invitándonos a cenar con Él; ¿por qué no lo vimos antes? La razón tiene mucho que ver con una idea puritana de culto que viene, no de la Biblia, sino de los filósofos paganos.

 

Dom Gregory Dix, en su voluminoso estudio del culto cristiano, dio en el clavo: El puritanismo litúrgico no es "protestante"; ni siquiera es cristiano. En vez de eso, es "una teoría general sobre el culto, no específicamente protestante, ni realmente limitada a los cristianos de ninguna clase. Es la teoría de trabajo en la cual se basa todo el culto musulmán. Fue compuesta por el poeta romano Persio o el filósofo pagano Séneca en el siglo primero, y ellos sólo están desarrollando una tesis de los autores filosóficos griegos que datan del siglo séptimo a. C. En pocas palabras, la teoría puritana es que el culto es una actividad puramente mental, que ha de ejercerse por medio de una 'atención' estrictamente psicológica a una experiencia subjetiva emocional o espiritual... Contra esta teoría puritana de culto se alza otra - el concepto 'ceremonioso' del culto, cuyoo principio fundamental es que el culto como tal no es un ejercicio puramente intelectual y afectivo, sino algo en el cual el hombre entero - tanto el cuerpo como el alma, y sus poderes estéticos y volitivos, así como intelectuales - deben participar por completo. Considera eel culto como un 'acto' tanto como una 'experiencia'". 56  Es esta visión "ceremoniosa" del culto la que se enseña en la Biblia, desde Génesis hasta Apocalipsis. Puesto que toda la acción de Apocalipsis se ve desde el punto de vista del servicio de culto, este comentario asumirá la posición de que la estructura litúrgica de la profecía es fundamental para su correcta interpretación.

 

La naturaleza de Apocalipsis: ¿Apocalíptica?
El libro de Apocalipsis es tratado a menudo como ejemplo del género "apocalíptico" de escritos, que floreció entre los judíos entre el año 200 a. C. y el año 100 d. C. No hay base para esta opinión en absoluto, y es desafortunado que se use siquiera la palabra apocalíptica para describir esta literatura. (Los mismos escritores de "apocalíptica" nunca usaron el término en este sentido; más bien, los eruditos han robado el término de Juan, que llamó a su libro "el Apocalipsis de Jesucristo"). De hecho, hay grandes diferencias entre los escritos "apocalípticos" y el libro de Apocalipsis.

 

Los "apocalipsistas" se expresaban en símbolos inexplícitos e ininteligibles, y generalmente no tenían en realidad el propósito de hacerse entender. Sus escritos abundan en pesimismo: no es posible un verdadero progreso, ni habrá ninguna victoria para Dios y su pueblo en la historia. Ni siquiera podemos ver a Dios actuando en la historia. Todo lo que sabemos es que el mundo está empeorando más y más. Lo mejor que podemos hacer es esperar el fin - pronto. 57  Ferrell Jenkins escribe: "Para ellos, las fuerzas del mal tenían aparentemente control en la era actual y Dios actuaría sólo en el tiempo del fin". 58  (Esto debería sonar familiar). Sintiéndose impotente en presencia del mal inexorable, el apocalipsista "podía por lo tanto dar rienda suelta a las más desbocadas especulaciones ... había cancelado este mundo y sus actividades, así que ni siquiera trataba seriamente de proporcionar soluciones factibles para sus problemas". 59  El resultado práctico era que los apocalipsistas rara vez se preocupaban de la conducta ética: "En fin de cuentas, su interés es en la escatología, no en la ética". 60

 

El enfoque de Juan sobre Apocalipsis es vastamente diferente. Sus símbolos no son oscuras divagaciones incubadas en una imaginación enfebrecida; están arraigados firmemente en el Antiguo Testamento (y la razón de esa aparente oscuridad es ese mismo hecho: Tenemos problemas para entenderlos sólo porque no conocemos nuestras Biblias). En contraste con los apocalipsistas, que  habían renunciado a la historia, "Juan presenta la historia como el escenario de la redención divina". 61  Leon Morris describe la visión mundial de Juan: "Para él, la historia es la esfera en la cual Dios ha forjado la redención. Lo realmente crítico en la historia de la humanidad ya ha tenido lugar, y tuvo lugar aquí, en esta tierra, en los asuntos de los hombres. El Cordero 'como inmolado' domina el libro entero. Juan ve a Cristo como victorioso y como habiendo ganado la victoria por medio de su muerte, un suceso en la historia. Su pueblo comparte su triunfo, pero ha derrotado a Satanás 'por la sangre del Cordero y por la palabra de su testimonio' (Apoc. 12:11). El pesimismo que difiere la actividad salvadora de Dios hasta el fin está ausente. Aunque Juan pinta el mal realísticamente, su libro es fundamentalmente optimista". 62

 

Los apocalipsistas decían: El mundo está llegando a su fin. ¡Renuncien! Los profetas bíblicos decían: El mundo se acerca a su principio. ¡Pónganse a trabajar!

Por eso, el libro de Apocalipsis no es  un tratado apocalíptico; en vez de eso, como el mismo Juan nos lo recuerda repetidamente, es una profecía (1:3; 10:11; 22:7, 10, 18-19), en completa armonía con los escritos de otros profetas bíblicos. Y - nuevamente en completo contraste con los apocalipsistas - si había una gran preocupación entre los profetas bíblicos, era la conducta ética. Ningún escritor bíblico reveló jamás el futuro meramente para satisfacer la curiosidad: La meta fue siempre dirigir el pueblo de Dios hacia una acción correcta en el presente. La abrumadora mayoría de las profecías bíblicas no tenía nada que ver con el concepto erróneo y muy común de que la "profecía" predecía el futuro. Los profetas hablaban del futuro sólo para estimular una vida piadosa. Como escribió Benjamin Warfield: "Debemos tratar de conservar fresco en nuestras mentes el gran principio de que toda profecía es ética en su propósito, y que este fin ético controla, no sólo lo que será revelado en general, sino también los detalles de él, y la forma misma que toma". 63

 

El hecho de que muchos de los que estudian los escritos proféticos hoy día están interesados en encontrar posibles referencias a viajes espaciales y armas nucleares, más bien que en descubrir los mandamientos de Dios para la vida, es un repugnante tributo a una fe superficial e inmadura. "El testimonio de Jesús es el espíritu de profecía" (Apoc. 19:10); ignorar a Jesús en favor de estallidos atómicos es una perversión de las Escrituras, una blasfema deformación de la Palabra de Dios. De principio a fin, Juan está intensamente interesado en la conducta ética de sus lectores:

 

Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas. (1:3)

Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas. (16:15)

Bienaventurado el que guarda las palabras de la profecía de este libro. (22:7)

Bienaventurados los que guardan sus mandamientos. (22:14)


El simbolismo de Apocalipsis
A menudo, la profecía ha sido llamada "la historia escrita por anticipado". 64  Sin embargo, como ya hemos visto, la profecía es principalmente un mensaje de los emisarios de Dios dentro del marco del pacto, dirigida en términos de las estipulaciones y sanciones establecidas en la ley bíblica. No es simplemente "predicción". Ciertamente, los profetas sí predecían los sucesos futuros en la historia, pero no en la forma de escritos históricos. En vez de eso, los profetas usaban símbolos y figuras tomados prestados de la historia, de la cultura circundante, y de la creación. La mayoría de los errores que se cometen al interpretar a los profetas se derivan del descuido de este principio. Una vez oí a un pastor presentar una conferencia muy sincera y emocionante sobre las estaciones espaciales y los viajes interplanetarios usando Apocalipsis 21:10 como su texto. Sólo en la era moderna de los viajes espaciales, observó, podría cumplirse la profecía de la Nueva Jerusalén. En general, fue un discurso muy agradable, y una maravillosa demostración de la riqueza de conocimiento del pastor en el campo de la ciencia ficción; pero el fascinado auditorio salió de la reunión por lo menos tan ignorante de las Escrituras como cuando comenzó.

 

La Biblia es literatura: Es literatura divinamente inspirada e infalible, pero literatura al fin. Esto significa que debemos leerla como literatura. Algunas partes han de entenderse literalmente, y están escritas de esta manera - como historia, o proposiciones teológicas, o lo que sea. Pero uno no esperaría leer los Salmos o el Cantar de los Cantares de Salomón con las mismas normas literarias usadas para el Libro de Romanos. Sería como leer el soliloquio de Hamlet "literalmente": "Las hondas y las flechas de la ultrajante fortuna ... tomar las armas contra un mar de dificultades..." No podemos entender lo que la Biblia significa realmente (literalmente) a menos que apreciemos su uso de los estilos literarios. ¿Entenderíamos el Salmo 23 correctamente si lo tomáramos "literalmente"? En vez de eso, ¿no sonaría un poco tonto? De hecho, si se toma literalmente, no sería correcto: porque me atrevo a decir que el Señor no hace descansar a todos los cristianos en delicados pastos. Pero, por lo general, no cometemos estos toscos errores al leer la poesía bíblica. Sabemos que está escrita en un estilo que a menudo hace uso de imágenes simbólicas. Pero debemos darnos cuenta de que con los profetas sucede lo mismo: Ellos, también, hablaban en figuras y símbolos, extrayendo material de una rica herencia de imágenes bíblicas que comenzó en el jardín de Edén. 65

 

En realidad, es en el paraíso donde comenzó la profecía. Vale la pena notar que la misma primera promesa del Redentor venidero fue expresada en términos altamente simbólicos. Dios dijo a la serpiente:

Y pondré enemistad entre tí y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar. (Gén. 3: 15)
Obviamente, esto no es simplemente "historia escrita por anticipado". Es una declaración simbólica, en gran medida una obra con el lenguaje evocador y poético usado a través de la Biblia, y especialmente en Apocalipsis. De hecho, Juan nos dice claramente en su frase inicial que Apocalipsis está escrito en signos, en símbolos. Juan no tenía el propósito de que Apocalipsis se leyera como se lee un periódico o un análisis del mercado de acciones. Esperaba que su auditorio respondiera a su profecía en términos del sistema de simbolismo de la propia Biblia.

Repito: el sistema de simbolismo de la propia Biblia. El significado de un símbolo no es cualquier cosa que elijamos; ni Juan creó las imágenes del Libro de Apocalipsis en su propia imaginación. Juan presenta a Cristo a sus lectores como un León y como un Cordero, no porque él crea que son imágenes bonitas, sino a causa de las connotaciones de los leones y los corderos ya establecidas en la Biblia. Por esto, el Libro de Apocalipsis nos dice desde el comienzo que su modelo de interpretación es la Biblia misma. El libro está lleno de alusiones al Antiguo Testamento. Merrill Tenney dice: "Está lleno de referencias a sucesos y personajes del Antiguo Testamento, y mucha de su fraseología está tomada directamente de los libros del Antiguo Testamento. Por extraño que parezca, no hay en Apocalipsis ni una sola cita directa del Antiguo Testamento con una declaración de que se está citando un pasaje dado; pero un conteo de las alusiones significativas que son rastreables tanto por un parecido verbal como por una conexión contextual al canon hebreo resulta en trescientas cuarenta y ocho. De éstas, aproximadamente noventa y cinco son repetidas, así que el número real de diferentes pasajes del Antiguo Testamento que se mencionan son casi doscientos cincuenta, o sea, un promedio de más de diez por cada capítulo de Apocalipsis.
66  La cuenta de Tenney de 348 claras referencias en el Nuevo Testamento se desglosa como sigue: 57 del Pentateuco, 235 de los Profetas, y 56 más de los libros históricos y poéticos. 67

 

Tenney admite que sus cifras son conservadoras; hasta se podría decir que extremadamente conservadoras. Sin embargo, aún usando sus cifras, es obvio que el Libro de Apocalipsis depende del Antiguo Testamento mucho más que ningún otro libro del Nuevo Testamento. Este hecho solo debería advertirnos que no podemos comenzar a desentrañar su significado sin un sólido entendimiento de la Biblia como un todo. Las iglesias primitivas tenían este entendimiento. El evangelio había sido predicado primero a los judíos y a los prosélitos gentiles; a menudo, las iglesias habían sido formadas por creyentes en las sinagogas, y esto ocurría hasta en las iglesias de Asia Menor (Hechos 2:9; 13:14; 14:1; 16:4; 17:1-4, 10-12, 17; 18:4, 8, 19, 24-28; 19:1-10, 17). Además, es claro en Gálatas 2:9 que el ministerio del apóstol Juan era para los judíos en particular. Por lo tanto, los primeros lectores del Apocalipsis estaban empapados del Antiguo Testamento hasta un punto en que la mayoría de nosotros no lo está en la actualidad. El simbolismo del Apocalipsis está saturado de alusiones bíblicas que eran comúnmente comprendidas por la iglesia primitiva. Hasta en las pocas congregaciones que no tenían ningún miembro hebreo, las Escrituras usadas en la enseñanza y el culto eran principalmente del Antiguo Testamento. Los primeros cristianos poseían la clave autorizada e infalible del significado de las profecías de Juan. El no apreciar este hecho crucial es la causa principal de nuestra incapacidad para entender de qué hablaba Juan.

 

Por ejemplo, consideremos un símbolo de Apocalipsis muy abusado, y apliquemos este principio. En Apoc. 7, 9, 14, y 22, Juan ve al pueblo de Dios sellados en sus frentes con el nombre de Dios; y en Apoc. 13, Juan escribe sobre los adoradores de la bestia, que son designados en su mano derecha y en sus frentes con la marca de la Bestia. Se han tejido muchas interpretaciones fantasiosas en relación con estas marcas - que van desde tatuajes y validaciones de pparques de diversiones hasta tarjetas de crédito y números de Seguro Social - y todas sin la más ligera relación con las claras alusiones bíblicas. Pero, ¿qué habrían pensado los primeros lectores de estos pasajes? Los símbolos les habrían hecho pensar inmediatamente en varias referencias bíblicas: la "marca" del sudor en la frente de Adán, significando la maldición de Dios por su desobediencia (Gén. 3:19); la frente del Sumo Sacerdote, marcada con letras de oro y proclamando que era SANTO AL SEÑOR (Éx. 28:36); Deuteronomio 6:6-8 y Ezequiel 9:4-6, en los cuales los siervos de Dios son "marcados" en sus manos y en sus frentes con la ley de Dios, recibiendo así bendición y protección en nombre de Él. Los seguidores de la bestia, por otra parte, reciben su marca de propiedad: sometimiento a una ley impía, estatista, y anti-cristiana. La marca en el Apocalipsis no ha de entenderse literalmente. Es una alusión a un símbolo del Antiguo Testamento que hablaba de la obediencia total del hombre a Dios, y es una advertencia de que nuestro dios - ya sea el verdadero Dios o el estado auto-deificado  - exige completa obediencia a su señorío.

 

Este será el principio de interpretación que se seguirá en este comentario. El Apocalipsis es una revelación: Fue escrito para ser entendido. Benjamin Warfield escribió: "El Apocalipsis de Juan no necesita ser difícil: todos sus símbolos son o naturales y obvios, o de lo contrario, tienen sus raíces plantadas en los poetas y profetas del Antiguo Testamento y en el lenguaje figurado de Jesús y sus apóstoles. Nadie que conozca su Biblia necesita desesperarse de leer este libro sin provecho. Sobre todo, el que puede comprender el gran discurso de nuestro Señor concerniente a las últimas cosas (Mateo 24) no puede dejar de entender el Apocalipsis, que está fundado en ese discurso y apenas si avanza más allá de él". 68

 

La primacía del simbolismo
¿Cuán importante es este simbolismo en la Biblia? El gran teólogo holandés Herman Bavinck trata este tema extensamente en su libro The Doctrine of God. 69  Hablando de los nombres "simbólicos" de Dios, dice: "Las Escrituras no sólo contienen unos pocos antropomorfismos; por el contrario, toda la Escritura es antropomórfica... De aquí que todos los nombres con los cuales Dios se nombra a sí mismo y por medio de los cuales él nos permite dirigirnos a Él se derivan de las relaciones terrenales y humanas". 70 "Para darnos una idea de la majestad y el exaltado carácter de Dios, los nombres se derivan de toda clase de criaturas, vivas y sin vida, orgánicas e inorgánicas". 71  En realidad, "es completamente imposible decir nada de Dios sin usar antropomorfismos. No vemos a Dios como Él es en sí mismo. Le contemplamos en sus obras. Le nombramos de acuerdo con la manera en que se ha revelado a sí mismo en sus obras. Es imposible para nosotros ver a Dios cara a cara, por lo menos aquí en la tierra... Por lo tanto, cualquiera que objete los antropomorfismos, niega en principio la posibilidad de una revelación de Dios en sus criaturas". 72  "Para el hombre, hay sólo dos alternativas: o guardar silencio absoluto con referencia a Dios, o hablar de Él de una manera humana; o agnosticismo, es decir, ateísmo teórico, o antropomorfismo". 73

 

Así, el simbolismo es inescapable: "Por lo tanto, aunque llamamos a Dios por medio de nombres derivados de las criaturas, Dios mismo estableció primero estos nombres para las criaturas. La verdad es que, aunque nosotros aplicamos primero a las criaturas los nombres que designan a Dios a causa del hecho de que conocemos a las criaturas antes de conocer a Dios, esencialmente esos nombres se aplican primero que todo a Dios, luego a las criaturas. Todas las virtudes pertenecen primero a Dios, luego a las criaturas: Dios posee estas virtudes 'en esencia', la criatura, 'a través de la participación'. Así como el templo fue construido 'según el modelo que se le mostró a Moisés en el monte', Heb. 8:5, así también cada criatura fue primero concebida y después (en tiempo) creada. 'Toda familia' toma nombre 'del Padre' que creó todas las cosas - Efe. 3:15; comp. Mat. 23:9". 74

 

Bavinck está señalando dos puntos muy significativos: Primero, toda creación es primero simbólica. Todas las criaturas reflejan la gloria de Dios, y son imágenes de uno u otro aspecto de Su naturaleza. La personalidad de Dios está impresa en todo lo que Él ha hecho. El valor central de cualquier cosa es que es un símbolo de Dios. Todos los otros valores y todas las otras relaciones son secundarias. Y, puesto que el hombre es el símbolo principal de Dios, siendo su misma "imagen" (tanto individual como corporativamente), todo es simbólico del hombre también; así, todo revela a Dios y al hombre. 75

 

Segundo, el simbolismo es analógico, no realístico. En esto, las imágenes usadas en la Biblia contrastan marcadamente con las del paganismo. Por ejemplo, la Biblia habla del pacto del matrimonio como análogo al pacto entre Dios y su pueblo (2 Cor. 11:2; Efe. 5: 22-23; Apoc. 19:7-9; 21: 9-11). La iglesia siempre ha visto los Cantares de Salomón en parte como una analogía de su propio romance con el Esposo celestial. Pero esto está lejos de implicar que el sexo es un sacramento; ni es ésta una doctrina de la salvación a través del matrimonio. El simbolismo es analógico, no metafísico. No tenemos una relación sexual con Dios. Hay un complejo de una y de muchas imágenes involucrado en el cuadro bíblico. La teología de la Biblia es analógica, no realística. En la salvación bíblica, el hombre es re-hecho a imagen de Dios por medio de una sentencia judicial y una transformación ética - no por una participación metafísica de la divina esencia. 76

 

Esto significa que el simbolismo bíblico no es un "código". No se da en un estilo llano de "esto significa aquéllo": "Los símbolos bíblicos son fluidos, no estereotipados". 77  Un símbolo bíblico es una colectividad, y se refiere a varias ideas a la vez. El simbolismo bíblico, como la poesía, es un lenguaje evocativo, que se usa cuando el lenguaje discursivo y específico es insuficiente. La Biblia usa imágenes evocativas para invocar en nuestras mentes varias asociaciones que han sido establecidas por el arte literario de la propia Biblia.

 

Austin Farrer señaló una distinción que siempre debemos tener presente - la diferencia entre sentido y referente. Mientras el sentido de un símbolo permanece igual (las palabras "casa blanca" siempre significan "casa blanca"), puede tener numerosos referentes (La Casa Blanca en Washington, D. C.; la casa blanca al otro lado de la calle; la casa verde que pertenece a Fred White; etc.). "Las imágenes de Juan no significan nada que le guste a uno; su sentido puede establecerse. Pero todavía tienen una asombrosa multiplicidad de referentes. De lo contrario, ¿por qué escribir en imágenes antes que en la fría prosa de los hechos? Se ha dicho que el propósito de una afirmación científica es eliminar la ambigüedad, y que el propósito de un símbolo es incluirla. Escribimos en símbolos cuando deseamos que nuestras palabras presenten el tema, no que lo analicen o lo prueben. (No todos los temas; algunos pueden ser presentados más directamente sin símbolos). Por decirlo así, el símbolo se esfuerza por ser aquéllo de lo cual habla, e imita la realidad mediante la multiplicidad de su significación. Una declaración exacta aísla un sólo aspecto del hecho; por ejemplo, un teólogo procura aislar la relación de la muerte expiatoria de Cristo con la idea de la justicia forense. Pero nosotros, los que creemos que la muerte expiatoria tuvo lugar, debemos ver en ella un hecho relacionado con todo lo humano o divino, con tanta significación como cosas hay con las cuales puede relacionarse de manera variada. El mero aspecto físico de esa muerte, para alguien que la observó en ese momento, de ningún modo expresaría lo que el cristiano piensa que esa muerte sería en sí misma; se necesitaron muchos años para que la Cruz reuniera alrededor de sí misma la fuerza de un símbolo por derecho propio. Juan escribe 'un Cordero como inmolado', y una significación de un infinito alcance y una infinita variedad despierta en la mente del que lee la Escritura. Hay en boga una doctrina extremadamente estúpida de que el símbolo evoca la emoción, y que la prosa exacta declara la realidad. Nada puede estar más lejos de la verdad: la prosa exacta abstrae de la realidad, el símbolo la presenta. Y por esa misma razón, los símbolos tienen algo del polifacetismo de la naturaleza salvaje." 78

 

Por ejemplo, el número simbólico 666 (Apoc. 13:18) claramente se refiere a César Nerón; pero si Juan sólo hubiese tenido la intención de que sus lectores entendieran "César Nerón", habría escrito "César Nerón", no "666". 79  Usó el número 666 a causa de un sistema ya establecido de imágenes bíblicas que le permitía decir muchas cosas acerca de Nerón simplemente usando ese número. Como dice Philip Barrington: "Mucha gente 'interpreta' el Apocalipsis ... como si cada detalle de cada visión tuviera un significado definible que pudiera explicarse en otras tantas palabras. Estos comentaristas son racionalizadores, deficientes en el sentido místico. El simbolismo es una manera de sugerir la verdad acerca de aquellas grandes realidades espirituales que excluyen una exacta definición o una completa sistematización; es por eso que se emplea mucho en el culto ... El símbolo es mucho más rico en significado que cualquiera que podamos extraer de él. Lo mismo ocurre con las parábolas y las enseñanzas simbólicas de Jesús. Lo mismo sucede con los sacramentos y los actos simbólicos de la iglesia, y hasta de la sociedad. Se pueden fabricar muchos sistemas lógicos para explicar el 'significado' de agitar las manos o hacer la señal de la cruz; pero, a causa de su simplicidad y universalidad, estas acciones significan más de lo que las palabras pueden explicar". 80

 

Además, "los profetas en general usan muchas hipérboles y pintorescas exageraciones a la manera de la poesía oriental. Según los días de los árboles serán los días de mi pueblo (Isa. 65:22). Yo destruí delante de ellos al amorreo cuya altura era como la altura de los cedros (Amós 2:9): afirmaciones que significan respectivamente 'muy viejo' y 'muy alto'. Datan de la poesía primitiva: Los montes saltaron como carneros ... La tierra tembló y se estremeció (Sal. 114). Los poetas, hasta los poetas occidentales, siempre continuarán usando esta forma de hablar. Incluye el uso de figuras enormes; un reino de cuarenta años significa un reinado bastante prolongado, y un reino de mil años significa un reino bien largo. La poesía de Jesús tiene este rasgo en grado superlativo; los camellos son tragados o pasados a través de ojos de agujas; los montes son lanzados a las profundidades del mar; a un hombre se le mete un tronco de árbol en el ojo.

 

"La gente sin suficiente imaginación para entender y disfrutar de esto debería alejarse de Apocalipsis. De la misma manera que un testigo tiene que entender 'la naturaleza de un juramento', un comentarista debería entender la naturaleza de un poema, y hasta de un chiste. Muchos que son deficientes en el sentido de la poesía y en el sentido del humor han probado suerte con el Apocalipsis, y lo han echado todo a perder". 81

 

El maximalismo interpretativo
James Jordan observó una vez que la mayoría de los evangélicos conservadores utilizan, sin proponérselo, un enfoque "liberal" de las Escrituras en sus sermones y comentarios. Por años, los liberales han sostenido que la Biblia no es revelación en sí misma; sostienen que, más bien, es un registro [defectuoso] de la revelación. Aunque los evangélicos conservadores profesan creer que la Biblia misma es revelación (y, como tal, inspirada, autorizada, e infalible), sus métodos expositivos niegan esto. En la práctica, los conservadores mismos a menudo tratan a la Biblia como sólo un "registro" de la revelación. Los comentarios evangélicos tienden a no tratar con el texto verdadero de la Biblia, sino sólo con los sucesos relatados en el texto, y prestar escasa atención a la redacción y la arquitectura de la revelación de Dios. (Irónicamente, puesto que los liberales no creen que los sucesos ocurrieron realmente, algunas veces tienden a prestar más atención al texto mismo. Eso es todo lo que les queda).

 

La marca de un buen instructor bíblico es que constantemente está preguntando: ¿Por qué se cuenta el relato de esta manera en particular? ¿Por qué se repite varias veces esta palabra o frase en particular? (¿Cuántas veces?) ¿Qué tiene este relato en común con otros relatos? ¿Por qué es diferente? ¿Por qué llama nuestra atención el texto a detalles aparentemente sin importancia? ¿Cómo encajan los incidentes menores en el argumento del libro como un todo? ¿Qué dispositivos literarios (metáfora, sátira, drama, comedia, alegoría, poesía, etc.) usa el autor? ¿Por qué se aparta el libro algunas veces de un estricto orden cronológico (por ejemplo, poniendo algunos relatos "fuera de orden")? ¿Cómo se relacionan estos relatos con el Relato principal que la Biblia cuenta? ¿Qué nos dice este relato acerca de Jesucristo? ¿Qué tiene que ver este relato con nuestra salvación? ¿Por qué se molestó Dios en darnos esta información particular?

 

En su discurso de graduación como profesor de teología bíblica en el Princeton Theological Seminary en 1894, Geerhardus Vos habló de las ventajas del enfoque bíblico-teológico al estudio de la Escritura; entre éstas, dijo, está "la nueva vida y el frescor que da a la antigua verdad, mostrándola en toda su histórica vividez y realidad con el rocío mañanero de la revelación sobre sus hojas abiertas. Ciertamente, no es sin importancia que Dios haya incorporado el contenido de la revelación, no en un sistema dogmático, sino en un libro de historia, cuyo paralelo en interés dramático y sencilla elocuencia no se encuentra en ninguna parte. Es esto lo que hace que las Escrituras hablen y apelen a, y toquen, los corazones y lleven las mentes de los hombres cautivas hacia la verdad en todas partes. Nadie podrá manejar la Palabra de Dios más efectivamente que aquél a quien se han abierto las cámaras del tesoro de su significado histórico". 82

 

Uno de los descubrimientos más importantes que puede hacer cualquier instructor bíblico es comprender las imágenes básicas presentadas en los primeros capítulos de Génesis - luz y oscuridad, agua y tierra firme, cielo y nubes, montañas y jardines, bestias y dragones, oro y joyas, árboles y espinos, querubines y espadas llameantes - todas las cuales forman un relato grandioso y glorioso, el verdadero "cuento de hadas", que puede ser captado y en el cual pueden deleitarse niños muy jóvenes. 83  Todo en la Escritura es "simbólico". Jordan llama a esto "maximalismo interpretativo", un enfoque que armoniza con el método interpretativo usado por los padres de la Iglesia, en contraposición al "minimalismo" que ha caracterizado los comentarios fundamentalistas-evangélicos desde el surgimiento del racionalismo. 84

 

Un buen ejemplo de esto es la discusión de Jordan de Jueces 9: 53: "Mas una mujer dejó caer un pedazo de una rueda de molino sobre la cabeza de Abimelec, y le rompió el cráneo". (Nota: El texto no dice simplemente que "Abimelec fue muerto". Los detalles están allí por una razón). Por razones simbólicas, es importante que una mujer aplastó la cabeza del tirano (véase, por ejemplo, Gén. 3: 15; comp. Judas 5: 24-27); que fue destruido por una piedra (comp. Deut. 13:10; Judas 9:5; 1 Sam. 17:49; Dan. 2:34; Mat. 21:44); y que era una rueda de molino, un implemento de trabajo para derrotar la tiranía (comp. Zac. 1: 18-21). 85

 

 Pero, ¿hay algún control para el "maximalista"? ¿Cómo evade la acusación de que está siendo meramente especulativo, y que interpreta el texto según su prejuicio personal o el capricho del momento? Por supuesto, la acusación de que un intérprete está siendo "especulativo" puede ser, la mitad de las veces, poco más que una cortina de humo para disfrazar la ignorancia del acusador de aquéllo de lo cual habla el intérprete. Por lo tanto, la pregunta apropiada es si el intérprete está o no procediendo en su investigación según las líneas de pensamiento bíblicas. ¿Significa esto que debe apegarse al así llamado "sentido llano" del texto? Podría responderse que el "sentido llano" para un hombre es "especulación" para otro. Un hiper-literalista objetaría cualquier nivel de simbolismo en absoluto. (Por ejemplo, un predicador popular en realidad enseña, basado en el "sentido llano" de Apocalipsis 12, ¡que hay un dragón de verdad, vivo, que escupe fuego, que tiene siete cabezas, y que vuela en el espacio exterior! El literalista más común y promedio rechaza todo simbolismo no enseñado explícitamente como tal en la Escritura. Pero ninguna de estas posiciones está apoyada por la Biblia. Dios nos ha dado principios para interpretar su Palabra, y espera que los usemos. Nuestra meta al enseñar la Biblia es, para ponerlo en términos sencillos, enseñar la Biblia, según las normas de exégesis de la propia Biblia - ya sea que encajen o no en las ideas de "sencillez" de cada uno.

 

Hay por lo menos dos cosas que pueden mantener a un intérprete sobre el sendero bíblico, evitando las trampas de la especulación de grado o por fuerza. Primero, debe ser fiel al sistema de doctrina enseñado en la Biblia. Leer la Biblia con ojos teológicos, en términos de teología sistemática e histórica, es un freno efectivo contra la especulación desenfrenada. Segundo, el intérprete debe tener presente que los símbolos de la Biblia no están aislados; más bien, son parte de un sistema de simbolismo dado en la Biblia, una arquitectura de imágenes en la cual todas las partes encajan juntas. Si leemos la Biblia teológicamente, con honestidad y cuidado, y con respecto a la estructura literaria de la propia Biblia, no nos desviaremos mucho. 86

 

El enfoque contemporáneo del Apocalipsis
El propósito del Apocalipsis fue revelar a Cristo como Señor a una iglesia sufriente. Por cuanto estaban siendo perseguidos, los primeros cristianos podían sentirse tentados a temer que el mundo se estaba descontrolando - que Jesús, que había rcclamado "toda autoridad ... en el cielo y en la tierra" (Mat. 28:18), en realidad no tenía ningún control en absoluto. Los apóstoles a menudo advertían contra este error de centrarse en el hombre, recordándole al pueblo que Dios es soberano sobre toda la historia (incluyendo nuestras tribulaciones particulares). Esta fue la base de algunos de los más hermosos pasajes de consuelo en el Nuevo Testamento (por ej., Rom. 8: 28-39; 2 Cor. 1:3.7; 4: 7-15).

 

 La principal preocupación de Juan al escribir el libro de Apocalipsis era esto mismo: fortalecer la comunidad cristiana en la fe en el señorío de Cristo Jesús, hacerles conscientes de que las persecuciones que sufrían estaban totalmente incluidas en la gran guerra de la historia. El Señor de la gloria había ascendido a su trono, y los gobernantes impíos ahora resistían Su autoridad persiguiendo a Sus hermanos. El sufrimiento de los cristianos no era una señal de que Jesús había abandonado este mundo al diablo; más bien, revelaba que Él era Rey. Si el señorío de Jesús no hubiese tenido ningún significado, los impíos no habrían tenido ninguna razón en absoluto para afligir a los cristianos. Pero, en vez de eso, perseguían a los seguidores de Jesús, mostrando que se veían obligados a reconocer Su supremacía sobre el gobierno de ellos. El libro de Apocalipsis presenta a Jesús cabalgando sobre un caballo blanco como "Rey de Reyes y Señor de Señores" (19:16), combatiendo con las naciones, juzgando y haciendo guerra en justicia. Los cristianos perseguidos no estaban en absoluto abandonados por Dios. En realidad, estaban en las líneas del frente del conflicto de los tiempos, un conflicto en el cual Jesucristo ya había ganado la batalla decisiva. Desde su resurrección, toda la historia ha sido una operación de "limpieza", en la cual las implicaciones de su obra están siendo gradualmente implementadas a través del mundo. Juan es realista: Las batallas no serán fáciles, ni saldrán ilesos los cristianos. A menudo, la guerra será sangrienta, y mucha de la sangre será nuestra. Pero Jesús es Rey, Jesús es Señor, y (y como dice Lutero), "Él debe ganar la batalla". El Hijo de Dios sale a la guerra, conquistando y a conquistar, hasta que haya puesto a todos sus enemigos bajo sus pies.

 

El tema del Apocalipsis era, pues, contemporáneo; esto es, fue escrito a y para los cristianos que estaban vivos en el tiempo en que el libro se entregó por primera vez. Nos equivocamos al interpretarlo futurísticamente, como si su mensaje estuviera destinado principalmente para un tiempo 2000 años después de que Juan lo escribió. (Es interesante - pero no sorprendente - que los que interpretan el libro "futurísticamente" siempre parecen enfocar sobre su propia época el tema de las profecías. Convencidos de su propia importancia, son incapaces de verse a sí mismos viviendo en ninguna otra época que no sea el clímax de la historia). Por supuesto, los sucesos que Juan predijo estaban "en el futuro" para Juan y sus lectores; pero ocurrieron poco después de que los escribió. Interpretar el libro de otra manera es contradecir tanto el alcance de la obra como un todo, como los pasajes en particular que indican el tema. Para nosotros, la gran mayoría de Apocalipsis es historia: Ya sucedió.

 

El mayor enemigo de la iglesia primitiva era el Israel apóstata, que usaba el poder del Imperio Romano pagano para tratar de erradicar el cristianismo, tal como había usado a Roma para crucificar al mismo Señor. El mensaje de Juan en Apocalipsis era que este gran obstáculo contra la victoria de la iglesia sobre el mundo pronto sería juzgado y destruído. Su mensaje era contemporáneo, no futurista.

 

Algunos se quejarán de que esta interpretación convierte a Apocalipsis en "irrelevante" para nuestra época. Una idea más descabellada que ésta es difícil imaginarla. ¿Son los libros de Romanos y Efesios "irrelevantes" sólo porque fueron escritos para los creyentes en el siglo primero? ¿Deben ser descartados 1 Corintios y Gálatas porque trataban los problemas del siglo primero? ¿No es toda la Escritura útil para los creyentes de todas las épocas? (2 Tim. 3: 16.17)? En realidad, son los futuristas los que han convertido en irrelevante al Apocalipsis - pues en la hipótesis futurista ¡este libro ha sido inaplicable desde el tiempo en que fue escrito hasta el siglo veinte! Sólo si vemos al Apocalipsis en términos de su relevancia contemporánea es el libro cualquier cosa menos letra muerta. Desde el comienzo, Juan declaró que su libro estaba destinado a "las siete iglesias que están en Asia" (1:4), y debemos suponer que quería decir lo que estaba diciendo. Es claro que esperaba que aún los símbolos más difíciles de la profecía pudieran ser entendidos por sus lectores del siglo primero (13:18). Ni una sola vez dio a entender que su libro fue escrito teniendo en mente el siglo veinte, y que los cristianos desperdiciarían su tiempo tratando de descifrarlo hasta que la Biblia de Referencia de Scofield se convirtiera en una novela mejor vendida. La principal relevancia del Libro de Apocalipsis era para sus lectores del siglo primero. Todavía es relevante para nosotros en la actualidad, al entender su mensaje y aplicar sus principios a nuestras vidas y a nuestra cultura. Cristo Jesús todavía exige de nosotros lo que exigía de la iglesia primitiva: absoluta fidelidad a Él.

 

La naturaleza contemporánea del Apocalipsis será defendida a través de todo este comentario, pero podemos considerar varias líneas de evidencia en este punto. Primero, hay el tono general del libro, que se ocupa de los mártires (véase, por ejemplo, 6:9; 7:14; 12:11). 87  El tema es claramente la situación presente de las iglesias: El Apocalipsis fue escrito para una iglesia sufriente, para consolar a los creyentes durante su tiempo de prueba (que tuvo lugar, como hemos visto, bajo Nerón, no bajo Domiciano). Son particularmente apropiadas las observaciones de J. Stuart Russell sobre este punto: "¿Era un libro enviado por un apóstol a las iglesias de Asia Menor, con una bendición sobre sus lectores, simplemente un galimatías ininteligible, un enigma inexplicable para ellos? Difícilmente. Sin embargo, si el libro estuviera destinado a revelar los secretos de tiempos distantes, ¿no debería haber sido, por necesidad, ininteligible para sus primeros lectores - y no sólo ininteligible, sino también irrelevante e inútil? Si hablara, como algunos querrían hacernos creer, de hunos y godos y sarracenos, de emperadores medievales y de papas, de la Reforma Protestante y la Revolución Francesa, ¿qué posible interés o significado podría tener para las iglesias cristianas de Éfeso, Esmirna, y Filadelfia, y Laodicea? Especialmente cuando consideramos las circunstancias reales de aquellos cristianos primitivos - muchos de los cuales soportaban crueles ssuufrimientos y penosas persecuciones, y todos los cuales esperaban ansiosamente que se acercara la hora de la liberación que ahora estaba a las puertas - ¿a qué propósito podría haber respondido enviarles un documento que se les instaba a leer y considerar, pero que, sin embargo, se ocupaba de sucesos históricos tan distantes que estaban más allá del alcance de sus simpatías, y tan oscuro que aún en la actualidad los críticos más sagaces difícilmente se ponen de acuerdo sobre un solo punto de él?

 

"¿Es concebible que un apóstol se burlara de los cristianos sufrientes y perseguidos de su tiempo con oscuras parábolas sobre épocas distantes? Si este libro estuviera destinado realmente a ministrar fe y consuelo a las mismas personas a las cuales se les envió, incuestionablemente debería tratar de asuntos en los cuales ellas estuvieran interesadas, práctica y personalmente. ¿Y no sugiere esta misma consideración la verdadera clave del Apocalipsis? ¿No debe por necesidad referirse a cuestiones de historia contemporánea? La única hipótesis sostenible y razonable es la de que estaba destinado a ser entendido por sus lectores originales; pero esto es tanto como decir que debe ocuparse de los sucesos y las transacciones de sus propias días, y éstos, comprendidos dentro de un espacio de tiempo comparativamente corto". 88

 

Segundo, Juan escribe que el libro concierne a "las cosas que deben suceder pronto" (1:1), y advierte que "el tiempo está cerca" (1:3). Por si acaso lo pasamos por alto, dice nuevamente, al final del libro, que "el Señor, el Dios de los espíritus de los profetas, envió a su ángel para mostrarles a sus siervos las cosas que deben suceder pronto" (22:6. Dado que una prueba importante de un verdadero profeta es el hecho de que sus profecías se cumplan (Deut. 18: 21-22), los lectores de Juan del siglo primero tenían plena razón en esperar que este libro tuviera una significación inmediata. Simplemente, a las palabras pronto y cerca  no se las puede hacer significar nada que no sea lo que dicen. Algunos objetarán esto basándose en 2 Pedro 3:8, en el sentido de que "un día es para el Señor como mil años, y mil años como un día". Pero el contexto allí es enteramente diferente: Pedro está exhortando a sus lectores del siglo primero a ser pacientes con respecto a las promesas de Dios, asegurándoles que la fidelidad de Dios a su Santa Palabra no se agotará ni disminuirá.

 

El libro de Apocalipsis no es sobre la Segunda Venida de Cristo. Es sobre la destrucción de Israel y la victoria de Cristo sobre sus enemigos en el establecimiento del templo del nuevo pacto. En realidad, como veremos, la palabra venida, como se usa en el libro de Apocalipsis, nunca se refiere a la Segunda Venida. Apocalipsis profetiza el juicio de Dios sobre el Israel apóstata; y aunque sí señala brevemente a sucesos más allá de lo que le concierne de manera inmediata, esto se hace apenas como una "conclusión", para mostrar que los impíos nunca podrán prevalecer contra el reino de Cristo. Pero el enfoque principal de Apocalipsis es sobre sucesos que habrían de tener lugar pronto.

 

Tercero, Juan identifica ciertas situaciones como contemporáneas: En 13:18 , claramente estimula a sus lectores contemporáneos a calcular el "número de la Bestia" y descifrar su significado; en 17:10, uno de los siete reyes está actualmente en el trono; y Juan nos dice que la gran ramera "es [tiempo presente] la gran ciudad, que reina [tiempo presente] sobre los reyes de la tierra" (17:18). Nuevamente, el propósito era que el Apocalipsis fuera entendido en términos de su significado contemporáneo. Una interpretación futurista se opone completamente a la manera en que Juan mismo interpreta su propia profecía.

 

Cuarto, debemos notar cuidadosamente las palabras del ángel en 22:10: "No selles las palabras de la profecía de este libro, porque el tiempo está cerca". Nuevamente, por supuesto, se nos dice explícitamente que la profecía es de naturaleza contemporánea; pero hay más. La declaración del ángel contrasta con la orden que Daniel recibió al final de su propio libro: "Cierra las palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin" (Dan. 12:4). A Daniel se le ordenó específicamente que sellara la profecía, porque se refería al "fin", en el futuro distante. Pero a Juan se le dice que no selle la profecía, porque el tiempo del cual habla está cerca.

 

Así pues, el enfoque del libro de Apocalipsis es sobre la situación contemporánea de Juan y sus lectores del siglo primero. Se escribió para mostrarles a aquellos primeros cristianos que Jesús es Señor, "el soberano de los reyes de la tierra" (Apoc. 1:5). Muestra que Jesús es la clave de la historia mundial - que nada puede ocurrir fuera de su voluntad soberana, que Él será glorificado en todas las cosas, y que sus enemigos morderán el polvo. Los cristianos de esos días estaban tentados a transigir con el estatismo y las falsas religiones de sus días, y necesitaban este mensaje sobre el absoluto dominio de Cristo sobre todos, para que pudieran ser fortalecidos en la guerra a la cual eran llamados.

 

Y también nosotros necesitamos este mensaje. También nosotros estamos sujetos diariamente a las amenazas y seducciones de los enemigos de Cristo. También a nosotros se nos pide - hasta por parte de otros cristianos - que transijamos con las modernas Bestias y Rameras para salvarnos (o salvar nuestros empleos o las exenciones sobre nuestras propiedades o impuestos). Y también nosotros nos enfrentamos a una elección: rendirnos a Jesús o rendirnos a Satanás. El Apocalipsis habla poderosamente hoy día, y su mensaje para nosotros es el mismo que para la iglesia primitiva: que "no hay una sola pulgada cuadrada de terreno en el cielo o en la tierra en la cual haya paz entre Cristo y Satanás"; 89  que nuestro Señor exige sometimiento universal a su ley; y que Él ha predestinado a su pueblo a la conquista victoriosa y al dominio victorioso sobre todas las cosas en Su nombre. No debemos transigir en modo alguno, y no debemos dar cuartel en la gran batalla de la historia. Se nos ordena ganar.

 

Una nota sobre el texto
Yo no profeso ser un crítico textual. Sin embargo, para producir un comentario detallado, fue necesario decidir de una forma u otra cuál tradición textual del Nuevo Testamento seguir. La traducción en este comentario se basa mayormente en las recomendaciones de Hodges y Farstad en su Nuevo Testamento Griego "Texto de mayoría". 90  Los argumentos básicos para la posición del Texto de Mayoría han sido presentados en las obras de Jakob van Bruggen, 91  Wilbur N. Pickering, 92  Harry A. Sturz, 93  y otros; 94  no es necesario enmerarlos aquí. Sin embargo, sí deseo subrayar que el punto en discusión no es realmente de mayoría (es decir, simplemente contar manuscritos) sino de catolicidad: El punto del "Texto de mayoría" es que es el Texto católico, el Nuevo Testamento usado por la iglesia universal de todas las épocas 95  en contraste con el así llamado "texto crítico" de la mayoría de las traducciones modernas, que representan una tradición pequeñita y variante producida en Egipto.

 

Resumen general del Apocalipsis
El siguiente bosquejo es simplemente una versión más detallada de la estructura de pacto mencionada anteriormente. El Apocalipsis es tan complejo que uno se siente tentado a embarcarse en interminables análisis estructurales (algunos se notarán a medida que procedemos a través del comentario). Hay un punto adicional que no debe ser pasado por alto desde el comienzo, sin embargo. Envolviendo el libro entero está el tema del Esposo y la Esposa, y la profecía está dividida en partes iguales entre estos dos motivos. De este modo:

 

I. El Esposo, Capítulos 1-11: Esta sección comienza (1:19-20) y termina (10:1-7) con visiones del Hijo del Hombre, vestido de gloria.

H. La Esposa, Capítulos 12-22: Esta sección comienza (12:1-2) y termina (21:9-27) con visiones de la Iglesia, vestida de gloria.

Bosquejo del Apocalipsis

 I. Preámbulo: La visión de Juan del Hijo del Hombre (1:1-20)

II. Prólogo Histórico: Cartas a las siete iglesias (2:1-3:22)
     A. Éfeso (2:1-7)
     B. Esmirna (2:8-11)
     C. Pérgamo (2:12-17)
     D. Tiatira (2:18-29)
     E. Sardis (3:1-6)
     F. Filadelfia (3:7-13)
    G. Laodicea (3:14-22)

III. Estipulaciones: Los Siete Sellos (4:1-7:17)
     A. El trono (4:1-11)
     B. El libro sellado (5: 1-5)
     C. El Cordero como inmolado (5:6-14)
     D. Los primeros cuatro sellos: Jinetes (6:1-8)
     E. El quinto sello: Mártires (6:9-11)
     F. El sexto sello: La de-creación (6:12-17)
     G. Los 144.000 sellados (7:1-8)
     H. La grande muchedumbre (7:9-17)

IV. Sanciones: Las siete trompetas (8:1-14:20)
     A. El séptimo sello: El altar de incienso (8:-1-5)
     B. Las primeras cuatro trompetas (8:6-13)
     C. La quinta trompeta: Langostas del abismo (9:1-12)
     D. La sexta trompeta: El ejército de 200 millones (9:13-21)
     E. El ángel del juramento (10:1-7)
     F. El librito (10:8-11)
     G. Los dos testigos (11:1-14)
     H. La séptima trompeta: Viene el reino (11:15-19)
     I.  La mujer, la simiente, y el dragón (12:1-6
     J.  Miguel y el dragón (12:7-12)
     K. La huída de la mujer (12:13-17)
     L. La bestia que sube del mar (13:1-10)
    M. La bestia que sube de la tierra (13:11-18)
    N.  El Cordero y los 144.000 sobre el monte de Sión (14:1-5)
    O.  El evangelio y las copas envenenadas (14:6-13)
    P.  La siega y la vendimia de la tierra (14:14-20)

V. A.  El cántico de victoria (15:1-4)
    B.  Se abre el tabernáculo (15:5-8)
    C.  Las primeras cuatro copas: La creación se venga (16:1-9)
    D.  Las últimas cuatro copas: ¡Consumado es! (16:10-21)
    E.  Babilonia: La gran ramera (17:1-5)
    F.  Babilonia: El misterio explicado (17:6-18)
    G.  ¡Ha caído babilonia! (18:1-8)
    H.  Reacciones a la caída de Babilonia (18:9-20)
     I.  Babilonia es derribada (18:20-24)
     J.  La cena de las bodas del Cordero (19:1-10)
    K.  El jinete del caballo blanco (19:11-16)
    L.  El festín de las aves (19:17-18)
   M.  La destrucción de las bestias (19:19-21)
   N.   Satanás atado (20:1-3)
   O.   La primera resurrección y la última batalla (20:4-10)
   P.   El juicio final (20:11-15)
   Q.   La nueva creación (21:1-8)
   R.   La nueva Jerusalén (21:9-27)
   S.   El río de vida (22:1-5)
   T.   ¡Ven, Señor Jesús! (22:6-21)



Notas:

1. Contrástese esto con el tono de la carta de Clemente a los corintios. Como dice J. B. Lightfoot en su edición de The Apostolic Fathers (Vol. 1, p. 352: "Se reclama en efecto autoridad para los pronunciamientos de la carta en un tono no vacilante, pero es la autoridad de la hermandad que declara la mente de Cristo por el Espíritu, no la autoridad de un hombre, ya sea obispo o papa". Citado en la obra de A. T. Robinson, Redating the New Testament (Philadelphia: The Westminster Press, 1976), p. 328.

 

2. Véase de William Hendrksen, More Than Conquerors: An Interpretation of the Book of Revelation (Grand Rapids: Baker Book House, 1939), pp. 17ss., para una lista de tales similitudes. Por ejemplo, cita a Juan 7:37 y Apoc. 22:17; Juan 10:18 y Apoc. 2:27; Juan 20:12 y Apoc. 3:4; Juan 1:1 y Apoc. 19:13; Juan 1:29 y Apoc. 5:6.

 

3. Austin Farrer, The Revelation of St. John the Divine (Oxford: At the Clarendon Press, 1964), pp 41ss.

4. Un ejemplo menor de esto en Juan es 1:9-2:11, que sigue una estructura de siete días modelada según la semana de la creación; véase de David Chilton, Paradise Restored: A Biblical Theology of Dominion (Ft. Worth, TX: Domninion Press, 1985), pp. 62s.

5. Hasta cierto punto, esto está demostrado en la tradición registrada en Eusebio de que, como Obispo de Éfeso, Juan "era sacerdote, y llevaba puesta la placa sacerdotal" - es decir, el petalon, insignia del sumo sacerdote que se llevaba en la frente (Eccesiastical History, v.xxiv). Por supuesto, es probable que Juan y los otros "ministros del Nuevo pacto" llevaran un "uniforme" distintivo que correspondía a su posición oficial, y es posible que sus ropas y su "distintivo oficial" fueran similares a los que llevaban los sacerdotes israelitas.

 

6. Alfred Edersheim, The Temple: Its Ministry and Services As They Were at the Time of Christ (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 1980) pp. 141s.

7. Ibid., p. 142.

8. Ibid., p. 141.

9. San Ireneo, Against Heresies, v. xxx.3; citado por Eusebio en su Ecclesiastical History, iii.xviii.2.3; v.viii.6.

10. Véase de Arthur Stapylton Barnes, Christianity at Rome in the Apostolic Age (London: Methuen Publishers, 1938), pp. 167ss.

11. Véase la discusión en la obra de John A. T. Robinson, Relating the New Testament (Philadelphia: The Westminster Press, 1976), pp. 221ss.

12. H. B. Swete, Commentary on Revelation (Grand Rapids: Kregel Publications [1911] 1977), p. xcix.

13. Véase la detallada discusión en la obra de Moses Stuart, Commentary on the Apocalypse (Andover: Allen, Merrill and Wardwell, 1845), Vol. I, pp. 263-284; véase también James MacDonald, The Life and Writings of St. John (London: Hodder and Stoughton, 1877), pp. 151-177.

14. Robinson tiene en mente las declaraciones del pastor cristiano Clemente (1 Clemente 6) y del historiador pagano Tácito (Annals, xv.44).

15. Robinson, p. 233; comp. pp. 236ss.

16. Aunque no basa su argumento en consideraciones teológicas, esta es la tesis de J. A. T. Robinson en Redating the New Testament. Llega a esta conclusión a través de un cuidadoso estudio de la evidencia tanto externa como interna en relación con cada libro del Nuevo Testamento. Se encuentra apoyo de hallazgos arqueológicos a favor de un Nuevo Testamento primitivo en la obra de David Estrada y William White Jr., The First New Testament (Nashville: Thomas Nelson, 1978). Véase también de Ernest L. Martin, The Original Bible Restored (Pasadena: Foundation for Biblical Research, 1984), para su interesante tesis de que el Nuevo Testamento fue canonizado por Pedro y Juan.

 

17. Atanasio, el "santo patrono del post-milenismo", aplica la promesa "milenista" de Isaías 11:9 a los triunfos de la era del Nuevo pacto.

18. Atanasio, On the Incarnation, Hermana Penélope Lawson, trad. (New York: MacMillan Publishing Co., 1946), pp. 61ss. Rousas John Rushdoony señala al mismo punto en su exposición de Dan. 9:24: "'Las visiones y los profetas' serán sellados o terminados, la revelación de Cristo en el Nuevo Testamento resumiendo y dando conclusión a las Escrituras". Thy Kingdom Come: Studies in Daniel and Revelation (Tyler, TX: Thoburn Press, [1970] 1978), p. 66.

 

19. C. J. Hemer, "Seven Cities of Asia Minor", in R. K. Harrison, cd., Major Cities of the Biblical World (Nashville: Thomas Nelson Publishers, 1985), p. 235.

20. W. H. C. Frend, The Rise of Christianity (Philadelphia: Fortress Press, 1984), p. 127.

21. H. B. Swete, Commentary on Revelation (Grand Rapids: Kregel Publications, [1911] 1977, p. lxxxix.

22. Ethelbert Stauffer, Christ and the Caesars (Philadelphia: Westminster Press, 1955), p. 88.

23. Francis A. Schaeffer, How Shall We Then Live? (Old Tappan, NJ: Fleming H. Revell, 1976), p. 24.

24. Rousas John Rushdoony, The One and the Many: Studies in the Philosophy of Order and Ultimacy (Tyler, TX: Thoburn Press [1971], 1978), p. 92.

25. Ibid., pp. 92s.

26. Ibid., p. 93. Rushdoony cita a Francis Legge, Forerunners and Rivals of Christianity. From 330 B. C. to 330 A. D. (New Hyde Park, NY: University Books, [1915], 1964), vol. I, pp. xxics.

27. Comp. Swete, p. lxxxi.

28. Hal Lindsey, There's a New World Coming (Eugene, OR: Harvest House Publishers, 1973), p. 140.

29. J. L. Martin, The Voice of the Seven Thunders: or, Lectures on the Apocalypse (Bedford, IN: James M. Mathes, Publisher, sexta cd., 1873), pp. 149s.

30. Ibid., pp. 151s.

31. Richard B. Gaffin Jr., ed., Redemptive History and Biblical Interpretation: The Shorter Writings of Geerhardus Vos (Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1980), p. 10.

32. Meredith G. Kline, Treaty of the Great King: The Covenant Structure of Deuteronomy (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 1963); ídem., The Structure of Biblical Authority (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., segunda ed., 1975).

33. Ray R. Sutton, That You May Prosper: Dominion by Covenant (Tyler, TX: Insitute for Christian Economics, 1987).

34. Dicho sea de paso, el punto no es que la Escritura sigue el modelo de los tratados paganos, sino más bien, como arguye Sutton, que las formas de tratado paganas se derivaron en última instancia del pacto de Dios.

35. La expresión bíblica Últimos Días se refiere propiamente al período desde el advenimiento de Cristo hasta la destrucción de Jerusalén en el año 70 d. C., "los últimos días" de Israel durante el período de transición del Antiguo pacto al Nuevo pacto (Heb. 1:1-2; 8:13; Sant. 5:1-9; 1 Ped. 1:20; 1 Juan 2:18). Véase de David Chilton, Paradise Restored, pp. 122, 237-290; comp. mi serie de estudios sobre este tema, publicada en el Geneva Review, P. O. Box 131300, Tyler, TX 75713.

 

36. El número siete, por sí solo, se usa usa cincuenta y cuatro veces en Apocalipsis; y hay muchos ejemplos (más de los que yo he intentado contar) de palabras y frases mencionadas siete veces, o arracimadas en grupos de siete.

 

37. Es verdad que la mayoría de los comentarios busca encontrar siete o más series de siete, pero, al hacerlo así, no se están adhiriendo al bosquejo formal de Juan. Ciertamente, no hay nada erróneo en intentar descubrir las muchas estructuras sutiles del libro; pero por lo menos debemos comenzar con el orden explícito del autor antes de hacer refinamientos.

 

38. E. Laird Harris, Gleason Archer, y Bruce Waltke, ed., Theological Wordbook of the Old Testament (Chicago: Moody Press, 1980), p. 341.

39. James B. Jordan, The Law of the Covenant: An Exposition of Exodus 21-23 (Tyler, TX: Institute for Christian Economics, 1984), p. 266.

40. Ibid., pp. 266-271.

41. La imagen figurada de la prostitución se usa consistentemente para representar la apostasía contra el pacto. En realidad, hay sólo dos casos en toda la Escritura en que el término se aplica a otras naciones. En ambos casos (Tiro, Isa. 23:15-17; y Nínive, Nah. 3:4), eran naciones que habían estado en pacto con Dios por medio de Israel.

 

42. Véase de J. P. M. Sweet, Revelation (Philadephia: The Westminster Press, 1979), pp. 52-54.

43. Véase, por ejemplo, Ferrell Jenkins, The Old Testament in the Book of Revelation (Grand Rapids: Baker Book House, [1972] 1976, pp. 54ss.

44. Albert Vanhoye, "L'utilisation du Livre d'Ezechiel clans l'Apocalypse", Biblica 43 (1962), pp. 436-476 (véase esp. pp. 473-476).

45. Philip Barrington, The Meaning of the Revelation (London: SPCK, 1931), p. 65.

46. Esta lista se basa en Barrington (p. 64) y en M. D. Goulder, "The Apocalypse as an Annual Cycle of Prophecies", New Testament Studies 27, no. 3(Abril 1981), pp. 342-367).

47. M. D. Goulder, "The Apocalypse as an Annual Cycle of Prophecies", p. 350.

48. Austin Farrer, A Rebirth of Images: The Making of St. John's Apocalypse (Gloucester, MA: Peter Smith [1949] 1970, p. 22.

49. M. D. Goulder, The Evangelists' Calendar: A Lectionary Explanation of the Development of Scripture (London: SPCK, 1978).

50. Ibid., p. 7. Goulder sugiere que el Libro de Apocalipsis se escribió del mismo modo, como meditaciones de Juan sobre las lecturas leccionarias en su iglesia.

51. M. D. Goulder, "The Apocalypse as an Annual Cycle of Prophecies", pp. 350s.

52. Ibid., pp. 353-354. James B. Jordan ha escrito una serie muy útil de estudios sobre "El Cristianismo y el Calendario", publicados durante un período de tres años en The Geneva Papers (primera serie), disponible en los Geneva Ministries. P. O. Box 131300, Tyler, TX 75713. Véase especialmente el No. 27 (January 1984): "Is the Church Year Desirable?"

 

53. Massey H. Shepherd Jr., The Paschal Liturgy and the Apocalypse (Richmond: John Knox Press, 1960).

54. Ibid., p. 82.

55. Thomas Hopko, The Orthodox Faith, Vol. 4: The Bible and the Church History (Orthodox Church in America, 1973), pp. 64ss., citado en George Cronk, The Message of the Bible: An Orthodox Christian Perspective (Crestwood, NY: St. Vladimir´s Seminary Press, 1982), p. 259.

56. Dom Gregory Dix, The Shape of the Liturgy (New York: The Seabury Press, [1945] 1983, p. 312.

57. Véase de Leon Morris, Apocalyptic (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 1972).

58. Ferrell Jenkins, The Old Testament in the Book of Revelation (Grand Rapids: Baker Book House, 1976), p. 41. El libro de Jenkins es una excelente introducción breve a los antecedentes y al simbolismo bíblicos en Apocalipsis.

59. Morris,  p. 71.

60. Ibid., p. 60.

61. Jenkins, p. 41.

62. Morris, p. 79.

63. Benjamin B. Warfield, "The Prophecies of St. Paul", en Biblical and Theological Studies (Philadelphia: The Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1968), p. 470.

64. Uno de los mayores popularizadores de este punto de vista fue el apólogo racionalista cristiano Joseph Butler, que afirmaba que "la profecía no es sino la historia de los sucesos antes de que éstos ocurran". The Analogy of Religion, Natural and Revealed, to the Constitution and Course of Nature (Oxford: At the University Press, [1736] 1835), p. 310.

 

65. Véase de Chilton, Paradise Restored, pp. 15-63.

66. Merrill C. Tenney, Interpreting Revelation (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 1957), p. 101.

67. Ibid., p. 104.

68. Benjamin B. Warfield, "The Apocalypse" en Selected Shorter Writings of Benjamin B. Warfield (Nutley, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1973), vol. II, pp. 652s.

69. Herman Babinck, The Doctrine of God, William Hendriksen, trad. (Edimburgh: The Banner of Truth Trust, [1951] 1977).

70. Ibid., p. 86.

71. Ibid., p. 88.

72. Ibid., p. 91.

73. Ibid., p. 92.

74. Ibid., p. 94.

75. Para una discusión extensa del significado principal del simbolismo, véase de James B. Jordan, "Symbolism: A Manifesto", en The Sociology of the Church (Tyler, TX: Geneva Ministries, 1986).

76. Por esto, no debemos asustarnos cuando encontramos que la Biblia usa ciertos símbolos que son usados también en religiones paganas - por ejemplo, la referencia bíblica a las estrellas o a las constelaciones del Zodíaco. (Dicho sea de paso, "Zodíaco" no es una palabra oculta; simplemente se refiere a la ruta aparente del sol por los cielos, pasando "a través" de las doce constelaciones principales, de la manera en que Dios dispuso que lo hiciera). Algunas formas de paganismo enseñan que el agua está habitada por espíritus, y que (con los conjuros adecuados) su aplicación puede conferir poderes mágicos. Los cristianos no creen esto. ¿Deberíamos, por lo tanto, (para no ser confundidos con los paganos) abandonar el uso del bautismo? ¿O deberíamos abandonar la doctrina del nacimiento virginal sobre la base de que los dioses mitológicos han embarazado a las doncellas terrestres? Tales ejemplos pueden multiplicarse muchas veces. El paganismo, siendo una perversión de la verdad, tiene miríadas de doctrinas que son superficialmente similares al cristianismo. Esto no significa que debemos temer al paganismo: en vez de eso, significa que debemos reclamar los símbolos robados para el Señor Cristo Jesús.

 

77. Rousas J. Rushdoony, Thy Kingdom Come, p. 174.

78. Austin Farrer, A Rebirth of Images, pp. 10s. Para los lectores que verdaderamente desean seguir un estudio serio de las Escrituras, sugiero lo siguiente como un primer paso absolutamente necesario: Guarde todos sus libros sobre hermenéutica en un baúl hasta que haya leído de Laurence Perrine, Sound and Sense: An Introduction to Poetry (New York: Harcourt Brace Jovanovich, sexta ed., 1982), y de John Ciardi y Miller Williams, How Does a Poem Mean (Boston: Houghton Mifflin Con., segundo cd., 1975). Puede que almas más animosas deseen continuar más adelante con dos libros por Northrop Frye: Anatomy of Criticism (Princeton: Princeton University Press, 1957) y (con precaución) The Great Code: The Bible and Literature (New York: Harcourt Brace Jovanovich, 1982).

 

79. La idea de que él lo escribió "en código" porque temía ser arrestado por traición es obviamente falsa: Los profetas no eran hombres tímidos; y de todos modos, el Libro de Apocalipsis es "traidor" mucho antes de que Juan comience a hablar de Nerón. Los cristianos podían ser ejecutados por decir simplemente lo que Juan dice en el capítulo 1 - que Jesucristo es "el soberano de los reyes de la tierra".

 

80. Philip Barrington, The Meaning of Revelation, pp 84s.

81. Ibid., pp. 136s.

82. Geerhardus Vos, "The Idea of Biblical Theology", en la obra de Richard B. Gaffin, ed., Redemptive History and Biblical Interpretation: The Shorter Writings of Geerhardus Vos (Presbyterian and Reformed, 1980), p. 23.

83. Una buena introducción a los motivos literarios de la Escritura es la obra de Leland Ryken How to Read the Bible as Literature (Grand Rapids: Zondervan, 1984).

84. James B. Jordan, Judges: God´s War Against Humanism (Tyler, TX: Geneva Ministries, 1985), p. xii.

85. Ibid., pp. 175s.

86. Para mayor información sobre interpretación bíblica, véase de Geerhardus Vos, Biblical Theology: Old and New Testaments (Grand Rapids: Eerdmans, 1948); Meredith G. Kline, Images of the Spirit (Grand Rapids: Baker Book House, 1980); Vern S. Poythress, The Stained-Glass Kaleidoscope: Using Perspectives in Theology (programa de estudios impreso privadamente, Westminster Theological Seminary, Philadelphia, 1985); Richard L. Pratt, Jr., "Pictures, Windows, and Mirrors in Old Testament Exegesis", Westminster Theological Journal 45 (1983), pp. 156-167. Las tres conferencias de James B. Jordan sobre "Cómo Interpretar la Profecía" ("How to Interpret Prophecy") son una excelente introducción al simbolismo bíblico. Las tres cintas están disponibles en Geneva Ministries, P. O. Box 131300, Tyler, TX 75713.

 

87. Véase de Louis Bouyer, The Spirituality of the New Testament and the Fathers, trad. Mary P. Ryan (Minneapolis: The Seabury Press, 1963), pp. 120s.

88. J.Stuart Russell, The Parousia: A Critical Inquiry into the New Testament Doctrine of Our Lord´s Second Coming (Grand Rapids: Baker Book House, [1887] 1983), p.366.

89. Cornelius Van Til, Essays on Christian Education (Nutley, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1977), p. 27.

90. Zane C. Hodges y Arthur L. Farstad, The Greek New Testament According to the Majority Text (Nashville: Thomas Nelson Publishers, 1982). Es decir, donde la evidencia presentada por Hodges y Farstad parece inequívoca, la he seguido; donde parece menos clara, me he sentido en libertad de discrepar con ella.

91. Jakob van Bruggen, The Ancient Text of the New Testament (Winnipeg: Premier Printing Ltd., 1976); idem, The Future of the Bible (Nashville: Thomas Nelson Publishers, 1978).

92. Wilbur N. Pickering, The Identity of the New Testament Text (Nashville: Thomas Nelson Publishers, 1977).

93. Harry A. Sturz, The Byzantine Text-Type in New Testament Textual Criticism (Nashville: Thomas Nelson Publishers, 1984). Sturz asume una posición mucho más moderada que Hodges, Pickering, y los otros defensores del Texto de Mayoría. Su valioso estudio demuestra que las así llamadas lecturas "bizantinas" (es decir, de Texto de Mayoría) son tempranas e independientes. Por esto, aunque él no cree que el texto bizantino es "primario", muestra que tampoco puede ser considerado como "secundario".

 

94. Comp. David Otis Fuller, cd., Which Bible? (Grand Rapids: International Publishers, quinta ed., 1975); True or False? The Westcott-Hort Textual Theory Examined (Grand Rapids: International Publishers, 1973); Counterfeit or Genuine? - Mark 16? John 8? (Grand Rapids: International Publishers, 1975); Eduard F. Hills, The King James Version Defended! (Des Moines: Christian Research Press , 1956, 1973). Sin embargo, es importante observar que la posición de los partidarios del Texto de Mayoría no es la misma que la de los defensores de la King James Version (o del Textus Receptus). El argumento de este último grupo es que el verdadero texto ha sido preservado providencialmente en las lecturas del Textus Receptus, aún en los casos (por ej., 1 Juan 5:7; Apoc. 22:19) en que la evidencia del verdadero manuscrito griego es escasa o no existe. Es interesante que (en contraste con el resto del Nuevo Testamento) las lecturas del Texto de Mayoría para el Libro de Apocalipsis concuerdan más a menudo con el "texto crítico" que con el Textus Receptus.

 

95. Por esta razón, es extremadamente desafortunado que Hodges y Farstad hayan decidido ignorar las lecturas de los leccionarios tradicionales al ordenar su edición (The Greek New Testament According to the Majority Text, p. xviii).
Parte Uno

 

PREÁMBULO: EL HIJO DEL HOMBRE
 
(Apocalipsis 1)

 

Introducción

El preámbulo en Deuteronomio (1:1-5) comienza: "Estas son las palabras ..." 1  Luego, el texto identifica al orador como Moisés a quien, como mediador del Pacto, se le ha "ordenado" entregarle y explicarle la "ley" de Dios a Israel. "Por lo tanto, Yahvé es el Señor que da el pacto y Moisés es el representante y el mediador del pacto. De este modo, esta sección corresponde al preámbulo de los tratados extra-bíblicos, que también identificaba al orador, el cual, por medio del pacto, declaraba su señorío y reclamaba la obediencia del vasallo".2  En el Apocalipsis, el preámbulo comienza con una expresión similar: "La Revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan, que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto". (1:1-2).

 

El propósito del preámbulo del pacto es, pues, proclamar el señorío del Gran Rey, declarando su trascendencia e inmanencia, y dejando bien claro desde el comienzo que su voluntad ha de ser obedecida por su vasallos, sus siervos. Los tratados bíblicos establecen la trascendencia e inmanencia de Dios refiriéndose a una o más de tres actividades: creación, redención, y revelación. Son las últimas dos las que se subrayan especialmente en el preámbulo del Apocalipsis. Ya hemos notado el énfasis en la revelación divina en la frase inicial, y esto se subraya en los versículos siguientes. La iglesias han de "oir las palabras de esta profecía, y guardar las cosas en ella escritas", y el Señor pronuncia una bendición especial sobre los que obedecen (1:3); Juan se refiere nuevamente a sí mismo como el que ha testificado de "la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo" (1:9); además, habla de la revelación que vino a él en términos de los modelos corrientes y familiares de la revelación de pacto a través de la historia bíblica. "Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta, que decía: Escribe en un libro lo que ves ..." (1:10-11; véase más abajo).

 

La redención también se enfatiza en este pasaje: "Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén" (1:5-6). Además, se declara específicamente que Cristo es el Redentor, el Hijo del Hombre, que "viene con las nubes" en su gloriosa ascensión al Padre y el juicio venidero sobre Israel para recibir el imperio, la gloria, y un reino; que será visto por "los que le traspasaron", y sobre el cual se lamentarán "todas las tribus de la tierra" (1:7; comp. Dan. 7:13-14; Zac. 12: 10-14; Mat. 24:30; Juan 19:37; Efe. 1:20-22). La visión de Cristo que tuvo Juan desarrolla la idea de su obra redentora: Está ataviado como Sumo Sacerdote (1:13), revelado como la gloria de Dios encarnada (1:14-15), el Creador y Sustentador del mundo, cuya poderosa Palabra sale para conquistar a las naciones (1:16); que murió y resucitó de entre los muertos, y que vive para siempre jamás (1:17-18).

 

 
Notas:

1. El título de Deuteronomio en hebreo es simplemente: Las Palabras.

Parte Uno

1

 

REY DE REYES

 

Título y bendición (1:1-3)

1 La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan;
2 que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto.
3 Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.
1. Desde el comienzo, Juan deja bien claro que su libro revela, devela, descubre, los propósitos de Dios. No tiene la intención de ser misterioso o enigmático; de manera enfática, revela su tema. Específicamente, es la revelación de Jesucristo, que Dios le dio - en otras palabras, una revelación en la cual medió nuestro Señor en persona (comp. Heb. 1:2), sobre las cosas que deben suceder pronto. Por lo tanto, el Apocalipsis no se ocupa ni del alcance de la historia mundial ni del fin del mundo, sino de los sucesos que estaban en el futuro para Juan y sus lectores. Como veremos a través del comentario, el Libro de Apocalipsis es un "proceso legal de pacto", que profetiza el derramamiento de la ira de Dios sobre Jerusalén. Es una profecía del período conocido en la Escritura como "los últimos días", es decir, los últimos días de la nación de la alianza, Israel, la "generación" de cuarenta años (Mat. 24:34) transcurridos desde la ascensión de Cristo (30 d. C.) hasta la caída de Jerusalén a manos de los romanos (70 d. C.). Predice sucesos que Juan esperaba que sus lectores vieran muy pronto.

Esto milita claramente contra cualquier interpretación "futurista" del libro. Los futuristas dicen que Juan estaba advirtiendo a los cristianos de sus días mayormente sobre cosas que ellos nunca verían - ¡quiere decir que el Libro de Apocalipsis ha sido irrelevante por 1.900 años! Afirmar que el libro es relevante sólo para nuestra generación es egocéntrico, y contrario al testimonio del libro mismo. Debe subrayarse que la expresión griega significa claramente lo que dice, y los que primero leyeron la frase no habrían entendido que significase ninguna otra cosa (comp. Lucas 18:8; Hechos 12:7; 22:18; 25:4; Rom. 16:20; Apoc. 22:6). Una interpretación futurista queda refutada en la mera primera frase del Apocalipsis.

 

Antes de que sigamos adelante, debemos notar también que la declaración inicial de Juan presupone la filosofía bíblica de la historia: Dios es Señor de todos, tiene un plan abarcante para su creación, y gobierna cada átomo de la realidad según su plan. Después de todo, ¿cómo conoce Dios el futuro? La Biblia no indica que Dios tiene una especie de bola de cristal con la cual percibe los sucesos futuros. Pensemos en eso. En realidad, no existe tal cosa como "el futuro", en el sentido de algo "allá afuera" que puede ser adivinado con el equipo adecuado. Decir que algo está en el futuro es simplemente decir que todavía no existe. Entonces, ¿cómo conoce Dios el futuro? La Biblia sólo da una respuesta: Dios conoce el futuro porque él lo planeó:

 

Jehová estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos. (Sal. 103:19).
Nuestro Dios está en los cielos; todo lo que quiso ha hecho. (Sal. 115:3).
Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces? (Dan. 4:35)
En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad. (Efe. 1:11)
De este modo, aunque "el futuro" no existe todavía, es absolutamente cierto y seguro, porque el Señor todopoderoso del universo lo ha planeado infaliblemente. Él "da vida a los muertos, y llama a las cosas que no son, como si fuesen" (Rom. 4:17). Dios conoce todas las cosas exhaustivamente porque Él planeó todas las cosas exhaustivamente.

Arthur Pink escribió: "El Señor Dios omnipotente reina. Su gobierno se ejerce sobre la materia inanimada, sobre las bestias brutas, sobre los hijos de los hombres, sobre ángeles buenos y malos, y sobre Satanás mismo. Ningún giro de ningún mundo, ningún brillo de ninguna estrella, ninguna tormenta, ningún movimiento de ninguna criatura, ninguna acción de los hombres, ninguna diligencia de los ángeles, ninguna obra del diablo -- nada en todo el vasto universo puede ocurrir sino porque Dios se lo ha propuesto eternamente. Aquí hay fundamento para la fe. Aquí hay un lugar de descanso para el intelecto. Aquí hay un ancla para el alma, segura y firme. No es el destino ciego, la maldad desenfrenada, ni el hombre, ni el diablo, sino el Señor Todopoderoso, el que gobierna el mundo, gobernándolo de acuerdo con su propia voluntad y para su propia gloria eterna".
2

 

Ahora, Juan dice que estas cosas en relación con el futuro le fueron "declaradas" por el ángel. El uso de esta palabra nos dice que la profecía no debe ser tomada simplemente como "historia escrita por anticipado". Es un libro de signos, representaciones simbólicas de sucesos que se acercaban. Los símbolos no han de entenderse de manera literal. Podemos ver esto en el uso que hace Juan del mismo término en su evangelio (12:33; 18:32; 21:19). En cada caso, se dice que Cristo "daba a entender" un suceso futuro mediante una indicación más o menos simbólica, más bien que por medio de una descripción prosaica y literal. Y esta es generalmente la forma de las profecías en el Apocalipsis. Es un libro de símbolos de principio a fin. Como bien dijo G. R. Besley-Murray: "El profeta desea dejar claro que él no proporciona fotografías del cielo". Esto no significa que los símbolos son ininteligibles; la interpretación no es lo que cualquier individuo decida que sea. Ni, por otra parte, están escritos los símbolos en alguna especie de código, de manera que todo lo que necesitamos sea un diccionario o un gramática de simbolismos para "traducir" los símbolos al español. La única manera de entender el sistema de Juan es familiarizarse con la Biblia misma.

 

2-3 Aquí se establece una importante relación. El versículo 1 nos mostró a Jesucristo dando la revelación a Juan; ahora Juan dice que él mismo testifica de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo. Así, pues, vemos que Jesús es el pre-eminente portador del testimonio, testificando a sus siervos; y vemos también que Juan testifica del testimonio de Cristo. Él puede hacer esto porque es uno de los siervos de Cristo, y ha venido a ser como su Maestro. Al dar testimonio, Juan se conforma a la imagen de Cristo. Estos dos modelos - Cristo y sus siervos dando un doble testimonio, y los siervos de Cristo llevando su imagen - ocurren a través de todo el libro, e informarán a nuestro entendimiento de pasajes como 11:4-12.

 

Porque este doble testimonio (el libro de Apocalipsis) es la misma Palabra de Dios, se pronuncia una bendición - la primera de las siete "bienaventuranzas"" de la profecía (1:3; 14:13; 16:15; 19:9; 20:6; 22:7; 22:14) - sobre los que son fieles a su mensaje. Notemos la forma específica de la bendición, porque ofrece otra importante indicación del contenido del libro: Bienaventurado el que lee y bienaventurados los que oyen. Juan ha escrito esta profecía, no solamente (ni principalmente) para la edificación individual, sino para la iglesia en sus reuniones oficiales de culto. Desdc el principio, el Libro de Apocalipsis es colocado en un marco litúrgico, en el cual un lector lee la profecía a la congregación. La palabra griega para leer se usa a menudo en el Nuevo Testamento para esta actividad litúrgica (Lucas 4:16; Hechos 13:27; 15:21; 2 Cor. 3:15; Efe. 3:4; Col. 4:16; 1 Tesa. 5:27; 1 Tim. 4:13). El Libro de Apocalipsis, como veremos, se ocupa mucho de la liturgia; en realidad, el culto es un tema central de la profecía. Mostrándonos cómo se hace la voluntad de Dios en el culto celestial, Juan revela cómo ha de cumplir la iglesia la voluntad de Él en la tierra.

 

De la liturgia del culto especial, salimos al mundo, para servir a Dios en la liturgia de la vida. Respondemos a la verdad ("Amén") en el culto especial, y luego respondemos adicionalmente en el culto general durante toda nuestra vida. Así, la bendición de Juan no es sólo para el que lee y los que oyen, sino para los que guardan este mensaje. La meta del libro no es solamente informarnos de sucesos "proféticos". La meta de la instrucción apostólica es siempre ética: Está escrita para producir "amor de un corazón limpio, una buena conciencia, y una fe no fingida" (1 Tim. 1:5). El Apocalipsis nos da mandamientos para guardar; y, en particular, los lectores del siglo primero debían acatar y obedecer su instrucción, pues la crisis estaba sobre ellos. El tiempo está cerca, advierte Juan, enfatizando nuevamente la relevancia contemporánea de su profecía. Repite su advertencia al final del libro (22:6,7,10). El mundo antiguo estaría pronto en un alboroto de reinos sacudidos y desmoronados hasta sus cimientos, y los cristianos necesitaban la Revelación como una guía estable durante el período de dramáticos cambios que habría de venir. El fin del mundo se acercaba - no la destrucción del universo físico, sino el del antiguo orden mundial, el gobierno del mundo alrededor del santuario central en Jerusalén. Dios había establecido una nueva nación, un nuevo sacerdocio, una nueva humanidad que adorara en un nuevo santuario. La Casa de Dios se acercaba a su terminación, y la morada antigua y provisional, como un andamiaje, estaba a punto de ser quitada.

 

Salutación y doxología (1:4-8)
4 Juan, a las siete iglesias que están en Asia: Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante del trono;
5 y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre,
6 y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén.
7 He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén.
8 Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.
4-6 Juan dirige su profecía a las siete iglesias en Asia. De las descripciones que siguen (capítulos 2-3), es obvio que Juan definidamente está pensando en estas iglesias. La idea propagada por C. I. Schofield y otros de que estas iglesias representan "siete fases de la historia espiritual de la iglesia" es una mera ficción, sin ninguna evidencia objetiva, y está aplicada de manera totalmente arbitraria y selectiva. Hay por lo menos tres presuposiciones falaces sostenidas por los que abogan por esta doctrina.

Primera, la doctrina de las "siete épocas" presupone que el Libro de Apocalipsis cubre toda la historia de la iglesia, de principio a fin. Al defender su punto de vista, Schofield dice: "Es increíble que no haya un concepto como éste en una profecía que cubre el período de la iglesia".
Muy cierto, quizás; pero, ¿quién dice que el Libro de Apocalipsis abarca la historia de la iglesia? Juan ciertamente no lo dice. Sólo afirma que la profecía abarca "las cosas que deben suceder pronto" (1:1), y que el tiempo del cual la profecía habla está cerca (1:3). Así, pues, la presuposición más básica de las "siete épocas" es completamente falsa.

 

La segunda presuposición sostiene que la iglesia terminará en derrota y en apostasía: Se supone que la iglesia laodicense, tibia, virtualmente apóstata, de la cual Cristo no tiene nada bueno que decir (3:14-22), simboliza la iglesia de Jesucristo al final de los tiempos. (Un corolario de este punto de vista es que "los últimos días" de que se habla en las Escrituras, en los cuales la apostasía es rampante, son los verdaderos últimos días de la historia de la tierra). El hecho de que la iglesia termina en victoria y en triunfo es, por supuesto, lo que este comentario se propone demostrar; así que no es necesario decir nada más aquí. Pero es importante notar que la idea de la apostasía al final de los tiempos es una presuposición del punto de vista de las "siete épocas", y los que la sostienen están suponiendo lo que quieren demostrar.

 

La tercera presuposición, por supuesto, es la de que nosotros estamos viviendo en la última etapa de la iglesia (nuevamente, debemos notar que esta gente son a menudo incapaces de imaginarse a sí mismos viviendo en cualquier época que no sea el clímax de la historia). Esta presuposición es errónea. Las profecías de la gloriosa condición de la iglesia, que se han de cumplir antes del regreso de Cristo, están lejos de haberse cumplido. Probablemente nos quedan miles de años antes del fin. Y, aunque está de moda que los modernos intelectuales cristianos hablen de nuestra civilización como "post-cristiana", deberíamos darle vuelta a esta afirmación y convertirla en bíblicamente exacta: Nuestra cultura no es post-cristiana - nuestra cultura es todavía mayormennte pre-cristiana! 6

 

Por lo tanto, aunque no podemos decir que las siete iglesias representan siete épocas en la historia de la iglesia, hay un punto importante que debe observarse aquí. El hecho de que se mencionen siete iglesias en un libro lleno de símbolos numéricos no debería pasarse por alto. En las Escrituras, siete es el número que indica plenitud cualitativa, la naturaleza esencial de una cosa (como diez indica la calidad de "mucho", una plenitud de cantidad); aquí representa el hecho de que el Apocalipsis está destinado a la iglesia entera en todo tiempo. Los mensajes a las iglesias de Asia han de aplicarse a todos, así como las cartas de Pablo a los romanos y a los filipenses tienen significación mundial. Pero en nuestra aplicación de estas cartas, debemos tener cuidado de no arrancarlas de su contexto histórico. 7

 

Juan usa la bendición característica de los apóstoles: gracia (el favor de Dios concedido a los que, aparte de Cristo, merecen la ira) y paz (el estado de reconciliación permanente con Dios por medio de la expiación de Cristo). Estas bendiciones, dice, son de cada miembro de la Deidad: el Padre, el Espíritu Santo, y el Hijo. Cada uno de los tres participa plena e igualmente en extender la gracia y la paz a los elegidos. El Padre nos escogió desde antes de la fundación del mundo, y envió a su Hijo a redimirnos; el Hijo, en nuestro lugar, vivió una vida perfecta en obediencia a la Ley, y pagó la pena completa por nuestros pecados; y el Espíritu aplica la obra del Padre y el Hijo a través de la regeneración y la santificación. El resumen adecuado de todo lo que Dios ha hecho por nosotros está contenido en estas palabras: gracia y paz.

 

Las personas de la Trinidad se nombran aquí en orden litúrgico (para distinguirlo del orden teológico). La explicación de Michael Wilcocks es muy útil: "La visión de Juan le va a llevar al santuario celestial, del cual el Tabernáculo judío era copia y sombra (Heb. 8:5); y quizás el orden desusado de la Trinidad aquí (Padre, Espíritu, Hijo) corresponde al plan del santuario terrenal, en el cual el arca en el Lugar Santísimo representa el trono de Dios, el candelabro de los siete brazos en el Lugar Santo delante de él representa al Espíritu 8 , y en el atrio delante está el altar, con su sacerdote y sus sacrificios, ambos representando, por supuesto, la obra redentora de Cristo". 9

 

La salutación es una clara expresión de la fe trinitaria - que más tarde fue forjada en forma de credo en los concilios de Nicea (325 d. C.) y de Constantinopla (381), pero ciertamente explícita en la enseñanza de la Biblia. 10  La doctrina de la Trinidad es que hay un solo Dios (una persona) que es tres personas distintas - el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo - y que cada una de estas personas es Dios een sí mismo. No hay tres Dioses - sólo Uno. Y sin embargo, estas tres Personas no son diferentes maneras o modos en que Dios se nos da a conocer, ni deben confundirse las unas con las otras; son tres Personas distintas. Cornelius Van Til lo expresa tan claramente como cualquier otro: "Cada uno de ellos, el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo, es una personalidad, y juntos constituyen el Dios exhaustivamente personal. Hay una interacción eterna, interna, y auto-consciente entre las tres personas de la Deidad. Son co-sustanciales. Cada una es tan Dios como las otras dos. El Hijo y el Espíritu no derivan su existencia del Padre. La diversidad y la unidad en la Deidad son por lo tanto igualmente esenciales; son exhaustivamente correlativos entre sí y no correlativos con nada más". 11

 

Lo que esto significa es que Dios no es "básicamente" uno, derivándose las Personas individuales de la unicidad; ni es Dios "básicamente" tres, siendo secundaria la unidad de las Personas. Ni es la unicidad de Dios o su "trunidad" cada una anterior a la otra; ambas son básicas. Dios es Uno, y Dios es Tres. Hay tres Personas distintas, individuales, cada una de las cuales es Dios. Pero hay sólo Un Dios. 12  Para ponerlo en un lenguaje más filosófico, la unidad (unicidad) y la diversidad (triunicidad, individualidad) de Dios son igualmente definitivas. Dios es básicamente Uno y básicamente Tres al mismo tiempo. 13

 

Primero, Juan describe al Padre: El que es, y que era, y que ha de venir. Philip Barrington ha captado el espíritu de su expresión, que es griego atroz, pero excelente teología: El Que Es, y El Que Era, y El Que Ha de Venir. 14  Dios es eterno e inmutable (Mal. 3:6); como los cristianos primitivos se enfrentaban a lo que les parecía un futuro incierto, tenían que tener delante de ellos la absoluta certeza del eterno gobierno de Dios. Dios no está a merced de un ambiente; Él no es definido por ninguna condición externa; todas las cosas existen en términos de su Palabra infalible. Amenazados, opuestos, y perseguidos por los que estaban en el poder, sin embargo habrían de regocijarse en el conocimiento de su eterno Dios que "ha de venir", el que viene continuamente en juicio contra sus adversarios. La venida de Dios se refiere, no simplemente al fin del mundo, sino a su incesante gobierno sobre la historia. Él viene una y otra vez a librar a su pueblo y a juzgar a los impíos. 15

 

Segundo, Juan habla del Espíritu Santo como de los siete espíritus que están delante de Su trono. Aunque algunos han tratado de ver esto como una referencia a siete ángeles, es inconcebible que la gracia y la paz puedan originarse en alguien aparte de Dios. La Persona de la cual se habla aquí está claramente en pie de igualdad con el Padre y el Hijo. La descripción del Espíritu Santo aquí (como también en 3:1; 4:5; 5:6), se basa en Zacarías 4, donde el profeta ve a la iglesia como un candelabro con siete lámparas, alimentadas, sin intervención humana, por un flujo incesante de aceite a través de "siete tubos para las siete lámparas" (vers. 2) - cuya interpretación es, como le dice Dios a Zacarías: "No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu" (vers. 6). El llenamiento y la obra capacitadora del Espíritu Santo en la iglesia se describen, pues, en términos del número siete, para simbolizar la plenitud y la calidad de completo. Así ocurre aquí en el Apocalipsis: "A las siete iglesias ... gracia y paz a vosotros ... de los siete espíritus". Y la obra del Espíritu en la iglesia tiene lugar en términos del dominio y la majestad de Dios, delante de su trono. De hecho, esto es un marcado énfasis en el libro de Apocalipsis: La palabra trono ocurre aquí cuarenta y seis veces (el libro del Nuevo Testamento que más se acerca a ese número es el evangelio de Mateo, donde se usa sólo cinco veces). El Apocalipsis es un libro, sobre todo, acerca de gobierno: revela a Jesucristo como el Señor de la historia, que restaura su pueblo al dominio por medio del poder del Espíritu Santo.

 

La palabra trono se usa particularmente en las Escrituras para referirse a la corte oficial de Dios, donde recibe adoración oficial de su pueblo en sábado. 16  La visión entera de Apocalipsis fue vista en el día del Señor (1:10) - el día cristiano de culto oficial corporativo; y toda la acción en el libro se centra en la adoración alrededor del trono de Dios. Juan quiere que veamos que el culto público y oficial del Señor Soberano es central a la historia - la historia tanto como un todo como en sus partes constitutivas (es decir, su vida y la mía). El Espíritu comunica gracia y paz a las iglesias, en el sentido especial, por medio del culto público. Hasta podemos decir esto: No podemos tener una continuada comunión con Dios, y recibir bendiciones de él, sin el culto público de la iglesia, el "lugar" de acceso al trono. El Espíritu trabaja en individuos, sí - pero no trabaja sin la iglesia. Su obra corporativa e individual pueden distinguirse, pero no pueden separarse. La idea de que podemos tener comunión con Dios, aunque separados de la iglesia y del culto corporativo del cuerpo de Cristo, es una idea completamente pagana, totalmente extraña a las Sagradas Escrituras. La Iglesia, como tal, recibe gracia y paz del Espíritu séptuple; y está continuamente delante del trono, la esfera especial de Su ministerio.

 

"Nuestras vidas son congestionadas y ruidosas. Es fácil pensar que la Iglesia y los sacramentos compiten con el otro mundo de la vida diaria por nuestra atención, llevándonos a alguna otra vida - secreta, enrarecida, y remota. Haríamos mejor en pensar en ese mundo diario y práctico como algo incomprensible e inmanejable, a menos y hasta que podamos acercarnos a él sacramentalmente por medio de Cristo. De lo contrario, la naturaleza y el mundo estarán más allá de nuestro alcance; el tiempo también, el tiempo que se lleva todas las cosas en un fluir sin sentido, haciendo que los hombres se desesperen a menos que vean en él el modelo de la acción de Dios, reflejado en el año litúrgico, el necesario camino a la Nueva Jerusalén". 17

 

El tercer miembro de la Deidad (en este orden litúrgico) es Jesucristo, al cual se refiere Juan con tres designaciones: el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. R. J. Rushdoony ha señalado con vigor cómo el término testigo (mártir, en griego) ha adquirido connotaciones ajenas al significado original de la palabra: "En la Biblia, el testigo es aquél que trabaja para hacer cumplir la ley y ayuda en su ejecución, incluyendo la ejecución de la pena de muerte. 'Mártir' ahora ha venido a significar exactamente lo opuesto, es decir, el que es ejecutado, más bien que el que ejecuta, el que es perseguido, más bien que el que es central en la perseución. El resultado es un serio error en la lectura de las Escrituras. ... La significación de Jesucristo como 'el testigo fiel y verdadero' es la de que Él no solamente testifica contra los que están en guerra contra Dios, sino que también los ejecuta.... Por lo tanto, Jesucristo testifica contra todo hombre y toda nación que establezca su vida sobre cualquier otra premisa que no sea el Dios soberano y trino, y su infalible y absoluta palabra-ley". 18

 

El tema de Cristo como el Testigo preeminente es importante en Apocalipsis, como observamos arriba, en el versículo 2. Como un modo de suplementar el análisis de Rushdoony, podemos observar que un aspecto central del testimonio de Cristo fue su muerte a manos de testigos falsos. Los que en este libro dan testimonio en su imagen lo harán también a costa de sus vidas (6:9; 12:11). La moderna connotación de la palabra mártir no es, pues, tan inverosímil o antibíblica como podría parecerlo a primera vista; pero es necesario, como ha mostrado Rushdoony, recordar el significado básico del término.

 

Jesús es también el Primogénito de los muertos. Por medio de su resurrección de entre los muertos, Él ha alcanzado la supremacía, teniendo "la preeminencia en todo" (Col. 1:18). Como dijo Pedro en el día de Pentecostés: "A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís. Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos  por estrado de tus pies. Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificásteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo" (Hechos 2:32-36). Dios cumplió la promesa que había hecho mucho antes: "Yo también le pondré por primogénito, el más excelso de los reyes de la tierra" (Sal. 89:27).

 

Obviamente, Juan tenía en mente este pasaje de los Salmos, porque la siguiente designación que le da a nuestro Señor es la de Soberano de los reyes de la tierra. La prioridad y la soberanía de Cristo están por encima de todo. No "sólo" es el Salvador, esperando un futuro suceso cataclísmico antes de convertirse en Rey; él es el Rey universal ahora, en esta época - y está sentado a la mano derecha dee su Padre mientras todos sus enemigos están siendo puestos bajo sus pies. Este proceso de asumir el dominio sobre toda la tierra en términos del título a que tiene derecho está teniendo lugar en este momento, y ha estado teniendo lugar siempre desde que resucitó de entre los muertos. Como Primogénito ( ¡y unigénito!), Cristo posee los derechos soberanos de toda la creación: "Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra", afirmó (Mat. 28:18). Todas las naciones le han sido concedidas como herencia, y los reyes de la tierra están bajo una orden tribunalicia para someterse a él (Sal. 2:8-12). Comentando el título de Cristo como soberano de los reyes de la tierra, William Symington escribió: "Las personas que aquí se supone que están sujetas a Cristo son reyes, gobernantes civiles, supremos y subordinados, todos los que tienen autoridad civil, ya sean en las ramas legislativa, judicial, o ejecutivas del gobierno. De los tales, Jesucristo es Príncipe; - soberano, señor, jefe, el primero en poder, autoridad, y dominio". 19

 

De hecho, ésta es precisamente la razón de la persecución de los cristianos por parte del estado. Por el evangelio, Jesucristo ha declarado su absoluta soberanía y dominio sobre los gobernantes y las naciones de la tierra. Ellos tienen una alternativa: O someterse al gobierno y a la ley de Jesucristo, aceptando sus términos no negociables de rendición y paz, o ser hechos añicos por la vara de su ira. Una posición tal, audaz e inflexible, es una afrenta a la dignidad de cualquier humanista que se respete a sí mismo - mucho más para los gobernantes que están acostumbrados a considerarse dioses que caminan sobre la tierra. Quizás a este Cristo pueda permitírsele un lugar en el panteón, junto con el resto de nosotros los dioses; pero que sus seguidores le proclamen como Señor sobre todos, cuya ley es obligatoria para todos los hombres, cuyos estatutos llaman a juicio las leyes y decretos de las naciones - es demasiado; es inexcusable, y no puede ser permitido.

 

Por supuesto, habría sido mucho más fácil que los primeros cristianos hubiesen predicado la popular doctrina de retirada de que Jesús es Señor del "corazón", que Él tiene que ver con las conquistas "espirituales" (o sea, no terrenales), pero que no le interesan en lo más mínimo las cuestiones políticas; que Jesús se contenta con ser "Señor" en el ámbito del espíritu, mientras César es Señor en todos los demás lugares (es decir, donde a nosotros nos parece que realmente importa). Esta doctrina no habría sido ninguna amenaza en absoluto para los dioses de Roma. De hecho, ¡César no podría pedir una religión más cooperadora! Un cristianismo desdentado e impotente es una mina de oro para el estatismo: Mantiene la atención de los hombres enfocada en las nubes mientras el estado les vacía sus bolsillos y les roba sus hijos.

 

Pero la iglesia primitiva no era consciente de esta enseñanza escapista. En vez de eso, enseñaba la doctrina bíblica del señorío de Cristo - que Él es Señor de todos, "Soberano de los reyes de la tierra". Era esto lo que garantizaba su persecución, su tortura, y su muerte a manos del estado. Y era esto también lo que garantizaba su victoria en última instancia. Porque Jesús es Señor universal, toda oposición a su gobierno está condenada al fracaso, y será aplastada. Porque Cristo es Rey de reyes, a los cristianos se les aseguran dos cosas: guerra a muerte contra todos los supuestos dioses; y el triunfo completo de la fe cristiana sobre todos sus enemigos.

 

Por esta razón, Juan prorrumpe en una doxología de alabanza a Jesucristo, que nos ama y nos libró de nuestros pecados por medio del rescate de su propia sangre, y nos ha hecho reyes y sacerdotes para Dios y su Padre; a Él sea la gloria y el dominio por siempre jamás. No sólo hemos sido redimidos de nuestra esclavitud, sino que hemos sido constituídos reyes y sacerdotes. El reino ha comenzado; los cristianos ahora reinan con Cristo (Efe. 1:20-22; 2:6; Col. 1:13), y nuestro dominio aumentará a través del mundo (Apoc. 5:9-10). Somos un sacerdocio victorioso, que pone bajo su gobierno todas las áreas de la vida.

 

7-8 El versículo 7 anuncia el tema del libro, que no es la Segunda Venida de Cristo, sino más bien la Venida de Cristo en juicio sobre Israel, para establecer la iglesia como el nuevo reino. Viene con las nubes, proclama Juan, usando una de las más familiares imágenes bíblicas de juicio (comp. Gén. 15:17; Éx. 13:21-22; 14:19-20, 24; 19:9, 16-19; Sal. 18:8-14; 104:3; Isa. 19:1; Eze. 32:7-8; Mat 24:30; Mar. 14:62; Hech. 2:19). Esta es la nube de gloria, el carruaje celestial de Dios por medio del cual Él anuncia su presencia. 20 La nube es una revelación de su trono, pues Él viene a proteger a su pueblo y a destruir a los impíos. Una de las más llamativas descripciones de la "venida de Dios en las nubes" aparece en la profecía de Nahum contra Nínive (Nah. 1:2-8):

 

Jehová es Dios celoso y vengador; Jehová es vengador y lleno de indignación; se venga de sus adversarios, y guarda enojo para sus enemigos. Jehová es tardo para la ira y grande en poder, y no tendrá por inocente al culpable. Jehová marcha en la tempestad y el torbellino, y las nubes son el polvo de sus pies. Él amenaza al mar, y lo hace secar, y agosta todos los ríos; Basán fue destruido, y el Carmelo, y la flor del Líbano fue destruida. Los montes tiemblan delante de él, y los collados se derriten; la tierra se conmueve a su presencia, y el mundo, y todos los que en él habitan. ¿Quién permanecerá delante de su ira? ¿y quién quedará en pie en el ardor de su enojo? Su ira se derrama como fuego, y por él se hienden las peñas. Jehová es bueno, fortaleza en el día de la angustia; y conoce a los que en él confían. Mas con inundación impetuosa consumirá a sus adversarios, y tinieblas perseguirán a sus enemigos.
Su venida en las nubes, pues, trae juicio y liberación en la historia; no hay razón, ni en el uso general bíblico ni en su contexto inmediato aquí, para suponer que se quiere significar el fin literal del mundo físico (aunque el sentido puede ciertamente aplicarse al Día Final también). Juan está hablando del hecho, subrayado por los apóstoles a través del período de los "últimos días", de que la crisis se acercaba rápidamente: Como Él había prometido, Cristo vendría contra la presente generación "en las nubes", en juicio airado contra el Israel apóstata (Mat. 23-25). Y todo ojo le verá, y los que le traspasaron (los gentiles, Juan 19:34, 37): Los crucificadores le verían viniendo en juicio - esto es, experimentarían y comprenderían que su venida significaría ira en la tierra (comp. el uso de la palabra en Mar. 1:44, Luc. 17:22; Juan 3:36; Rom. 15:21). El Señor había usado la misma terminología de su venida contra Jerusalén al fin de aquella generación (Mat. 24:30), y hasta había advertido al sumo sacerdote: "Veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo" (Mat. 26:64). En otras palabras, los apóstatas de aquella generación malvada entenderían el significado de la Ascensión de Cristo, la definitiva venida del Hijo del Hombre, el segundo Adán (Dan. 7:13). En la destrucción de su ciudad, su civilización, su templo, todo el orden de su mundo, entenderían que Cristo había ascendido a su trono como Señor del cielo y de la tierra. Verían que el Hijo del Hombre había venido al Padre.

Jesús había dicho también que "lamentarán todas las tribus de la tierra" en el día de su venida (Mat. 24:30), que "allí será el lloro y el crujir de dientes" (Mat. 24:51). Juan repite esto como parte del tema de su profecía: todas las tribus de la tierra [los judíos] se lamentarán por él. Tanto Jesús como Juan reinterpretaron esta expresión, tomada prestada de Zacarías 12:10-14, donde ocurre en un contexto original del lamento y el arrepentimiento de Israel. Pero Israel había pasado el punto de donde podía regresar; su lamento no sería de arrepentimiento, sino de pura agonía y terror.

 

Y, sin embargo, esto no niega las promesas en el libro de Zacarías. La verdad es que, por medio del juicio de Cristo sobre Israel, por medio de la excomunión de Israel, el mundo será salvo; y, por medio de la salvación del mundo, Israel mismo se volverá nuevamente al Señor y será salvo (Rom. 11:11-12, 15, 23-24). Porque Cristo viene en las nubes, en la historia, juzgando a los hombres y a las naciones, la tierra es redimida. Cristo viene, no simplemente para juicio, sino para juicio que es para salvación. "Luego que hay juicios tuyos sobre la tierra, los moradores de la tierra aprenden justicia" (Isa. 26:9). Desde el principio, el propósito último de la venida de Cristo ha sido redentor: "Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para el mundo sea salvo por él" (Juan 3:17). Cristo "viene con las nubes" en juicios históricos para que el mundo conozca al Señor Dios como la Fuente y la Meta eterna e inmutable de toda la historia (Rom. 11:36), el Alfa y la Omega, la A y la Z (comp. Isa. 44:6), el que es y que era, el que ha de venir, el eterno Origen y la eterna Consumación de todas las cosas. Todopoderoso es la traducción corriente de la palabra griega Pantokratôr, que significa el que tiene todo el poder y gobierna sobre todo, el equivalente en el Nuevo Testamento de la expresión del Antiguo Testamento Señor de los Ejércitos, el "capitán de los ejércitos" (significando los ejércitos de Israel, o los ejércitos del cielo compuestos por estrellas/ángeles, o los ejércitos de las naciones paganas, a las cuales Dios usaba para derramar su ira sobre su pueblo desobediente). Cristo estaba a punto de demostrarle a Israel y al mundo que él, Cristo, había ascendido al trono como Gobernante Supremo.

 

Jesucristo, trascendente e inmanente (1:9-16)

9 Yo, Juan, vuestro hermano, y copartícipe vuestro en la tribulación, en el reino y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla llamada Patmos, por causa de la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo.
10 Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz, como de trompeta,
11 que decía: Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último. Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las siete iglesias que están en Asia: a Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia, y Laodicea.
12 Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro,
13 y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro.
14 Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego;
15 y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno, y su voz como estruendo de muchas aguas.
16 Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza.

9 En este notable versículo tenemos un resumen conciso de la visión mundial de Juan, su perspectiva fundamental de lo que se trata la vida. Esta visión contrasta fuertemente con los puntos de vista de la moderna teología evangélica y dispensacionalista norteamericana, que sostiene que (1) no hay tribulación para el cristiano, (2) que Cristo no tiene un reino en esta era, y (3) ¡que no se requiere ni se espera que el cristiano persevere! Pero, para Juan y sus lectores, la vida sí involucraba estas cosas. Por supuesto, la tribulación no es la historia entera de la vida cristiana; ni sufre la Iglesia idénticamente en todos los tiempos o lugares. Al apoderarse el evangelio del mundo, al asumir los cristianos el dominio, la tribulación disminuye. Pero es un  absoluto disparate (y una maldad absoluta ) que los cristianos supongan que de alguna manera son inmunes a todo sufrimiento. Jesús había advertido a sus discípulos que la tribulación, el sufrimiento, y la persecución vendrían (Juan 15:18-20; 16:33; 17:14-15).

 

Sin embargo, más particularmente, Juan está pensando en un período especial de dificultades; no sólo tribulación en general, sino la Tribulación, el tema de muchos escritos apostólicos al avanzar hasta llegar a su clímax el tiempo de los últimos días (1 Tesa. 1:6; 3:4; 2 Tesa. 1:4-10; 1 Tim. 4:1-3; 2 Tim. 3:1-12). Durante este período de trastornos políticos y sociales, la apostasía y la persecución estallaron con furia, como Jesús lo había predicho (Mat. 24:4-13). Los cristianos sufrieron mucho; y sin embargo, tenían el conocimiento cierto de que la Tribulación no era sino el preludio del firme establecimiento del reino de Cristo sobre la tierra. Pablo y Bernabé habían alentado a otros cristianos de Asia a permanecer en la fe, recordándoles que "es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios" (Hech. 14:22). Lo que daba sentido a su sufrimiento era que era en Cristo Jesús, en unión con el sufrimiento de Él; como escribió Pablo: "Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia" (Col. 1:24).

 

Así, pues, la visión mundial de Juan no involucra sólo tribulación. Él también está en el reino ... en Cristo Jesús. Como vimos más arriba (v. 5-6), la doctrina del Nuevo Testamento, basada en pasajes del Antiguo Testamento como Daniel 2:31-45 y 7:13-14, es la de que el Reino ha llegado en la Primera Venida de Jesucristo. Desdc su ascensión al trono, él ha estado reinando "sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero; y sometió todas las cosas bajo sus pies" (Efe. 1:21-22; comp. Mar. 1:14-15; Mat. 16:28; 28:18; Hech. 2:29-36; Col. 1:13). Si todas las cosas están ahora sometidas bajo sus pies, ¿qué más podría añadirse a su señorío? Por supuesto, los "principados y autoridades" deben todavía ser abatidos; de eso trata gran parte de la profecía de Juan. Pero, en principio, y definitivamente, el Reino ha llegado. Esto significa que no tenemos que esperar ningún futuro suceso redentor o escatológico antes de que podamos efectivamente asumir el señorío sobre la tierra. El señorío del pueblo de Dios por todo el mundo será simplemente el resultado de un progresivo desarrollo de lo que Cristo mismo ya ha logrado. Juan quería que sus lectores comprendieran que estaban tanto en la Gran Tribulación como en el Reino - que, de hecho, estaban en la Tribulación precisamente porque el Reino había llegado (Dan. 7:13-14). Estaban en una guerra, combatiendo por la victoria del Reino (Dan. 7: 21-22), y por eso necesitaban el tercer elemento de la visión mundial de Juan: perseverancia en Cristo Jesús. Perseverancia es una importante palabra en el mensaje de Apocalipsis, y Juan la usa siete veces (1:9; 2:2,3,19; 3:10; 13:10; 14:12).

 

Aquí también hay un contraste radical con mucho del moderno dispensacionalismo. Debido a que la versión diluída del cristianismo de moda en la Norteamérica contemporánea en la actualidad rechaza los conceptos del reinado y señorío de Cristo, 21 también rechaza la enseñanza bíblica de la perseverancia - ¡y el resultado predecible es que coomparativamente pocos conversos del evangeliquismo moderno pueden permanecer siquiera en esa fe que exige tan poco! 22  La popular doctrina de la "seguridad eterna" es sólo y a lo sumo una verdad a medias: le da a la gente una base no bíblica para la seguridad (por ejemplo, el hecho de que caminaron por el pasillo durante una reunión de reavivamiento, etc.), más bien que la clase de seguridad proporcionada en las Escrituras - la seguridad relacionada con la perseverancia (comp. 1 Juan 2:3-4). La Biblia enseña, no simplemente que somos preservados, sino también que perseveramos hasta el fin (véase Juan 10:28-29; Rom. 8:35-39; 2 Cor. 13:5; Fil. 1:6; 2:12-13; Col. 1:21-23; 2 Ped. 1:10).

 

Juan les dice a los sufrientes pero reinantes y perseverantes cristianos de Asia que él es su hermano y compañero en todas estas cosas, inclusive ahora en exilio en la isla de Patmos. Este exilio era un castigo por su actividad apostólica, pero el lenguaje en que él lo expresa es interesante: A causa de la Palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo. Juan no dice que está preso en una roca en el mar a causa de su propio testimonio sobre Cristo, sino a causa de la Palabra de Dios y el testimonio de Jesús. Juan sufre porque Dios ha hablado, porque Jesús ha testificado. Cristo el testigo fiel ha dado testimonio contra los pretendidos dioses de esta era, y ellos se han vengado encarcelando al apóstol. Es por esto por lo que la Tribulación y el Reino y la perseverancia de la que todos estos creyentes participan son en Cristo Jesús: Su testimonio ha decidido el curso de la historia.

 

10 Cuando Juan dice que él estaba en el Espíritu en el día del Señor, no quiere decir que se sentía bien. La expresión no tiene nada que ver con su actitud personal, subjetiva, o su estado de ánimo, sino que se refiere a una experiencia definida. Este es lenguaje profético técnico (Mat. 22:43; comp. Núm. 11:25; 2 Sam. 23:2, Eze. 2:2; 3:24; 2 Ped. 1:21), y se refiere al hecho de que el autor es un apóstol inspirado, que recibe revelación, al ser admitido a la cámara del concilio celestial. 23

 

Juan nos dice que vio esta visión en el día del Señor. El origen de este importante término se remonta al primer sábado, cuando Dios reposó de la creación (Gén. 2:2-3). El término reposo en la Escritura a menudo se refiere a Dios sentado en su trono como Juez, recibiendo la adoración de sus criaturas (1 Crón. 28:2; Sal. 132:7-8, 13-14; Isa. 11:10; 66:1). Este sábado original era el prototipo del "día del Señor" en la Escritura, el día del juicio. El sábado semanal en Israel era una reproducción (y una pre-representación) del primer y final Día del Señor, 24 en el cual el pueblo se reunía para juicio, ejecución, la declaración oficial del perdón, y la proclamación de la palabra del Rey. También para nosotros, este es el significado del día del Señor, cuando venimos delante del trono de Dios para ser perdonados y restaurados, escuchar su palabra, y estar en comunión con Él (en un sentido general - y no exactamente en el sentido especial en que Juan la usa aquí - todos los cristianos están "en el Espíritu" en el día del Señor: En adoración, todos somos arrebatados hasta el salón del trono de Dios). 25 El día del Señor es el día del Señor en acción.

 

Una de las más básicas imágenes bíblicas del juicio es la nube de gloria, y esta teofanía se asocia generalmente con otras tres imágenes: el Espíritu, el Día (o luz, puesto que la luz del día fue originalmente "clonada" de la luz de la nube 26 ), y la voz (que a menudo se oye como una trompeta; comp. Éx. 19:16-19). De hecho, las tres se mencionan en el mismo comienzo en el Edén, cuando Adán y Eva "oyeron la voz del Señor Dios que se paseaba por el jardín como el Espíritu del Día", como dice el texto literalmente (Gén. 3:8). 27  Lo que Adán y Eva oyeron en aquel terrible día de juicio no fue una suave y fresca brisa que flotaba por entre las hojas de los eucaliptos - oyeron los explosivos truenos del Dios del cielo y de la tierra restallando a través del jardín. Era espantoso, y por eso trataron de esconderse. Repitiendo este esquema, Juan nos dice: "Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta". Juan iba a ser arrebatado dentro de la nube de gloria para recibir revelación, y se esperaba que sus lectores entendieran estas imágenes.

 

11-15 La voz de Dios instruye a Juan para que escriba en un libro la Revelación y la envíe a las siete iglesias de Asia. Se vuelve para ver la voz - y ve al Señor Jesucristo. Este detalle establece un patrón que se repite a través del libro - Juan primero oye, luego ve. Al final de la profecía (22:8) nos dice: "Yo Juan soy el que oyó y vio estas cosas. Y después que las hube oído y visto ..." Este patrón no siempre se sigue en el libro, pero ocurre con la suficiente frecuencia para que nos fijemos en que Juan lo usa - porque es a veces importante para entender cómo interpretar los símbolos (comp. 5:5-6). La revelación verbal es necesaria para entender la revelación visual.

 

De repente, Juan se encuentra en el Lugar Santo, porque ve siete candeleros de oro; y en medio de los siete candeleros uno como el Hijo del Hombre. Aquí las imágenes son claramente tomadas del Tabernáculo, pero con una significativa diferencia: En el Lugar Santo terrenal, había un candelero con siete lámparas; aquí, Juan ve siete candeleros, conectados el uno al otro en la Persona que está en pie en medio de ellos. El simbolismo de que se trata aquí será discutido bajo el versículo 20; lo importante que hay que notar ahora es simplemente el cuadro sugerido por estas imágenes: Jesucristo es el Candelero, que une las siete lámparas - cada una de las cuales resulta en sí misma un candelero; Cristo está rodeado de luz. Como dijo Germano, arzobispo de Constantinopla en el siglo octavo, al comienzo de su obra sobre liturgia: "La iglesia es un cielo terrenal en el cual habita y se mueve el Dios supercelestial". 28

 

La descripción de Cristo en los versículos 13-16 involucra una combinación de imágenes del Antiguo Testamento: La nube de gloria, el ángel del Señor, el Anciano de Días, y el Hijo del Hombre. Nuestra comprensión puede aumentar si leemos esta descripción junto con los siguientes pasajes de Daniel:

 

Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y se sentó un Anciano de días, cuyo vestido era blanco como la nieve, y el pelo de su cabeza como lana limpia; su trono llama de fuego, y las ruedas del mismo, fuego ardiente. Un río de fuego procedía y salía de delante de él; millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él; el Juez se sentó, y los libros fueron abiertos. (Dan. 7:9-10)

Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones  y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido (Dan. 7:13-14)

 

Y alcé mis ojos y miré, y he aquí un varón vestido de lino, y ceñidos sus lomos de oro de Ofaz.Su cuerpo era como de berilo, y su rostro parecía un relámpago, y sus ojos como antorchas de fuego, y sus brazos y sus pies como de color de bronce bruñido, y el sonido de sus palabras como el estruendo de una multitud. Y sólo yo, Daniel, vi aquella visión, y no la vieron los hombres que estaban conmigo, sino que se apoderó de ellos un gran temor, y huyeron y se escondieron. Quedé, pues, yo solo, y vi esta gran visión, y no quedó fuerza en mí, antes mi fuerza se cambió en desfallecimiento, y no tuve vigor alguno. Pero oí el sonido de sus palabras; y al oír el sonido de sus palabras, caí sobre mi rostro en un profundo sueño, con mi rostro en tierra. Y he quí una mano me tocó, e hizo que me pusiese sobre mis rodillas y sobre las palmas de mis manos. Y me dijo: Daniel, varón muy amado, está atento a las palabras que te hablaré, y ponte en pie; porque a tí he sido enviado ahora. Mientras hablaba esto conmigo, me puse en pie temblando. (Dan. 10:5-11) 29

Estos y otros pasajes se combinan para formar el cuadro de Cristo en la visión introductoria de Juan. La ropa que llegaba hasta los pies y el cinto de oro que ceñía el pecho 30  (comp. Éx. 28:4; 29:5; 39:27-29; Lev. 16:4) son recordatorios del vestido oficial del Sumo Sacerdote, cuya ropa era una representación del Espíritu-Gloria, un símbolo de la imagen radiante de Dios. "Contribuía a la impresión de radiante el material de lino color de fuego prescrito para el efod, con su cinto y su pectoral, y para el borde de la túnica del efod - una mezcla centelleante de brillantes rojos y azules con el destello metálico de las hebras de oro. Resaltaban el efecto llameante los anillos y las cadenas trenzadas de oro, la radiante corona de oro de la mitra, y el resplandor de las piedras preciosas engastadas en oro sobre los tirantes en las hombreras del efod y el pectoral. Difícilmente podría algún artista hacer más con una paleta terrenal en un medio frío para producir el efecto de luz llameante". 31

Luz llameante
: Esta es exactamente la impresión que da la visión de Cristo aquí. La blancura de la cabeza y el pelo (como los del Anciano de días en Daniel 7),
32  el fuego llameante de sus ojos (como el trono de Daniel 7 y los ojos del Hijo del Hombre en Daniel 10), y sus pies como bronce bruñido (el término para bronce puede referirse a una aleación de oro y plata; comp. Mal. 3:2-3) - todo esto se combina para puntualizar la apariencia de Cristo de un brillante resplandor de gloria: Y su rostro era como el sol cuando brilla con toda su fuerza (v. 16). Compárese a este Jesús con la notable descripción que hace Ben Sirach de la gloria del Sumo Sacerdote:

 

Cuán espléndido se veía con el pueblo reunido alrededor de él, cuando salía del altar encortinado, como la estrella de la mañana entre las nubes, como la luna en su plenitud, como el sol brillando sobre el Templo del Altísimo, como el arco iris destellando contras las brillantes nubes, como las rosas en días de primavera, como los lirios al lado de una corriente de agua, como una ramita de incienso en verano, como el fuego y el incienso en el incensario, como un vaso de oro batido incrustado de toda suerte de piedras preciosas, como un olivo cargado de fruta, como un ciprés que se levanta hacia las nubes; cuando se ponía sus espléndidas vestiduras, y se vestía en gloriosa perfección, cuando subía al santo altar, y llenaba los recintos del santuario con su grandeza; cuando recibía las porciones de las manos de los sacerdotes, estando él mismo de pie al lado del fuego del altar, rodeado por una muchedumbre de sus hermanos, como un joven cedro del Líbano rodeado por troncos de palmeras. (Eclesiástico 50:5-12, Biblia de Jerusalén).
Completando este glorioso cuadro de Cristo está la afirmación de que su voz era como el sonido de muchas aguas. Juan identifica la voz de Cristo con el sonido de la nube - un sonido que, a través de la Escriitura, se parece a numerosos fenómenos terrestres: el viento, el trueno, las trompetas, los ejércitos, los carruajes, y las cataratas; 33  o quizás debemos decir que todos estos fenómenos terrestres fueron creados para que se parecieran a varias facetas de la nube.34  La conclusión debería ser obvia: El Jesús resucitado y transfigurado es la Gloria de Dios encarnada.

16 En su mano derecha tenía siete estrellas; Juan continúa interpretando esto más plenamente en el versículo 20, pero debemos considerar primero la impresión inmediata que esta visión produciría en Juan y sus lectores. Las siete estrellas conponen el enjambre abierto de estrellas conocido como las Pléyades, consideradas poéticamente en el mundo antiguo como enlazadas en una cadena, como un collar. Las Pléyades, formando parte de la constelación Tauro, se mencionan en Job 9:5-9; 38:31-33; y Amós 5:8. Así, pues, el sol está con Tauro en primavera (Pascua), y las Pléyades son un símbolo adecuado en relación con la venida de Cristo: Él sostiene las estrellas que anuncian el renacimiento y el florecimiento del mundo. Las otras referencias bíblicas dejan claro que el que sostiene las siete estrellas es el todopoderoso Creador y Sustentador del universo.

 

Pero hay otra dimensión en estas imágenes. El uso simbólico de las siete estrellas era bastante bien conocido en el siglo primero, porque las siete estrellas aparecían con regularidad en las monedas del emperador como símbolos de su suprema soberanía política. Por lo menos algunos lectores de Apocalipsis deben haberse quedado boquiabiertos de asombro por la audacia de Juan al declarar que las siete estrellas estaban en la mano de Cristo. Los emperadores romanos se habían apropiado un símbolo de dominio que la Biblia reserva solamente para Dios - y, dice Juan, Jesucristo ha venido a recuperarlo. Las siete estrellas, y con ellas todas las cosas en la creación, le pertenecen a Él. El dominio reside en la mano derecha del Señor Jesucristo.

 

Naturalmente, habrá oposición contra todo esto. Pero Juan deja claro que Cristo está a la ofensiva, y que viene a presentar batalla en la causa de sus derechos a la corona: de su boca salía una espada de dos filos, su Palabra, que obra para salvar y para destruir. La imagen aquí es tomada de la profecía de Isaías: "Herirá la tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío" (Isa. 11:4). Se usa nuevamente en Apocalipsis para mostrar la actitud de Cristo hacia los herejes: "Pelearé contra ellos con la espada de mi boca" (2:16); y otra vez para mostrar la Palabra de Dios conquistando a las naciones (19:11-16). No sólo está Cristo en conflicto con las naciones, sino que declara que saldrá completamente victorioso sobre ellas, sometiéndolas por su sola Palabra, la espada aguda de dos filos que sale de su boca (Heb. 4:12).

 

La comisión de Juan (1:17-20)
17 Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último;
18 y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.
19 Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas.
20 El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro: las siete estrellas son los siete ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias.
17-18 Cuando vio al ángel del Señor, Daniel dice: "Caí sobre mi rostro en un profundo sueño. Y he aquí una mano me tocó, e hizo que me pusiese sobre mis rodillas y sobre las palmas de mis manos... Mientras hablaba esto conmigo, me puse en pie temblando" (Dan. 10:9-11). La reacción de Juan a la visión del Señor glorificado es muy parecida; sin embargo, Cristo le dice que no tema. Aunque el temor es una primera reacción correcta, debe ser reemplazada. En última instancia, la impresionante majestad de Dios no es razón para que el cristiano sienta terror; más bien, es la base de nuestra confianza y nuestra estabilidad. La presencia de Cristo es, muy apropiadamente, ocasión para que los incrédulos desmayen y se oculten, de puro susto (comp. 6:15-17); pero nuestro Señor viene a Juan (como a nosotros) en amor, y le pone de pie. La presencia y la actividad de Dios en la Nube era para los egipcios un portento terrorífico de su destrucción; pero, para el pueblo del pacto, Él era el Consolador y el Salvador. El mismo contraste se establece en Habacuc 3:10-13:
Te vieron y tuvieron temor los montes; pasó la inundación de las aguas; el abismo dio su voz, a lo alto alzó sus manos. El sol y la luna se pararon en su lugar; a la luz de tus saetas anduvieron, y al resplandor de tu fulgente lanza. Con ira hollaste la tierra, con furor trillaste las naciones. Saliste para socorrer a tu pueblo, para socorrer a tu ungido. Traspasaste la cabeza de la casa del impío, descubriendo el cimiento hasta la roca.
Jesús es Dios, el Primero y el Último, como el Señor dice de sí mismo en Isa. 44:6: "Yo soy el primero y el último, y fuera de mí no hay Dios" (comp. Isa. 48:12). Aplicándose otro título de Dios del Antiguo Testamento, Jesús declara que Él es el que vive (comp. Deut. 5:26; Josué 3:10; Sal. 42:2; Jer. 10:10): Él es autoexistente, independiente, El que lo Controla Todo - y Él, "habiendo resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de él" (Rom. 6:9). Juan puede ser resucitado en el versículo 17 por causa de la verdad del versículo 18, de que Cristo vive para siempre jamás. Como Señor resucitado, Cristo tiene las llaves de la Muerte y del Hades.35  El imperio reclamaba tener toda autoridad, y poseer poder sobre la vida y la muerte, y sobre la tumba; en su lugar, Jesús declara que Él - no el estado, ni el emperador, ni Satan&aaacute;s, ni el dirigente de la sinagoga - tiene dominio sobre toda realidad. Él es el Señor de la vida y la muerte, de toda la historia, y de la eternidad; y es en términos de este completo dominio que Él comisiona a Juan para que escriba este libro que tan clara e inequívocamente establece la verdad de su gobierno eterno y abarcante.

19 La comisión de Juan fue interrumpida por el hecho de haber caído como muerto; ahora que ha sido "resucitado", nuevamente se le ordena: Por lo tanto,
36 escribe las cosas que has visto, y la que son, y las que han de tener lugar después de estas cosas. Algunos intérpretes interpretan esto como un triple bosquejo del libro entero: Juan escribe sobre lo que ha visto (la visión de Cristo), luego sobre el presente (las iglesias, en los capítulos 2-3), y finalmente sobre el futuro (capítulos 4-22). Sin embargo, esta división es bastante arbitraria; Apocalipsis (como todas las otras profecías bíblicas) entrelaza juntos el pasado, el presente, y el futuro a través de todo el libro.

 

Un significado más probable de esta afirmación es la de que Juan ha de escribir lo que ha visto - la visión de Cristo entre los candeeleros sosteniendo las estrellas - y lo que ellas son, es decir, lo que siignifican o a lo que corresponden. La palabra son (en griego eisin) se usa más a menudo en Apocalipsis en este sentido (1:20; 4:5; 5:6, 8; 7:13-14; 11:4; 14:4; 16:14; 17:9, 10, 12, 15). Así pues, el versículo 20 continúa haciendo exactamente eso, explicando el simbolismo de "las cosas que has visto" (las estrellas y los candeleros). Luego, a Juan se le encomienda escribir las cosas que han de suceder pronto, o, (como nos ha dicho en el versículo 1) "las cosas que deben suceder pronto". Parece que la frase tiene el propósito de proporcionar un paralelo para la descripción del que "era y que es y que ha de venir": Así, "El proceso de la historia temporal refleja la eterna naturaleza de Dios".37

 

En este punto, podríamos hacer una pausa para considerar un error que es común entre los que adoptan una interpretación preterista de Apocalipsis. Los dos hechos del estilo simbólico de Juan y su contenido claramente anti-estatista han llevado a algunos a creer que el mensaje políticamente sensitivo determinó el uso del simbolismo - que Juan escribió el Apocalipsis en un código secreto para ocultar su mensaje de los burócratas imperiales. Este es el punto de vista de James Kallas (que, dicho sea de paso, también sostiene que Juan escribió en tiempos del emperador Domiciano, más bien que en los de Nerón):

 

Juan escribe en lenguaje deliberadamente disfrazado. Recurre a imágenes que los romanos no entenderán. No puede escribir de manera literal y obvia. No puede decir en términos claros y no ambiguos lo que está más cerca de su corazón. ¿Qué sucedería si escribiera lo que creía, que Domiciano era un hijo blasfemo del mismo diablo? ¿Qué sucedería si afirmara que la demanda del imperio romano de que los hombres se inclinaran y adoraran a César era una estratagema diabólica de Satanás mismo calculada para alejar a los hombres de Jesús? La carta jamás sería entregada. Nunca pasaría más allá de los censores. Así, pues, tenía que disfrazar y esconder el verdadero significado. Tenía que recurrir al simbolismo no literal, a referencias oscuras y aparentemente sin significado que sus censores romanos verían meramente como las seniles meditaciones de un anciano loco.38
Puede que haya algo de verdad en esto, como un giro tangencial sobre el uso del número 666 en 13:18 en referencia a Nerón (no Domiciano) - un "código" que los romanos serían incapaces de descifrar correctamente. Pero, aún sin esa referencia, el Libro de Apocalipsis es claramente un documento traidor, y cualquier burócrata del estado habría podido interpretarlo así. Considérese lo que ya hemos visto en la descripción de Jesucristo que hace Juan: La mera afirmación de que Él es el soberano de los reyes de la tierra es un ataque contra la autonomía del emperador. El mismo primer capítulo de Apocalipsis es procesable, y el simbolismo no oscurece ese hecho en lo más mínimo. La razón del uso del simbolismo es que Apocalipsis es una profecía, y el simbolismo es lenguaje profético. Debemos recordar también que el gobierno romano sabía muy bien quién era Juan. No era "un anciano loco" que había sido exilado allí por sus "meditaciones seniles". Era un apóstol del Señor Jesucristo, bajo prohibición imperial a causa de la Palabra de Dios y el testimonio de Jesús. (1:9).

20 Jesús le explica a Juan el misterio de las siete estrellas y de los siete candeleros de oro. Aquí también es importante subrayar que estos no son nombres en código. El simbolismo bíblico no funciona así. En vez de eso, el simbolismo bíblico pone las cosas en relación las unas con las otras; construye asociaciones en nuestras mentes, y nos pide que veamos los objetos desde esta perspectiva. Estas afirmaciones sobre las estrellas y los candeleros no son "definiciones", sino que expresan diferentes modos de ver los ángeles y las iglesias. Los comentarios de Michael Wilcock nos ayudan a entender este uso del simbolismo: "Un estudio muy superficial del uso de la palabra 'misterio' en el Nuevo Testamento muestra que allí no conlleva el moderno sentido corriente de 'rompecabezas'. Es realmente algo oculto, pero no de tal manera que se pueda seguir una serie de pistas y a su tiempo averiguarlo; más bien, es una verdad que o se sabe o no se sabe, dependiendo de si se ha revelado o no".
39  Así, pues, cuando Cristo identifica estas cosas las unas con las otras, no está diciendo "que una es un símbolo mientras la otra es lo que el símbolo 'realmente' significa. Está diciendo que hay dos cosas que se corresponden entre sí, siendo igualmente reales desde diferentes puntos de vista".40 En otras palabras, "tenemos, no una explicación de un término simbólico por medio de uno verdadero, sino una afirmación de que estos términos, que son igualmente reales, son simplemente intercambiables... Juan no está dando explicaciones, sino equivalencias. No intenta decirnos que 'candeleros', un término que no entendemos, significa 'iglesia', un término que sí entendemos. Más bien, Juan quiere decirnos cosas sobre los candeleros, y la esposa y la ciudad y la iglesia, los veinticuatro ancianos y los 144.000 y la grande muchedumbre; su significado ya deberíamos saberlo por el resto de la Escritura, y él sólo nos recuerda de pasada que todas estas cosas se corresponden entre sí y son descripciones diferentes de la misma cosa".41

 

Así, pues, las siete estrellas "corresponden" a los ángeles de las siete iglesias.42  En la Biblia, los ángeles y las estrellas están asociados a menudo entre sí (comp. Jue. 5:20; Job 38:7; Isa. 14:13; Judas 13; Apoc. 8:10-12; 9:1; 12:4), y aquí los "ángeles" de las iglesias están asociados con la constelación de las Pléyades (véanse los comentarios sobre el versículo 16). Además - y ésta es una de esas cosas que, coomo apunta Wilcock más arriba, "ya deberíamos saber por el resto de la Escritura" - tanto ángeles como estrellas están asociados con el gobierno y el dominio (comp. Gën. 37:9; Jue. 5:20; Dan. 8:9-11; 10:13, 20-21). Ahora, cuando el Señor habla a las siete iglesias en los Capítulos 2-3, se dirige al ángel de cada iglesia; claramente, Cristo hace responsables a los ángeles de las iglesias de la vida y la conducta de sus respectivas iglesias. Entonces, en las últimas porciones de la profecía, vemos a siete ángeles derramando juicios sobre la tierra rebelde (comp. Apoc. 8-9, 16). Todas éstas son correspondencias: Las siete estrellas, la constelación de la resurrección y el dominio, son los ángeles, que corresponden al gobierno de la iglesia.

 

Un aspecto adicional de las imágenes de ángeles en la Biblia y que apoya esta interpretación concierne a la relación entre los ángeles y los profetas. El distintivo principal del profeta bíblico era que había estado en la presencia de Dios y los ángeles durante las sesiones del Concilio celestial (comp. Isa. 6:1-8; Eze. 1-3, 10), convirtiéndose, por lo tanto, en su vocero autorizado para el pueblo de Dios (comp. Jer. 15:19). La diferencia esencial entre el verdadero profeta y el falso profeta era que el verdadero profeta había sido arrebatado por el Espíritu hasta dentro de la Nube para participar en esta asamblea:

 

Así ha dicho Jehová de los ejércitos: No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan; os alimentan con vanas esperanzas; hablan visión de su propio corazón, no de la boca de Jehová. Dicen atrevidamente a los que me irritan: Jehová dijo: Paz tendréis; y a cualquiera que anda tras las obstinación de su corazón dicen: No vendrá mal sobre vosotros. Porque, ¿quién estuvo en el secreto de Jehová, y vio, y oyó su palabra? ¿Quién estuvo atento a su palabra, y la oyó? ... No envié yo a aquellos profetas, pero ellos corrían; yo no les hablé, mas ellos profetizaban. Pero si ellos hubieran estado en mi secreto, habrían hecho oir mis palabras a mi pueblo, y lo habrían hecho volver de su mal camino, y de la maldad de sus obras. (Jer. 23:16-22)
Los profetas no sólo observaban las deliberaciones del Concilio celestial (comp. 1 Reyes 22:19-22); de hecho participaban en él. En realidad, el Señor no hacía nada sin consultar a sus profetas Amós 3:7). Es por esto que la actividad característica del profeta bíblico es la intercesión y la mediación (comp. Gén. 18:16-33; 20:7 , la primera ocurrencia de la palabra profeta en las Escrituras). Como miembros del Concilio, los profetas tienen libertad de hablar con Dios, y pueden argumentar con Él, a menudo persuadiéndole a cambiar de parecer (comp. Éx. 32:7-14; Amós 7:1-6). Ellos son sus amigos, y por eso habla abiertamente con ellos (Gén. 18:17; Éx. 33:11; 2 Crón. 20:7; Isa. 41:8; Juan 15:15). Como imágenes del hombre plenamente redimido, los profetas participaban de la gloria de Dios, ejerciendo dominio sobre las naciones (comp. Jer. 1:10; 28:8), habiendo sido transfigurados éticamente (comp. Isa. 6:5-8) y físicamente (comp. Éx. 34:29). Así pues, eran semejantes a los ángeles del cielo, y de esta manera no es sorprendente que el término ángel (Heb. mal'âk, griego angelos) se use para describir al profeta bíblico (comp. 2 Crón. 36:15-6; Hag. 1:13; Mal. 3:1; Mat. 11:10; 24:31; Luc. 7:24; 9:52). De hecho, el arquetipo profeta en las Escrituras es el Ángel del Señor.43

Hay, por lo tanto, abundante evidencia precedente de que a los gobernantes proféticos de las iglesias se los describía como los ángeles de las iglesias. Es probable que cada ángel representara a un solo pastor u obispo; pero Juan podría estarse refiriendo a las estrellas/ángeles simplemente como personificaciones del gobierno de cada iglesia como un todo. Y el Señor del cielo y de la tierra les sostiene en su mano derecha. (Esta es la misma mano que Cristo usó para resucitar a Juan en el vers. 17; así que Juan es un "ángel"). En un sentido más general, lo que es cierto de los ángeles lo es de la Iglesia como un todo: Pablo instó a los filipenses a probarse a sí mismos como "irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo" (Fil. 2:15).

 

Los siete candeleros son (corresponden a) las siete iglesias; y las siete iglesias son, como ya hemos notado, tanto las iglesias particulares referidas como la totalidad de la Iglesia en todas las épocas. En términos del simbolismo del número siete como se relaciona con la Iglesia, es interesante el comentario de Victorio (un obispo que fue martirizado en el año 304 d. C.) concerniente al apóstol Pablo: "En el mundo entero, Pablo enseñaba que toda las iglesias estaban dispuestas en series de siete, que se las llama siete, y que la Iglesia Católica es una. Y en realidad, primero que todo, para que él mismo pudiera también conservar el tipo de siete iglesias, no excedió ese número. Pero escribió a los romanos, a los corintios, a los gálatas, a los efesios, a los tesalonicenses, a los filipenses, a los colosenses; después escribió a personas individuales, para no exceder el número de siete iglesias".44

 

El único candelero (un árbol estilizado) del antiguo tabernáculo es ahora Cristo (el árbol de la vida) con sus siete candeleros. Antes, en el Antiguo Testamento, la Iglesia tenía un carácter centralizado, nacional; y la unidad de las congregaciones particulares de Israel estaba enfocada geográficamente, en Jerusalén. Pero ya no es así. La Iglesia, el Nuevo Israel, ha sido descentralizada geográfica y nacionalmente - o, mejor, multicentralizada: La Iglesia es todavía un siete - todavía una unidad - pero lo que la mantiene junta no es un trozo de bien raíz especial o santo; la unidad de la Iglesia está centrada en Jesucristo. La Iglesia ya no está atada a un lugar, porque ha sido enviada a todo el mundo para tomar el dominio en el nombre del Rey univcrsal.45  Ya no hay un espacio en la tierra que sea santo; más bien, el mundo entero se ha convertido en "espacio santo", porque Jesucristo lo ha redimido. Y al recapturar el mundo, Él ha recreado la Iglesia a su imagen. Porque, de la misma manera en que Cristo es visto aquí como un destello de luz gloriosa, así también la Iglesia que él lleva y sostiene se caracteriza por la luz (comp. la descripción de la Iglesia en 21:9-22:5). La iglesias portadoras de luz, cuyos mismos gobiernos alumbran con brillo como de estrellas, brillan sobre el mundo con la luz de Jesucristo, con el resultado de que los hombres verán sus buenas obras y glorificarán a su Padre que está en los cielos.
 


Notas:

1. Véase de David Chilton, Paradise Restored: A Biblical Theology of Dominion (Ft. Worth, TX: Dominion Press, 1985), pp. 112, 115-122. Ya he explicado esto con mucho mayor detalle en una serie de artículos sobre los Últimos Días, publicados en The Geneva Review, P. O. Box 131300, Tyler, TX 75713.

2. Arthur Pink, The Sovereignty of God (London: The Banner of Truth Trust, [1928] 1968), pp. 43s.

3. G. R. Beasley-Murray, The Book of Revelation (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., [1974] 1981), p. 51.

4. The Scofield Reference Bible (Oxford University Press, 1909), nota sobre Apocalipsis 1:20; esta idea se ha popularizado en las notas de "Biblias de estudio" como la Thompson Chain-Reference Bible: New International Version (Indianapolis: B. B. Kirkbride Bible Co.; Grand Rapids: The Zondervan Corporation, 1983), "Outline Studies of the Bible", No. 4308 ("The Seven Churches of Asia"), p. 1602.

5. Ibid.

6. Comp. Loraine Boettner, The Millenium (Philadelphia: The Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1957), pp. 38-47, 63-66; Benjamin B. Warfield, "Are There Few That Be Saved?" en Biblical and Theological Studies (Phladelphia: The Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1968), pp. 334-350. Warfield cita a William Temple: "Con toda probabilidad, la tierra será habitable por miríadas de años todavía. Si el cristianismo es la religión final, la iglesia está todavía en su infancia. Dos mil años son como dos días. La apelación a la 'iglesia primitiva' es engañosa; nosotros somos la 'iglesia primitiva'"; y James Adderly: "Pero debemos recordar que el cristianismo es una religión muy joven, y que nosotros sólo estamos en el comienzo de de la historia cristiana en este momento" (pp. 347s).

 

7. Sucede, sin embargo, que hay un sentido en el cual Juan se proponía que sus descripciones de estas siete iglesias estuvieran legítimamente relacionadas con las siete "épocas" de la Iglesia; véase la introducción a la Parte II, más abajo.

8. El pie de página de Wilcock: "Compárese 1:4 con 4:5, 5:6, y Zac. 4:1-5, 10b: lámparas = ojos = espíritus. El simbolismo de las lámparas en 1:12, 20 no es tan diferente; aquí es el espíritu, allí la morada terrenal del Espíritu (1 Cor. 3:16), que está siendo presentado".

9. Michael Wilcock, I Saw Heaven Opened: The Message of Revelation (Downers Grove, Il.: InteVarsity Press, 1975), p. 34.

10. Una de las obras más útiles sobre el significado de los credos, incluyendo sus implicaciones sociológicas, es The Foundations of Social Order: Studies in the Creeds and Councils of the Early Church, de Rousas John Rushdoony, (Tyler, TX: Thobum Press, 1968 1978; véase también de Gerald Bray, Creeds, Councils, and Christ (Downers Grove, Il., InterVarsity Press, 1984).

11. Cornelius Van Til, Apologetics (class syllabus, Westminster Theological Seminary, Philadelphia, 1959), p. 8.

12. Contrástese esto con las muy comunes "ilustraciones" de la Trinidad en la Escuela Dominical - como un huevo, el sol, un pastel, o el agua. Estas son por lo general más engañosas que útiles. De hecho, sus implicaciones últimas son heréticas. Acaban por dividir a Dios en tres "partes" - como la cáscara, la clara, y la yema de un huevo - o muestran a Dios como una sustancia que toma tres formas diferentes, como el agua (sólida, líquida, y gaseosa).

 

13. Sobre el impacto radical de la doctrina de la Trinidad en todas las áreas de la vida, véase, de E. J. Rushdoony, Foundations of Social Order y The One and the Many (Ttyler, TX: Thoburn Press, 1978).

14. Philip Barrington, The Meaning of the Revelation (London: SPCK, 1931), p. 74. En efecto, la frase entera es un nombre propio, e indeclinable. El problema gramático surge del intento de Juan para poner en griego los matices teológicos contenidos en el hebreo de Éxodo 3:14: YO SOY EL QUE SOY. Juan no teme masacrar el lenguaje griego para hacer valer un punto, como en Juan 16:13, donde "incorrectamente" usa un pronombre masculino para enfatizar la personalidad del Espíritu Santo (Espíritu en griego es neutro, pero Juan quería subrayar que Él es realmente un Él y no una cosa).

 

15. Hay varias buenas discusiones de los varios significados de Venir en la Escritura. Véase de Oswald T. Allis, Prophecy and the Church (Grand Rapids: Baker Book House, 1945, 1947), pp. 175-191; Loraine Boettner, The Millenium, pp. 252-262; Roderick Campbell, Israel and the New Covenant (Tyler, TX: Geneva Ministries, 1954 1983), pp. 68-80; David Chilton, Paradise Restored, pp. 67-75, 97-105; Geerhardus Vos, The Pauline Eschatology (Grand Rapids: Baker Book House, 1930), pp. 70-93.

 

16. Véase, por ejemplo, 1 Crón. 28:2; Sal. 132:7-8, 13-14; Isa. 11:10. Comp. Meredith G. Kline, Images of the Spirit (Grand Rapids: Baker Book House, 1980), pp. 20s., 39ss, 46, 111sss. Como observó Geerhardus Vos, la importancia del Tabernáculo en el Antiguo Testamento es que "es el palacio del Rey en el cual el pueblo le rinde homenaje" (Biblical Theology: Old and New Testaments [Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Co., 1948], p. 168).

17. Alexander Schmemann, Church, World, Mission: Reflections on Orthodoxy in the West (Crestwood, N. Y.: Vladimir´s Seminary Press, 1979), p. 226.

18. Rousas John Rushdoony, The Institutes of Biblical Law (Nutley, N. J.: The Craig Press, 1973), pp. 573s.

19. William Symington, Messiah the Prince: or, The Mediatorial Dominion of Jesus Christ (Philadelphia: The Christian Statesman Publishing Co., [1839] 1884), p. 208.

20. Véase de Chilton, Paradise Restored, pp. 57ss., 97ss.; comp. Kline, Images of the Spirit.

21. Para un ejemplo reciente de esta posición, véase de Norman Geisler, "A Premillenial View of Law and Government", Bibliotheca Sacra (Julio-Septiembre 1985), pp. 250-266. Escribiendo contra el postmilenialismo de R. J. Rushdoony y otros "reconstruccionistas", Geisler dice en realidad: "Los postmilenialistas trabajan para construir unos Estados Unidos cristianos. Los premilenialistas trabajan en favor de unos Estados Unidos verdaderamente libres", p. 260. La elección es clara: ¿Escogeremos el cristianismo? ¿O escogeremos la libertad en su lugar? Geisler debe ser felicitado por haber expresado el asunto con esta precisión; sin embargo, hablando técnicamente, él no es el primero que presentó el dilema de este modo. Permanece en la antigua tradición (Gén. 3:1-5).

 

22. Véase de Walter Chantry, Today´s Gospel: Authentic or Synthetic? (Edinburgh: The Banner of Truth Trust, 1970), y Arend J. ten Pas, The Lordship of Christ (Vallecito, CA: Ross House Books, 1978).

23. Véase la discusión de profeta en Images of Spirit, de Meredith G. Kline, pp. 57-96; esp. pp. 93s.

24. Véase de Chilton, Paradise Restored, pp. 133ss.

25. Véase de Kline, Images of the Spirit, pp. 97-131.

26. Ibid., pp. 106ss.

27. Para una exégesis completa de este texto, véase íbid., 97-331; comp. Chilton, Paradise Restored, pp. 58, 134ss.

28. St. Germanus of Constantinople, On the Divine Liturgy, Paul Meyendorff, trad. (Crestwood, NY: St. Vladimir´s Seminary Press, 1984), p. 57.

29. Comp. la discusión de este texto en relación con Apoc. 12:7-9 más abajo.

30. Según Josefo, el sacerdote llevaba el cinto alrededor del pecho cuando descansaba y no "hacía ningún servicio laborioso" (Antiquities of the Jews, iii.vii.2).

31. Kline, Images of the Spirit, p. 43.

32. Nótese que el cabello blanco es glorioso, en contraste con la cultura de "perpetua juventud" de nuestro tiempo.

33. Véase de Chilton, Paradise Restored, p. 58; comp. Éx. 19:16, 19; Eze. 1:24.

34. Véase de Herman Bavinck, The Doctrine of God (London: The Banner of Truth Trust, [1951] 1977, pp. 88ss.

35. Originalmente, Adán tenía la llave de la Muerte y el Hades, porque era el Sacerdote de Edén, con la responsabilidad scerdotal de guardar las puertas del Paraíso (Gén. 2:15; véase de Meredith G. Kline, Kingdom Prologue (programa de estudios publicado privadamente, 1981), Vol. I, pp. 127ss. Cuando Adán renunció a esta responsabilidad, él mismo se convirtió en muerte, lejos del Árbol de la Vida, y los querubines tomaron su lugar como guardianes, sosteniendo la espada llameante (la llave). Por medio de la resurrección, Jesucristo, como Segundo Adán, regresó al Paraíso como Sacerdote, el guardián de las puertas del Edén, para lanzar a la Serpiente a la Muerte y al Hades (comp. Apoc. 20:1-3).

 

36. El por lo tanto muestra la conexión con la comisión original de Juan en el vers. 11.

37. Philip Barrington, The Meaning of the Revelation, p. 95.

38. James Kallas, Revelation: God and Satan in the Apocalypse (Minneapolis: Augsburg Publishing House, 1973), pp. 58s.

39. Wilcock, I Saw Heaven Opened, p. 153.

40. Ibid., p. 154.

41. Ibid., p. 156.

42. Un aspecto interesante del fondo conceptual de todo esto es la referencia en el libro apócrifo de Tobit a "los siete ángeles santos, que presentan las oraciones de los santos, y que entran y salen delante de la gloria del Santo" (12:15; comp. 1 Enoch 20:1-7).

43. El estudio más abarcante del orden profético y su relación con el Concilio angélico se encuentra en Images of the Spirit, de Kline, pp. 57-96. Véase también de George Vandervelde, "The Gift of Prophecy and the Prophetic Church" (Toronto: Institute for Christian Studies, 1984).

44. Victorious, Commentary on the Apocalypse of the Blessed John, en Alexander Roberts y James Donaldson, eds., The Ante-Nicene Fathers (Grand Rapids: Eerdmans, [1886] 1970(, vol. VII, p. 345.

45. Según Éxodo 18 y Deuteronomio 1, el ancianato estaba dispuesto jerárquicamente, con "jefes de millares, jefes de centenas, jefes de cincuenta, y jefes de decenas". Esta era la base bíblica para la organización jerárquica de la iglesia primitiva, correspondiendo el obispo de la ciudad al "jefe de millares" (véase de James B. Jordan, "Biblical Church Government, Part 3: Councillar Hierarchy -Elders and Bishops", Presbyterian Heritage, No. 9 [January 1986], P. O. Box 131300, Tyler, TX 75713). Una oficina central (un "vaticano") puede por lo tanto ser útil para el gobierno de la iglesia, aunque no es necesario (hay una distinción entre lo que puede ser bueno para el bienestar [bene esse] o la plenitud de ser [plene esse] de la iglesia, y lo que es necesario para el bien [esse] de la Iglesia). El mejor estudio histórico disponible sobre el surgimiento del episcopado es, de J. B. Lightfoot, The Christian Ministry, Philip Edgcumbe Hughes, ed. (Wilton, CT Morehouse-Barlow Co., 1983).

Parte Dos

 

PRÓLOGO HISTÓRICO: LAS CARTAS
A LAS SIETE IGLESIAS

(Apocalipsis 2-3)
 

 


Introducción

La segunda parte de la estructura del tratado de pacto (comp. Deut. 1:6-4:49
1es el prólogo, que relata la historia de las relaciones del Gran Rey con el vasallo, recordándole la autoridad de su señor y la fidelidad al pacto, haciendo una lista de los beneficios que se le han proporcionado, enumerando las transgresiones de la ley por parte del vasallo, ordenándole al vasallo que se arrepienta y renueve su obediencia, y prometiéndole futuras recompensas. Un aspecto importante del prólogo es la cesión del pacto2, la orden para tomar posesión de la tierra, conquistándola en nombre del Gran Rey (comp. Deut. 2:24-25, 31; 3:18-22, 4:1, 14, 37-40). 3

 

Los siete mensajes a las iglesias corresponden de varias maneras al prólogo del pacto. La estructura de los mensajes sigue el mismo modelo general: El señorío de Cristo sobre la Iglesia, el registro de fidelidad o desobediencia de la iglesia en particular, las advertencias de castigo, y las promesas de bendiciones en respuesta a la obediencia. Además, en cada caso, a la iglesia se le da una concesión de pacto, una comisión para conquistar, para triunfar, y ejercer dominio bajo el señorío de Cristo (2:7, 11, 17, 26-29; 3:5, 12, 21).

 

Además, cada mensaje, por sí solo, recapitula la totalidad de la estructura del pacto de cinco partes. Considérese el primer mensaje, la iglesia de Éfeso (2:1-7):

  1. Preámbulo: "El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro" (2:1).
  1. Prólogo histórico: "Yo conozco tus obras...." (2:2-4).
  1. Estipulaciones éticas: "Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras" (2:5a).
     
  1. Sanciones: "Pues, si no, vendré pronto a tí, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido" (2:5b).
  1. Disposiciones de la sucesión: "... Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios" (2:6-7).
Recapitulación de la historia del pacto

En el capítulo 1:4, discutimos el punto de vista (¡extrañamente común entre los modernos "literalistas"!) de que las siete iglesias representan simbólicamente "siete épocas de la historia de la Iglesia"; y, aunque esa interpretación es evidentemente errónea por varias razones, hay otro sentido en el cual estas siete iglesias se relacionan con siete períodos de la historia de la Iglesia - la historia de la Iglesia del Antiguo Testamento. Porque las imágenes usadas para describir las siete iglesias de Asia avanzan cronológicamente desde el Jardín de Edén hasta la situación en el siglo primero d. C.:

 

1. Éfeso (2:1-7). El lenguaje del paraíso es evidente a través del pasaje. Cristo se anuncia a sí mismo como el Creador, el que tiene las siete estrellas, y como el que anda en medio de los siete candeleros para evaluarlos, como Dios anduvo en medio del jardín en juicio (Gén. 3:8). El "ángel" de Éfeso es felicitado por guardar adecuadamente a la iglesia de sus enemigos, como a Adán se le había ordenado guardar el jardín y a su esposa de su enemigo (Gén. 2:15). Pero el ángel, como Adán, ha "caído", habiendo dejado su primer amor. Por lo tanto, Cristo amenaza con venir a él en juicio y quitar el candelero de su lugar, como había echado a Adán y a Eva del jardín (comp. Gén. 3:24). Sin embargo, la puerta de Edén está abierta para los que obtienen la victoria sobre el tentador: "Al que venciere, yo le daré a comer del árbol de la vida, que está en medio del paraíso de Dios".

2.
Esmirna (2:8-11). La situación de los patriarcas (Abraham, Isaac, Jacob, y José) y de los hijos de Israel en Egipto parece reflejarse en las palabras de este mensaje. Cristo se describe a sí mismo como el que "estuvo muerto y ha vuelto a la vida", un acto redentor prefigurado en las vidas de Isaac (Gén. 22:1-4; Heb. 11:17-19) y José (Gén. 37:18-36; 39:20-41:45; 45:4-8; 50:20), así como en la liberación de Israel de casa de servidumbre. La condición de los esmirnenses de aparente pobreza y riqueza real es análoga a la experiencia de todos los patriarcas, que "vivieron como extranjeros en la tierra prometida" Heb. 11:9). Falsos "judíos" están persiguiendo a los verdaderos herederos de las promesas, tal como Ismael persiguió a Isaac (Gén. 21:9; comp. Gál. 4:22-31). El peligro de encarcelamiento por la instigación de un calumniador encuentra paralelo en la vida de José (Gén. 39:13-20), como lo encuentra en la bendición de la corona de la vida para los fieles (Gén. 41:40-44); también Aarón, como la imagen gloriosa del hombre plenamente redimido, llevaba una corona de vida (Éx. 28:36-38). La "tribulación de los diez días", seguida por la victoria, refleja la historia de cómo Israel soportó las diez plagas antes de ser liberado.

 

3. Pérgamo (2:12-17). Las imágenes de esta sección son tomadas de la peregrinación de Israel en el desierto, la morada de los demonios (Lev. 16:10; 17:7; Deut. 8:15; Mat. 4:1; 12:43); los cristianos de Pérgamo también tenían que habitar "donde está el trono de Satanás ... donde mora Satanás". Los enemigos de la iglesia son descritos como "Balaam" y como "Balac", el falso profeta y el rey malo que trataron de destruir a los israelitas tentándolos con la idolatría y la fornicación (Núm. 25:1-3; 31:16). Como el ángel del Señor y Finees el sacerdote, Cristo amenaza con hacer guerra con la espada contra los balaamitas (comp. Núm. 22:31; 24:7-8). A los que vencen, les promete compartir con ellos el "maná escondido" del arca del pacto (Heb. 9:4), y una piedrecita blanca con un "nombre nuevo" inscrito en ella, el emblema del pueblo redimido del pacto, que llevaba el sumo sacerdote (Éx. 28:9-12).

 

4. Tiatira (2:18-29). Ahora Juan se vuelve a las imágenes del período de la monarquía israelita y el pacto davídico. Cristo se anuncia a sí mismo como "el Hijo de Dios", el gran David (comp. Sal. 2:7; 89:19-37; Jer. 30:9; Eze. 34:23-24; 37:24-28; Oseas 3:5; Hech. 2:24-36; 13:22-23). Reprende al ángel de Tiatira, cuya tolerancia de su "esposa, Jezabel", está conduciendo al pueblo de Dios a la apostasía (comp. 1 Reyes 16:29-34; 21:25-26). Ella y los que adulteran con ella (comp. 2 Reyes 9:22) son amenazados con la "tribulación", como los tres años y medio de tribulación con que fue visitado Israel en los días de Jezabel (1 Reyes 17:1; Sant. 5:17); ella y su descendencia serán muertos (comp. 2 Reyes 9:22-37). Pero, como a David, al que vence le será dada "autoridad sobre las naciones" (comp. 2 Sam. 7:19; 8:1-14; Sal. 18:37-50; 89:27-29). La promesa concluyente alude al salmo mesiánico de dominio, de David: "Y las regirá con vara de hierro; y serán quebradas como vaso de alfarero, como yo también la he recibido de mi Padre" (comp. Sal. 2:9).

 

5. Sardis (3:1-6). Las imágenes de esta sección proceden del período profético posterior (comp. las referencias al Espíritu y a las "siete estrellas", hablando del testigo profético) que lleva al final de la monarquía, cuando el desobediente pueblo del pacto fue derrotado y llevado al cautiverio. La descripción de la reputación de la iglesia de que está "viva" cuando en realidad está "muerta", las exhortaciones a "despertar" y a "afirmar las cosas que quedan", el reconocimiento de que hay "unas pocas personas" que han permanecido fieles, todo esto recuerda el lenguaje profético acerca del Remanente en tiempo de apostasía (Isa. 1:5-23; 6:9-13; 65:8-16; Jer. 7:1-7; 8:11-12; Eze. 37:1-14), como lo es la advertencia de juicio inminente (Isa. 1:24-31; 2:12-21; 26:20-21; Jer. 4:5-31; 7:12-15; 11:9-13; Miq. 1:2-7; Sof. 1).

 

6. Filadelfia (3:7-13). El regreso del exilio bajo Esdras y Nehemías se refleja en este mensaje, que con sus imágenes habla de la sinagoga y la reconstrucción de Jerusalén y el Templo (comp. las profecías de Hageo, Zacarías, y Malaquías). Los filadelfianos, como los judíos que regresaban, tienen "poca fuerza". La referencia a "la sinagoga de Satanás, los que se dicen judíos, y no lo son" recuerda los conflictos con los "falsos judíos" en Esdras 4 y Nehemías 4, 6, y 13. La advertencia de una venidera "hora de prueba ... que está a punto de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran en la tierra" nos recuerda la tribulación sufrida bajo el régimen de Antíoco Epífanes (comp. Dan. 8 y 11). Pero Cristo promete al que vence que será hecho "columna en el templo" y que compartirá las bendiciones de la "nueva Jerusalén".

 

7. Laodicea (3:14-22). El período de los Últimos Días (30-70 d. C.) proporciona el tema para el séptimo y último mensaje. La iglesia "tibia",  enorgulleciéndose de su riqueza y su autosuficiencia, y, sin embargo, ciega a su verdadera pobreza y desnudez, es una imagen adecuada del judaísmo farisaico del siglo primero (Lucas 18:9-14; comp. Apoc. 18:7). Advertido de que está a punto de ser vomitado de la tierra (la maldición de Lev. 18:24-28; comp. Lucas 21:24), a Israel se le insta a arrepentirse y a aceptar a Cristo, ofrecido en la comida eucarística. A los que vencen se les concede la  bendición característica de la era introducida por el nuevo pacto; el dominio con Cristo (comp. Efe. 1:20-22; 2:6; Apoc. 1:6).

  1. La estructura del Apocalipsis predicha
Finalmente, los mensajes a las siete iglesias también contienen un bosquejo en miniatura de la profecía entera. Como hemos observado, las cuatro secciones del Apocalipsis que siguen al preámbulo (Capítulo 1) están estructuradas en términos de las cuádruples maldiciones del pacto establecido en Levítico 26:18, 21, 24, 28. Estas cuatro series de juicios en Apocalipsis pueden resumirse como sigue:

 
  1. Juicio contra los falsos apóstoles (2-3). Los maestros herejes que propagan falsas doctrinas son expuestos, condenados,  y excomulgados por Juan y los que son fieles a la verdadera tradición apostólica.
     

 

  1. Juicio contra el falso Israel (4-7). El Israel apóstata, que persigue a los santos, es condenado y castigado; el remanente creyente es protegido del juicio, hereda las bendiciones del Pacto, y llena la tierra de frutos.
     
  1. Juicio contra el rey malo y el falso profeta (8-14). La bestia y el falso profeta hacen guerra contra la iglesia, y son derrotados por el verdadero rey y su ejército de testigos fieles.
  1. Juicio ontra la ramera real (15-22). Babilonia, la falsa esposa, es condenada y quemada, y la verdadera esposa celebra la cena de bodas del Cordero.
Este es el mismo patrón general que encontramos en los cuatro primeros mensajes mismos:
  1. Éfeso: Juicio contra el falso profeta (2:1-7). Los conflictos de todas las siete iglesias son evidentes en las luchas de su iglesia contra los nicolaítas, "los que se llaman a sí mismos apóstoles, pero no lo son".
  1. Esmirna: Juicio contra el falso Israel (2:8-11). Los esmirnenses están sufriendo por la oposición de "los que se dicen judíos y no lo son, sino que son la sinagoga de Satanás".
  1. Pérgamo: Juicio contra el rey malo y el falso profeta (2:12-17). Esta iglesia está     experimentando persecución y tentación de las contrapartes del siglo primero de    "Balac", el rey malvado de Moab, y el falso profeta, "Balaam".
  1. Tiatira: Juicio contra la ramera real (2:18-29). El líder de los herejes, que seduce a los siervos de Dios a cometer idolatría y fornicación, es nombrado en recuerdo de Jezabel, la reina adúltera del antiguo Israel.
El ciclo comienza nuevamente, de manera que estos primeros cuatro mensajes son "recapitulados" en los tres últimos, pero con atención a detalles diferentes. Para entender esto, tenemos que comenzar otra vez por el primer mensaje. Las descripciones de Cristo por parte de Juan en el preámbulo a cada mensaje son trazadas a partir de las de la visión del Hijo de Dios en el capítulo 1. Pero su orden es quiástico (esto es, considera cada punto en orden inverso). Así:

La visión del Hijo del Hombre
A. Sus ojos eran como llama de fuego, y sus pies como bronce bruñido (1:14-15).
B. De su boca salía una espada aguda de dos filos (1:6).
C. Yo soy el primero y el último, y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades (1:17-18).
D. El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro (1:20).

Las cartas a las siete iglesias
D. Éfeso El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro (2:1).
C. Esmirna El primero y el postrero, el que estuvo muerto, y vivió (2:8).
B. Pérgamo El que tiene la espada aguda de dos filos (2:12).
A. Tiatira El Hijo de Dios, el que tiene ojos como llama de fuego, y pies semejantes al bronce bruñido (2:18).
D. Sardis El que tiene los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas (3:1).
C. Filadelfia El Santo, el Verdadero, el que tiene la llave de David, el que abre y ninguno cierra, y cierra y ninguno abre (3:7).
C. Laodicea El Amén, el Testigo fiel y verdadero, el principio de la creación de Dios (3:14).4

La repetición del modelo general es reforzada por otros puntos de similitud. El paralelo entre Esmirna y Filadelfia puede verse también en que ambas tratan de la "sinagoga de Satanás"; y la asociación de los "siete candeleros" de Éfeso con los "siete espíritus de Dios" de Sardis es explicada en el capítulo siguiente, durante la visión de Juan del trono celestial: "Y delante del trono ardían siete lámparas de fuego, las cuales son los siete espíritus de Dios" (4:5).

 

 



Notas:

1.  Véase, de Meredith G. Kline, Treaty of the Great King: The Covenant Structure of Deuteronomy (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publshing Co., 1963), pp. 52-61.
2. Véase, de Ray R. Sutton, That You May Prosper: Dominion by Covenant, (Tyler, TX: Institute for Christian Economics, 1987).
3. Kline, Treaty of the Great King, pp. 56ss.
4. Nosotros habríamos esperado que Juan modelara el Preámbulo laodicense según B (o quizás según A) y no según C; por alguna razón, Juan eligió no hacer simétrica la estructura.

Parte 2

2

EL ESPÍRITU HABLA A
LA IGLESIA: ¡VENCE!

 
Éfeso: Juicio sobre los falsos apóstoles (2:1-7)

1 Escribe al ángel de la iglesia en Éfeso: El que tiene las siete estrellas en su diestra, el que anda en medio de los siete candeleros de oro, dice esto:
2 Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos;
3 y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado.
4 Pero tengo contra tí, que has dejado tu primer amor.
5 Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues, si no, vendré pronto a tí, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieras arrepentido.
6 Pero tienes esto, que aborreces las obras de los nicolaítas, las cuales yo también aborrezco.
7 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, el cual está en medio del paraíso de Dios.

1 La ciudad de Éfeso era la más importante de Asia Menor, tanto política como comercialmente. Era también un importante centro cultural, que se ufanaba de atracciones tales como las artes, las ciencias, la hechicería, la idolatría, los gladiadores, y la persecución. La Calle Principal corría desde el puerto hasta el teatro, y en el camino, el visitante pasaba por el gimnasio y los baños públicos, la biblioteca pública, y el prostíbulo público. Su templo de Artemisa (o Diana - la diosa de la fertilidad y la "naturaleza salvaje") era una de las Siete Maravillas del mundo antiguo. Lucas nos cuenta otro hecho interesante acerca de la ciudad, un hecho que tiene mucho que ver con los Siete Mensajes en general: Éfeso era un semillero de ocultismo judío y artes mágicas judías (Hechos 19:13-15, 18-19). Por todo el mundo del siglo primero, el judaísmo apóstata se adaptaba a las numerosas ideologías y prácticas paganas, desarrollando las cepas primitivas de lo que más tarde vino a conocerse como el agnosticismo - varias variedades de sabiduría oculta, tradición rabínica, religión de misterio, y ascetismo o libertinaje, (o ambos), todo revuelto con algunos trozos y pedazos de doctrina cristiana. 1 Esta mezcla de charlatanería religiosa era sin duda un semillero de herejías que afligían a las iglesias de Asia Menor.

Y, sin embargo, a pesar de toda la multiforme depravación en Éfeso (comp. Efe. 4:17-19; 5-3-12), el Señor Jesucristo había establecido su iglesia allí (Hechos 19); y en su mensaje, le asegura al ángel de la congregación que Él tiene las siete estrellas en su diestra, sosteniendo y protegiendo a los gobernantes que ha ordenado: "Los llena de luz e influencia", dice el Comentario de Matthew Henry; "les sostiene, de lo contrario pronto serían estrellas caídas".
2 También, Él anda en medio de los candeleros, las iglesias, guardándolas y examinándolas, y conectándolas entre sí por medio de su unidad con Él. "Y pondré mi morada en medio de vosotros, y mi alma no os abominará; y andaré entre vosotros, y yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo" (Lev. 26:11-12).

 

2-3 La iglesia de Éfeso era bien conocida por su esfuerzo y duro trabajo en favor de la fe, y su perseverancia frente a la oposición y la apostasía, habiendo soportado penalidades por el nombre de Cristo. Ésta era la iglesia que no conocía el significado de componendas, la iglesia que estaba dispuesta a adoptar una posición firme en favor de la ortodoxia, sin importar el costo. (Vale la pena observar que, de todas las cartas de Pablo a las iglesias, sólo la carta a los efesios no menciona un solo punto doctrinal en disputa que requiriese corrección apostólica). Los dirigentes de la iglesia no temían disciplinar a hombres malos. Conocían la importancia de los juicios por herejía y las excomuniones, y parece que esta iglesia había recibido una buena porción de ambos: Sus dirigentes habían sometido a prueba a los falsos "apóstoles", y los habían hallado culpables. Los ancianos de Éfeso acataron bien la exhortación que Pablo les había hecho (Hechos 20:28-31): "Por tanto, mirad por vosotros y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre. Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras de sí a los discípulos. Por tanto, velad".

 

Cuarenta años más tarde, esta iglesia todavía era renombrada por su ortodoxia, como Ignacio (martirizado en el año 107 d. C.) observó en su carta a los efesios: "Todos vosotros vivís según verdad, y ninguna herejía halla cabida entre vosotros: En realidad, ni siquiera escucháis a nadie que hable de nada que no sea concerniente a Cristo Jesús en verdad.... Me he enterado de que ciertas personas pasaron a través de vosotros trayendo doctrinas impías, y vosotros ni siquiera les permitísteis plantar su semilla entre vosotros, sino que tapásteis vuestros oídos para no recibir la semilla que ellos querían plantar... De la cabeza a los pies, os habéis ataviado de los mandamientos de Cristo Jesús". 3

 

Hay varios notables paralelismos en estos versículos: Cristo le dice a la iglesia: "Conozco ... tu arduo trabajo [literalmente, cansancio] y tu perseverancia, y que no puedes soportar a los malos... Y tienes paciencia y has sufrido por amor de mi nombre, y no has desmayado".

 

4-6 Y sin embargo, el Señor reprende al ángel: Tengo esto contra tí: Has dejado tu primer amor. El deseo de la iglesia en favor de la sana doctrina se había pervertido hasta convertirse en un endurecimiento contra sus hermanos en Cristo, de manera que carecía de amor. Es importante notar que ni siquiera la más rigurosa preocupación por la ortodoxia significa automáticamente ausencia de amor. Es sólo la perversión de la ortodoxia lo que resulta en dureza hacia los hermanos. Cristo no critica a los efesios por ser "demasiado ortodoxos", sino por dejar y abandonar el amor que tenían al principio. Bíblicamente hablando, la cuestión de la "doctrina versus el amor" no es un punto en disputa. En realidad, es un punto específicamente pagano, que trata de separar lo que Cristo ha unido. De los cristianos se requiere que sean tanto ortodoxos como amorosos, y la ausencia de cualquiera de estas dos características resultará eventualmente en el juicio de Dios.

 

Recuerda, por tanto, de dónde has caído: Los efesios habían tenido alguna vez una armoniosa combinación de amor y ortodoxia doctrinal, y Cristo les llama a arrepentirse, a cambiar su modo de pensar acerca de sus acciones y hacer las obras que hicieron al principio. El amor no es simplemente un estado mental o una actitud; el amor es acción en términos de la ley de Dios: "En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos. Pues éste es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos, y sus mandamientos no son gravosos" (1 Juan 5:2-3; comp. Rom. 13:8-10). El antídoto de Cristo para el malestar espiritual de la Esposa no es simplemente una exhortación a cambiar de actitud como tal. En su lugar, Cristo le ordena que cambie sus acciones, que lleve a cabo las obras que habían caracterizado su romance con el Esposo al principio. Las acciones de arrepentimiento nutrirán y cultivarán una actitud de arrepentimiento.

 

Sin embargo, si no se arrepiente, Cristo le advierte: Vendré a tí en juicio - una advertencia que se hace tres veces más en estas cartas (2:16: 3:3,11). Como hemos visto antes (1:7), la venida de Cristo no se refiere simplemente a un cataclismo al final de la historia, sino más bien a sus venidas en la historia. En realidad, advierte, vendrá pronto, un término subrayado por las siete veces en que ocurre en Apocalipsis (2:5, 16; 3:11; 11:14; 22:7, 12, 20). El Señor no está amenazando a la iglesia de Éfeso con su segunda venida; está diciendo que él vendrá contra ella: Quitaré tu candelero de su lugar. La influencia de ella será quitada, y de hecho, dejará por completo de ser iglesia. Por falta de amor, la congregación entera está en peligro de ser excomulgada. Si los ancianos de la iglesia dejan de disciplinar y discipular a la iglesia hacia el amor, así como hacia la ortodoxia doctrinal, Jesucristo mismo intervendrá y administrará juicio - y en ese punto puede muy bien ser demasiado tarde para el arrepentimiento.

 

Es probable que Juan estuviera usando un importante "suceso actual" en la vida de Éfeso como base parcial para estas imágenes. La línea costera estaba cambiando constantemente a causa del sedimento arrastrado por el cercano río Caister; la arena y las piedrecillas rellenaban gradualmente el puerto, amenazando con convertirlo en un pantano. En verdad, la ciudad estaba en peligro de ser movida de su lugar, quedando completamente aislada del mar. Dos siglos antes, un tremendo proyecto de ingeniería había dragado el puerto, con mucho esfuerzo, mucha perseverancia, y muchas penalidades. Sin embargo, para mediados del siglo primero, el puerto nuevamente se estaba llenando de sedimento. Se hizo evidente que, si Éfeso había de conservar su influencia como puerto marítimo, los ciudadanos tendrían que arrepentirse de su negligencia y hacer las primeras obras otra vez. En el año 64 d. C., la ciudad comenzó finalmente a dragar el puerto otra vez, y Éfeso permaneció en su lugar por años después. (En siglos posteriores, se le permitió a la sedimentación continuar sin impedimento. En la actualidad, el mar está a seis millas de las ruinas de Éfeso, y lo que una vez fue el puerto de Éfeso es ahora una llanura cubierta de hierba y barrida por el viento). 4

 

Pero una vuelta al amor no implica ninguna disminución de los modelos teológicos (en un sentido real, significa intensificar y hacer cumplir un modelo teológico para el mundo entero). El verdadero amor por Cristo y su pueblo requiere aborrecer el mal, y el Señor les alaba por su firmeza en esto: Pero tienes esto, que aborreces las obras de los nicolaítas, que yo también aborrezco. Según Ireneo, obispo del siglo segundo, "los nicolaítas son los seguidores de aquel Nicolás que fue uno de los primeros ordenados al diaconado por los apóstoles [Hechos 6:5]. Vivían en libertinaje desenfrenado ... enseñando que daba lo mismo practicar el adulterio o no, y comer cosas sacrificadas a los ídolos". 5 Si Ireneo tiene razón en esto - su punto de vista es ciertamente debatible - el diácono Nicolás (en griego Nikolaos) había apostatado y se había convertido en un "falso apóstol", buscando conducir a otros a la herejía y a que entraran en componendas con el paganismo.

 

Una cosa es obvia: Juan está nombrando a la facción herética en Éfeso en honor a alguien llamado Nikolaos (aún admitiendo que Ireneo estuviese confundido sobre la identidad de aquél). Su motivo parece estar basado en consideraciones lingüísticas, porque en griego Nikolaos significa Conquistador del pueblo. Es interesante notar que, en el tercero de los siete mensajes, Juan menciona a un grupo de herejes de Pérgamo, a los cuales llama seguidores de "Balaam" (2:14). En hebreo, Balaam significa Conquistador del pueblo. Juan está haciendo un juego de palabras, enlazando a los "nicolaítas" de Éfeso con los "Balaamitas" de Pérgamo; en realidad, Juan nos dice claramente en 2:14-15 que las doctrinas de ellos son las mismas. De la misma manera que Nikolaos y Balaam son equivalentes lingüísticos el uno del otro (comp. la misma técnica en 9:11), son también teológicamente equivalentes. Los "nicolaítas" y los "balaamitas" participan del mismo culto herético.

 

Esta conclusión queda reforzada por una conexión adicional. Cuando comparamos las verdaderas enseñanzas de la herejía Nicolaíta/Balaamita con las de la facción de "Jezabel" en la iglesia de Tiatira, mencionadas en el cuarto mensaje (2:20), descubrimos que sus doctrinas son idénticas entre sí. Por esta razón, parecer ser una herejía en particular la que es el blanco de estos mensajes a las iglesias durante los últimos días, una herejía que trataba de seducir al pueblo de Dios hacia la idolatría y la fornicación. Como había predicho Pablo, habían surgido lobos de dentro de la comunidad cristiana, intentando devorar a las ovejas, y era el deber de los pastores/ángeles estar en guardia contra ellos, y expulsarlos de la iglesia. Jesucristo declara que Él aborrece las obras de los nicolaítas; su pueblo debe revelar su imagen al amar lo que Él ama y aborrecer lo que Él aborrece (comp. Sal. 139:19-22).

 

7 Como en cada uno de estos mensajes, la carta a la iglesia de Éfeso concluye exhortándola a oír lo que el Espíritu dice a las iglesias. Aunque los mensajes son diferentes en términos de las necesidades de cada congregación, el Espíritu está en realidad dando una orden básica: ¡Vence! La palabra griega es nikaõ, que tiene la misma raíz que nikolaíta; Cristo está asignando a su iglesia la responsabilidad de derrotar a los que tratan de derrotarla. Un lado u otro resultará victorioso en esta batalla. La oposición de Satanás a las iglesias aparecerá en varias formas, y diferentes iglesias (y diferentes épocas de la iglesia) tendrán que enfrentarse a diferentes puntos en disputa, y tendrán diferentes enemigos que derrotar. Pero, no importa cuáles sean los problemas particulares a los que haya que enfrentarse, cada iglesia está bajo el divino mandato de conquistar y abrumar completamente a su oposición. El deber de vencer no es algo reservado para unos pocos selectos "super cristianos" que se han "dedicado" a Dios por encima de lo que se requiere de los cristianos. Todos los cristianos son vencedores: Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe (1 Juan 5:4). Los cristianos de los que se habla en Apocalipsis vencieron al diablo "por medio de la sangre del Cordero y de la palabra del testimonio de ellos" (12:11). La cuestión no es victoria o derrota. La cuestión es victoria o traición.

 

El cristiano vence; y a él le concede Cristo el privilegio de comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios. Esto no es sólo una esperanza fuera de este mundo. Aunque la plena consumación de esta promesa se presenta al final de la historia, es una posesión actual y creciente del pueblo de Dios, al obedecer a su Señor y tomar dominio sobre la tierra. Porque el árbol de la vida es Jesucristo mismo, y participar del Árbol es poseer las bendiciones y los beneficios de la salvación. 7 En Cristo, el cristiano vencedor tiene el Paraíso Restaurado, en esta vida y para siempre.

 

Esmirna: Juicio contra el falso Israel (2:8-11)
8 Y escribe al ángel de la iglesia en Esmirna: El primero y el postrero, el que estuvo muerto, y vivió, dice esto:
9 Yo conozco tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza (pero tú eres rico), y la blasfemia de los que se dicen ser judíos, y no lo son, sino sinagoga de Satanás.
10 No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.
11 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. El que venciere no sufrirá daño de la segunda muerte.
8 Había dos características de Esmirna que significaban severos problemas para la iglesia allí. Primero, los habitantes de la ciudad eran fervorosos devotos del culto del emperador; y segundo, Esmirna tenía una numerosa población de judíos que eran hostiles a la fe cristiana. A esta fiel iglesia, que sufría extremadamente bajo las persecuciones de estos incrédulos, Jesucristo se anuncia a sí mismo como el primero y el postrero, un nombre de Dios tomado de Isaías 44:6 y 48:12. Es obvio, a partir de los contextos de estos versículos, que la expresión identifica a Dios como el supremo Señor y Determinador de la historia, el Planeador y Controlador de toda realidad. La doctrina bíblica de la predestinación, correctamente entendida, no debería ser fuente de temor para el cristiano; antes bien, es fuente de consuelo y seguridad.

Lo opuesto a la doctrina de la predestinación no es libertad, sino insensatez; si los más pequeños detalles de nuestras vidas no son parte del Plan de Dios, si no son hechos creados con un significado divinamente determinado, entonces no pueden tener ningún significado en absoluto. No pueden estar "trabajando juntos para el bien". Pero al cristiano que entiende la verdad de la soberanía de Dios se le asegura, por lo tanto, que nada en esta vida carece de significado y propósito - que Dios ha ordenado todas las cosas para su gloria y para nuestro bien último. Esto significa que aún nuestros sufrimientos son parte de un Plan consistente; que, cuando encontramos oposición, no necesitamos temer que Dios nos ha abandonado. Podemos estar seguros en el conocimiento de que, puesto que hemos sido "llamados conforme a su propósito" (Rom. 8:28), todas las cosas en nuestra vida son aspectos necesarios de ese propósito. Martín Lutero dijo: "Es entonces fundamentalmente necesario y saludable que los cristianos sepan que Dios no conoce nada de antemano contingentemente, sino que prevé, se propone, y hace todas las cosas según su propia voluntad inmutable, eterna, e infalible.... Porque, para el cristiano, el principal y único consuelo en la adversidad reside en saber que Dios no miente, sino que hace que todas las cosas ocurran inmutablemente, y que su voluntad no puede ser resistida, alterada o estorbada".
8

 

No sólo es Cristo el primero y el último, sino que estuvo muerto, y ha vuelto a la vida: Es por completo vencedor sobre la muerte y la tumba como "primicias" de los que mueren en el Señor (1 Cor. 15:20-22), garantizando nuestra resurrección también, de manera que hasta "la muerte es sorbida en victoria" (1 Cor. 15:54). Sin importar la fuerza y la crueldad de sus perseguidores, los cristianos de Esmirna no pueden ser derrotados, ni en esta vida ni en la venidera.

 

9-10 Pero no era fácil ser cristiano en Esmirna. Ciertamente, no fueron librados de la tribulación por un "rapto"; y esto a menudo significaba pobreza también, a causa de su posición en favor de la fe. Quizás estaban sujetos a la confiscación de sus propiedades (comp. Heb. 10:34) o el vandalismo; es también probable que fueran objeto de un boicot económico por rehusar ponerse del lado de o los paganos adoradores del estado o los judíos apóstatas (comp. 13:16-17). Pero, en su pobreza, eran ricos en el sentido más básico y último; considerados por el mundo "como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo" (2 Cor. 6:10). Yo sé todo lo que estás soportando, les asegura el Señor; Él se identifica con ellos en sus sufrimientos, hasta el punto de que "en toda angustia de ellos él fue angustiado" (Isa. 63:9; cf. v. 2-3). Como observó el teólogo puritano John Owen, todas nuestras persecuciones "son suyas en primer lugar, y nuestras sólo por participación" (comp. Col. 1:24).9

 

Y él sabe todo sobre la blasfemia de sus perseguidores también - los que dicen que son judíos y no lo son. Aquí el Señor es explícito sobre la identidad de la oposición que enfrentaba la iglesia primitiva: Los que de otra manera eran conocidos como nicolaítas, los seguidores de los falsos apóstoles Balaam y Jezabel, son definidos aquí como los que afirman ser judíos, hijos de Abraham, pero que en realidad son hijos del diablo. Éstos son los israelitas que han rechazado a Cristo, y han rechazado así al Dios de Abraham, Isaac, y Jacob. Un mito popular sostiene que los judíos no cristianos son verdaderos creyentes en el Dios del Antiguo Testamento, y que sólo tienen que "añadir" el Nuevo Testamento a su religión, que por lo demás es adecuada. Pero el mismo Nuevo Testamento es inflexible sobre este punto: Los judíos no cristianos no son creyentes en Dios, sino apóstatas quebrantadores del pacto. Como dijo Jesús a los judíos que lo rechazaron: "Si fuéseis hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais.... Vosotros hacéis las obras de vuestro padre.... Si vuestro padre fuese Dios, ciertamente me amaríais.... Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira" (Juan 8:39-44). La verdad es que no hay tal cosa como un judío "ortodoxo", a menos que sea cristiano; porque si los judíos creyeran en el Antiguo Testamento, creerían en Cristo. Si un hombre no cree en Cristo, no cree en Moisés tampoco (Juan 5:46).

 

Pablo escribió: "Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios" (Rom. 2:28-29). Por esta razón, Pablo fue lo bastante audaz para usar este lenguaje al advertir a las iglesias contra las seducciones de los judíos apóstatas: "Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo. Porque nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne" (Fil. 3:2-3). La palabra traducida como circuncisión significa cortar alrededor; la falsa circuncisión es literalmente concisión, que significa cortar en pedazos. La circuncisión de los judíos, la señal del pacto en el cual confiaban, era en realidad un emblema de su propia mutilación y destrucción espiritual, la señal de que, a través de su propia rebelión, habían heredado las maldiciones del pacto. El corte del prepucio fue siempre una marca de condenación. Para los justos, la aplicación ritual de la ira de Dios significaba que ellos no sufrirían la terrible realidad; para los desobedientes, sin embargo, era un anticipo de cosas por venir, una señal segura de la completa destrucción que venía.

 

Entonces, ¿quién es el verdadero judío? ¿Quién pertenece al verdadero Israel? Según la clara enseñanza del Nuevo Testamento, la persona (sin importar su herencia étnica) que se haya sido vestido de Jesucristo es la heredera de las promesas hechas a Abraham, y posee las bendiciones del Pacto (Rom. 1:11-24; Gál. 3:7-9, 26-29). Pero, dice nuestro Señor, una congregación de apóstatas y perseguidores no es más que una sinagoga de Satanás. Satanás significa acusador, y la historia de los cristianos primitivos abunda con ejemplos del falso testimonio satánico de los judíos contra la iglesia cristiana (Hech. 6:9-15; 13:10; 14:2-5; 17_5-8; 18:6, 12-13; 19:9; 21:27-36; 24:1-9; 25:2-3, 7). Este punto es subrayado por la afirmación de que algunos de ellos serían echados en prisión por el diablo (que significa el calumniador).

 

Porque el que conoce los sufrimientos de ellos es también el primero y el postrero, el que lo controla todo, Él puede proporcionar consuelo autorizado: No temas lo que estás a punto de sufrir. Algunos de los cristianos de Esmirna serían  pronto echados en prisión a instigación de los judíos; pero Cristo les asegura que esto también es parte del gran conflicto cósmico entre Cristo y Satanás. Las persecuciones infligidas sobre ellos por los judíos aliados con el imperio romano tienen su origen en el diablo, en su hostilidad hacia los seguidores de Jesucristo, en sus frenéticos intentos por conservar los fragmentos de su reino hecho jirones. Desesperadamente, está librando una batalla perdida de antemano contra las hordas, que marchan implacablemente, de una nación de reyes y sacerdotes predestinados a la victoria.

 

Y así, tras de hasta los intentos del diablo por derribarnos está el decreto absoluto de Dios. Satanás inspiró a los caldeos a robar los rebaños de Job, y sin embargo, la respuesta de Job fue: "Jehová dio, y Jehová quitó. Sea el nombre de Jehová bendito". (Job: 1:21). 10  Así que el propósito divinamente ordenado la impía actividad del diablo es que podemos ser probados: Como Samuel Rutherford: "El diablo no es sino el contrincante maestro de Dios, como en esgrima, para enseñarnos a manejar nuestras armas". 11 En última instancia, las pruebas de los cristianos no son ordenadas por Satanás, sino por Dios; y el resultado no es destrucción, sino pureza (comp. Job 23:10; 1 Ped. 4:12-19). Las tribulaciones de la iglesia de Esmirna serían horrorosas, pero de duración relativamente corta: diez días. Daniel y sus tres amigos habían sido probados por diez días, pero pasaron la prueba, y fueron ascendidos a un alto privilegio (Dan. 1:11-21). De manera similar, a la persecución de la iglesia de Esmirna por los judíos se le permitiría continuar sólo por un corto tiempo más, y luego la iglesia sería libre: Diez días de tribulación a cambio de mil años de victoria (20:4-6). Aún así, el tiempo de prueba habría de costar las vidas de muchos en la iglesia, y se les exhorta a ser fieles hasta la muerte, para obtener la corona de la vida. Esta no es una bendición reservada para alguna clase extraordinariamente consagrada de cristianos, porque todos los cristianos han de ser fieles hasta la muerte. Simplemente, la Biblia no conoce ninguna otra clase de cristianos. "Si sufrimos, también reinaremos con él; si le negáremos, él también nos negará" (2 Tim. 2:12. "Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo" (Mat. 10:22). La corona de la vida es la salvación misma.

 

11 El cristiano fiel que vence la oposición y la tentación no será dañado por la segunda muerte. El hecho de que esto se le dijo originalmente a la iglesia del siglo primero nos ayuda a entender el significado de otro pasaje en este libro. Apocalipsis 20:6 dice que los que no son dañados por la "segunda muerte" son los mismos que participan de la "primera resurrección"; y que son sacerdotes y reyes con Cristo - una bendición que Juan ya ha afirmado que es una realidad actual (1:6). Necesariamente, por lo tanto, la primera resurrección no puede referirse a la resurrección física del fin del mundo (1 Cor. 15:22-28). Más bien, debe referirse a lo que Pablo enseñó claramente en su epístola a los efesios: "Vosotros estábais muertos en vuestros delitos y pecados.... Pero Dios, que es rico en misericordia.... aun estando nosotros muertos en delitos y pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia soy salvos) y juntamente con él nos resucitó" (Efe. 2:1, 4-6). En todo tiempo, el cristiano es partícipe de la primera resurrección a nueva vida en Cristo, habiendo sido purificado de su (primera) muerte en Adán. 12 "Tiene vida eterna, y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida" (Juan 5:24).

 

Pérgamo: Juicio contra el falso
profeta y el rey impío (2:12-17)
12 Y escribe al ángel de la iglesia en Pérgamo: El que tiene la espada aguda de dos filos dice esto:
13 Yo conozco tus obras, y dónde moras, donde está el trono de Satanás; pero retienes mi nombre, y no has negado mi fe, ni  aun en los días en que Antipas mi testigo fiel fue muerto entre vosotros, donde mora Satanás.
14 Pero tengo unas pocas cosas contra tí: que tienes ahí a los que retienen la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación.
15 Y también tienes a los que retienen la doctrina de los nicolaítas, la que yo aborrezco.
16 Por tanto, arrepiéntete; pues, si no, vendré a tí pronto, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca.
17 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquél que lo recibe.
12 Pérgamo era otra importante ciudad asiática, y era la anfitriona de cierto número de falsos cultos populares, los más prominentes de los cuales pertenecían a Zeus, Dionisio, Esculapio, el dios-serpiente que era oficialmente designado como Salvador), y, de lo más importante, el culto a César. Pérgamo se ufanaba de los magníficos templos dedicados a los Césares y a Roma, y "de todas las siete ciudades, Pérgamo era la única en la cual la iglesia tenía más probabilidades de chocar con el culto imperial". 13 A este centro principal del estatismo deificado, Cristo se anuncia como el que tiene la espada de dos filos. Roma reclamaba para sí misma la posición de creadora y definidora de todo: el poder del imperio sobre la vida y la muerte era absoluto y final. Pero, aunque Roma afirmaba que su derecho a la ejecución era original, el mensaje del cristianismo era que todo poder y autoridad fuera del Dios trino era derivado - los varios gobernantes y las varias autoridades son creados, y reciben su dominio de Dios (Rom. 13:1-4). Es Jesucristo el que ejerce todo poder en el cielo y en la tierra (Mat. 28:18), y el poder definitivo de la espada le pertenece a Él. Como Señor Soberano y Gobernante de los reyes de la tierra (1:5), ha establecido la ley de las naciones. Si los gobernantes no aplican y no hacen cumplir sus órdenes por medio de su jurisdicción divinamente ordenada, Él dejará caer su afilada espada sobre sus cuellos. 14

13 Los creyentes de Pérgamo están viviendo donde está el trono de Satanás (comp. los comentarios en 1:4 sobre la centralidad del tema del trono en Apocalipsis). Robert H. Mounce nota varias de las sugerencias en cuanto al significado de esta expresión (ninguna de las cuales debe por necesidad excluir a las otras): "Se menciona con frecuencia el gran altar de Zeus, semejante a un trono, que daba a la ciudad desde la ciudadela.... Otros toman la frase en referencia al culto de Esculapio, que era designado Salvador y cuyo símbolo era la serpiente (esto obviamente les recordaría a Satanás a los cristianos; comp. 12:9; 20:2).... Al aproximarse el viajero a Pérgamo por el antiguo camino desde el sur, la verdadera forma de la ciudad-colina aparecía como un trono gigante que se levantaba sobre la llanura. Sin embargo, la expresión se entiende mejor en relación con la prominencia de Pérgamo como el centro oficial de culto de adoración al emperador en Asia.... Era aquí donde Satanás había establecido su asiento oficial o de estado. Así como Roma se había convertido en el centro de la actividad de Satanás en el Occidente (comp. 13:2; 16:10), Pérgamo se había convertido en su 'trono' en Oriente".
15

 

Aunque esta designación - el trono como asiento del culto al emperador y al estatismo deificado - es un aspecto central del significado del texto, hay una dimensión mucho más básica, que generalmente se pasa por alto. Satanás ya ha sido identificado en estos mensajes como unido a la sinagoga, la comunidad judía incrédula que ha abandonado el pacto en favor de una religión mítica. A través del Nuevo Testamento, el mayor enemigo de la iglesia es el judaísmo apóstata, cuyos representantes estaban continuamente haciendo comparecer a los cristianos ante el magistrado romano (Hech. 4:24-28; 12:1-3; 13:8; 14:5; 17:5-8; 18:12-13; 21:11; 24:1-9; 25:2-3, 9, 24). Como lo revelará Juan en los capítulos 12-13, Satanás es la fuerza motriz detrás del intento judío/romano de destruir la iglesia.

 

La estrecha relación entre el judaísmo organizado  y los oficiales imperiales en Pérgamo, combinada con la oposición del cistianismo al estatismo y la adoración de la criatura, hizo que resultara sólo natural que la persecución y el martirio comenzaran aquí, de cualquier parte de Asia. Y por esta razón, Cristo considera la iglesia de Pérgamo como fiel: Retiene el nombre de Cristo - confesándole sólo a Él como Salvador, Mediador, y Señor, proclamando que su identidad como el vínculo entre el cielo y la tierra era absolutamente única. No negaron la fe, aunque ocurrió una cruel persecución "en los días de Antipas ... que fue muerto entre vosotros, donde mora Satanás". Nadie sabe ahora quién era este Antipas, pero es suficiente que Cristo le señale como recipiente de un especial reconocimiento: Mi testigo fiel, le llama. A causa de su mismo nombre - que significa Contra Todos - Antipas personifica la firmeza de la iglesia de Pérgamo para resistir la persecución.

 

14-16 Pero no todos en la iglesia eran del fiel carácter de Antipas; además, una amenaza que representaba un peligro para la integridad de la fe, aún mayor que el peligro de la persecución, era la obra astuta e insidiosa de la herejía. Juan echa mano de la historia de la iglesia en el desierto para ilustrar su punto: Tienes allí algunos que sostienen la enseñanza de Balaam, cuyo nombre, como Nikolaos, significa Conquistador (o Destructor) del pueblo. Cuando se descubrió que el pueblo de Dios no podía ser derrotado en una guerra abierta (véase Núm. 22-24), el falso profeta Balaam le sugirió otro plan a Balac, el malvado rey de Moab. La única manera de destruir a Israel era por medio de la corrupción. Así, Balaam seguía enseñando a Balac (comp. Núm. 31:16) a poner piedra de tropiezo delante de los hijos de Israel, a comer cosas sacrificadas a los ídolos, y a cometer fornicación (comp. Núm. 25). 16  Así tenemos también nosotros algunos que, de la misma manera - es decir, imitando a Balaam - sostienen laas enseñanzas de los nicolaítas: En otras palabras, los que sostienen la enseñanza de Balaam y los que sostienen la enseñanza de los nicolaítas (comp. 2:6) comprenden el mismo grupo. La iglesia de Pérgamo se sostuvo firmemente en favor de la fe cuando llegó la hora de una franca persecución por parte de un estado impío - y sin embargo, todos estaban cayendo presa de otras formas de componendas con Satanás.

 

¿En qué exactamente consistía la doctrina de los nicolaítas? Juan la describe en términos de la doctrina de Balaam, usando su antiguo error como símbolo de la herejía contemporánea. Como Balaam, los falsos apóstoles intentan destruir a los cristianos corompiéndolos, seduciéndolos para que comieran cosas sacrificadas a los ídolos, y para que cometieran adulterio. Ambas prácticas eran comunes en la atmósfera religiosa pagana de ese tiempo, y el lenguaje de Juan parece haber sido extraído de las instrucciones del Concilio de Jerusalén a los conversos gentiles:

 

Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos, de sangre, de ahogado, y de fornicación; de las cuales cosas si os guardáreis, bien haréis. (Hechos 15:28-29). 17
Desobedeciendo al verdadero Concilio apostólico, los falsos apóstoles nicolaítas abogaban por el antinomianismo - la enseñanza de que, quizás por medio del sacrificio de Cristo, los cristianos eran "libres de la ley", en un sentido completamente opuesto a la enseñanza bíblica de la santificación. Según decían, ya no era pecado cometer idolatría y fornicación; el creyente no estaba obligado a guardar la ley, sino que podía vivir como le placiera (aunque probablemente reclamaban, como lo hacen los antinomianos de la actualidad, el "ser guiados del Espíritu" como justificación para sus abominables prácticas).

Hay, sin embargo,  un aspecto importante de las imágenes involucradas aquí que no debemos pasar por alto: Los falsos apóstoles están tratando de seducir a los cristianos a comer y a fornicar como una forma de idolatría, y esto es análogo a la seducción de Eva por parte de la serpiente. En esencia, el que ella comiera del árbol prohibido era idolatría; Pablo también habla de ella en términos de fornicación (2 Corintios. 11:2-3). Pero los que vencen las tentaciones, dice Juan, tendrán acceso al árbol de la vida (2:7). Los que rehusan comer el alimento de Balaam comerán maná del cielo, y serán incluídos en el número de aquéllos cuyos nombres están escritos en las piedrecitas (2:17).

 

Si la iglesia ha de ser bendecida, sin embargo, la falsa enseñanza no debe ser permitida. Cristo, hablando a los dirigentes de la iglesia, les ordena que se arrepientan. Los infractores deben ser reconocidos en su verdadero carácter como apóstatas heréticos, que causarán la caída de la iglesia si no son excomulgados. La iglesia que deja de disciplinar a sus miembros será destruída - hasta una iglesia por lo demás fiel y ejemplar como la de Pérgamo. El Señor advierte que, si no se arrepienten, "vendré a tí pronto, y haré guerra contra ellos con la espada de mi boca"; el ángel del Señor se había encontrado con Balaam con su espada desenvainada (Núm. 22:31), y una espada se usó para matar a Balaam (Núm. 31:8). Como ya hemos observado (véase sobre 1:7 y 2:5), esta advertencia de la venida de Cristo no es una declaración sobre la Segunda Venida de Cristo al final de la historia, sino que más bien se refiere a un juicio dentro de la historia. Es un juicio que era inminente para la iglesia de Pérgamo, especialmente a la luz del hecho de que el juicio habría de ser desatado sobre el mundo entero (3:10). El mismo principio se ha repetido una y otra vez a través de la historia del cristianismo. Dondequiera que los herejes son tolerados por el pueblo o por los dirigentes, la iglesia ha estado a punto de ser destruída por la celosa ira de Cristo.

 

17 Al que vence se le prometen tres cosas. Primera, Cristo le dará a comer del maná escondido (es decir, el maná escondido en el arca, que es Cristo: (Éx. 16:33-34; Heb. 9:4) - un símbolo tomado del regalo sobrenatural del "pan de nobles" (Sal. 78:25), que proporcionó fortaleza y sustento diario al pueblo de Dios durante el éxodo de Egipto. En esencia, esto es lo que Cristo comunica a su iglesia en todo momento. Hemos sido restaurados definitivamente a la provisión edénica para nuestras necesidades, y eso se irá realizando progresivamente en la historia hasta la consumación final y el cumplimiento de todos los planes y las promesas de Dios para su pueblo.

 

Segunda, al cristiano se le promete una piedrecita blanca. Esto ha sido visto de varias maneras como refiriéndose a un boleto para una fiesta, una muestra de absolución (es decir, justificación), o alguna señal semejante de una práctica común en los días de Juan. Aunque no es necesario excluir estas interpretaciones, por supuesto, hay una manera mucho más satisfactoria de mirar esta piedrecita en términos de revelación bíblica. En la Biblia, hay una piedra blanca relacionada con el maná, y se llama bedelio (comp. Éx. 16:31) con Núm. 11:7). 18 Además, esta piedra está conectada con el jardín de Edén, y se tiene la intención de que sea un recordatorio de él (Gén. 2:12). La salvación es una nueva creación, y restaura al pueblo de Dios al paraíso.

 

Tercero, al cristiano se le concede un nombre nuevo, que habla del nuevo carácter y la nueva identidad de los que pertenecen a Cristo. Como siempre, Dios el Señor es el Definidor, que nos ha llamado a la existencia y nos ha interpretado plenamente en términos de su plan predeterminado:

 

Entonces verán las gentes tu justicia, y todos los reyes tu gloria; y te será puesto un nombre nuevo, que la boca de Jehová nombrará. (Isa. 62:2).
El hecho de que el nombre está escrito en la piedrecita parecería oponerse a la interpretación de la piedra blanca que se da más arriba, porque en las Escrituras nunca se nos habla de nombres escritos sobre el bedelio. Y sin embargo, esto sólo sirve para confirmar la interpretación. La piedra que era marcada con nombres en el Antiguo Testamento era el ónix. Dos ónices eran puestos sobre los hombros del Sumo Sacerdote, y sobre ellos estaban grabados los nombres de las tribus de Israel (Éx. 28:9-12). Pero la piedra de ónix no era blanca - era negra. La explicación de esto parece ser la de que el bedelio y el ónix están simplemente combinados en estas imágenes (un mecanismo común en las Escrituras) para crear una nueva imagen que todavía conserva las antiguas asociaciones). Aquí el eslabón es el bedelio: está asociado con el ónix de Génesis 2:12, y con el maná en Números 11:7. Juntos, hablan de la restauración del Edén en las bendiciones de la salvación.

Hay que explicar otro punto acerca de esta promesa. Nadie conoce el nuevo nombre, dice Cristo, excepto el que lo recibe. El significado de esta expresión, arraigada en un modismo hebreo, es el de que el que recibe el nombre lo "conoce" en el sentido de que lo posee. En otras palabras, el punto de la cuestión no es que el nuevo nombre es secreto, sino que es exclusivo: Sólo el que vence posee el nombre, la definición divinamente ordenada de sí mismo y que pertenece al pacto del Señor Jesucristo; nadie más tiene derecho a él.
19 En su aplicación particular a la situación en Pérgamo, el nicolaíta hereje, que por su doctrina o por su vida es un traidor a la causa de Cristo, en realidad no es dueño de la designación de cristiano. El nombre pertenece solamente a los vencedores. A ellos, y sólo a ellos, se les concede que vuelvan a entrar en Edén. Logran entrar por medio del sacrificio de Cristo, en el cual han sido refinados y en el cual han recibido un nombre nuevo.

 

Tiatira: Juicio contra la ramera real (2:18-29)
18 Y escribe al ángel de la iglesia en Tiatira: El Hijo de Dios, el que tiene ojos como llama de fuego, y pies semejantes al bronce bruñido, dice esto:
19 Yo conozco tus obras, y amor, y fe, y servicio, y tu paciencia, y que tus obras postreras son más que las primeras.
20 Pero tengo unas pocas cosas contra tí: que toleras que esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos a fornicar y a comer cosas sacrificadas a los ídolos.
21 Y le he dado tiempo para que se arrepienta, pero no quiere arrepentirse de su fornicación.
22 He aquí, yo la arrojo en cama, y en gran tribulación a los que con ella adulteran, si no se arrepienten de las obras de ella.
23 Y a sus hijos heriré de muerte, y todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriña ka mente y el corazón; y os daré a cada uno según vuestras obras.
24 Pero a vosotros y a los demás que están en Tiatira, y a cuantos no tienen esta doctrina, y no han conocido lo que ellos llaman las profundidades de Satanás, yo os digo: No os impondré otra carga;
25 pero lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga.
26 Al que venciere y guardare mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones,
27 y las regirá con vara de hierro, y serán quebradas como vaso de alfarero; como y también la he recibido de mi Padre;
28 y le daré la estrella de la mañana.
29 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.
18 Una de las cosas más significativas de la ciudad de Tiatira era el dominio de los gremios comerciales sobre la economía local. Cada una de las industrias manufactureras imaginables estaba estrictamente controlada por los gremios: Para trabajar en un oficio, se tenía que pertenecer al gremio apropiado. Y ser miembro de un gremio significaba también adorar dioses paganos; la adoración pagana estaba integralmente conectada con los gremios, que tenían sus reuniones y sus comidas comunes en los templos paganos. Dos aspectos centrales de la requerida adoración pagana era comer carne sacrificada a los ídolos, y tener relaciones sexuales ilícitas. Cualquier cristiano que trabajase en un oficio o profesión enfrentaba serios problemas: su fidelidad a Cristo afectaría su profesión, el modo en que se ganaba la vida, y la capacidad de alimentar a su familia.

El dios local, el guardián de la ciudad, era Tirimno, hijo de Zeus; y en Tiatira, el culto a Tirimno estaba mezclado con el culto a César, que también era proclamado el Hijo de Dios encarnado. En Tiatira, el conflicto entre el cristianismo y el paganismo fue inmediato y central. Por esto, la primera palabra de Cristo a esta iglesia es la proclamación de que sólo Él es el Hijo de Dios (el único lugar en Apocalipsis donde se usa esta designación específica de Cristo). La carta a esta iglesia comienza con un desafío inflexible contra el paganismo y el estatismo, afirmando la definitiva y absoluta unicidad de Jesucristo.

 

19-20 Había mucho que alabar en la iglesia de Tiatira. Era activa en el amor y la fe y el servicio y la perseverancia. En realidad, su actividad estaba aumentando: Sus obras posteriores son mayores que al comienzo. Pero, a despecho de todas las buenas obras de la iglesia, su mayor defecto a los ojos de Cristo era su laxitud moral (los tiatirenses estaban en el extremo opuesto de los doctrinalmente correctos efesios). Los ancianos estaban permitiendo que la falsa doctrina tuviera cabida en la iglesia. Cristo nuevamente llama a la herejía por un nombre simbólico, como lo había hecho antes (Nikolaos y Balaam); esta vez, el culto es identificado con Jezabel, la malvada reina de Israel durante el siglo noveno a. C., que llevó al pueblo del pacto a la adoración idólatra y adúltera de dioses paganos (1 Reyes 21:25-26; comp. 2 Reyes 9:22, donde sus acciones son llamadas específicamente "fornicaciones" y "hechicerías"). De la misma manera, la "Jezabel" de la iglesia de Tiatira abogaba por contemporizar con el paganismo. Por supuesto, esto habría estado acompañado por terminología que sonara muy piadosa - quizás en el sentido de que, después de todo, hay sólo un Dios, así que cualquier culto que se le rinda a dioses falsos en realidad se le rinde al verdadero Dios; o de que, uniéndose a los paganos en sus servicios religiosos, uno podría testificar en favor del cristianismo; o de que el estar de acuerdo con los paganos permitiría a los cristianos sobrevivir y no ser barridos por la persecución; o quizás que todas las religiones tienen algo que enseñarse mutuamente, y que nosotros los cristianos debemos abandonar nuestro arrogante absolutismo y tratar de combinar lo mejor de nuestras tradiciones con lo mejor de las tradiciones paganas, creando así una fe verdaderamente universal, que responda a las necesidades de todos los pueblos y todas las culturas.

 

A pesar de las razones argumentadas, la doctrina era una herejía, y no habría de ser tolerada. Éste es el término preciso usado aquí: Tú toleras a este mujer, el Señor les acusa. Y al tolerarla, los ancianos estaban poniendo en peligro a la iglesia entera, porque ella enseña y lleva a Mis siervos por el mal camino, para que cometan fornicación y coman cosas sacrificadas a los ídolos. Hay que entender esto claramente: El cristianismo ortodoxo, bíblico es intolerante. Una iglesia que tolera el mal y la falsa doctrina es una iglesia en juicio: Dios no la tolerará por mucho tiempo. Esto no quiere decir que los cristianos deberían ser intolerantes con los errores e idiosincrasias, y las diferencias sobre cosas no esenciales. Pero, cuando se trata de violaciones claras de la ley bíblica y la doctrina ortodoxa, las Escrituras requieren que el gobierno de la iglesia les ponga un alto antes de que destruyan a la iglesia.

 

Figurativamente, si no literalmente, "Jezabel" estaba llevando a los cristianos a la fornicación y a la comunión idólatra, el efectivo abandono de la fe cristiana en favor del paganismo y el culto estatal. ¿Había literalmente una mujer dirigiendo a los judaizantes en esta área local? Esta posibilidad está por lo menos indicada por la acusación específica contra el ángel/obispo de Tiatira: "Toleras a tu esposa, Jezabel". ¡Puede ser que el archi-hereje de Tiatira haya sido la esposa del pastor! Por otro lado, puede que Cristo esté apuntando de una manera más general al fracaso del ángel, como Adán, en proteger correctamente a la Esposa - una función central del llamado sacerdotal. Porque él había fracasado, ella se había convertido en ramera. 20

 

21-23 Cristo le había dado tiempo a Jezabel para que se arrepintiera ... de su fornicación, y ella había rehusado. Tenemos que subrayar nuevamente que este término se usa en las Escrituras tanto en un sentido literal como en un sentido simbólico. Aparentemente, Jezabel había alentado en realidad al pueblo de Dios a cometer adulterio físico en relación con los ritos religiosos de los gremios comerciales; por otro lado, el uso de la palabra fornicación tiene una larga historia como símbolo de rebelión contra el verdadero Dios por parte de los que le pertenecen (véase, por ejemplo, Ezequiel 16 y 23). Ya hemos observado los aspectos simbólicos del comer y del beber como idolatría; es importante reconocer también que Juan describe a la gran ramera de Babilonia, identificada con el judaísmo apóstata, con muy claras referencias a la historia bíblica de Jezabel, la madre de las rameras (17:5, 16; 19:2). Esto confirma nuevamente la interpretación de que las doctrinas de los nicolaítas, los balaamitas, y los jezabelitas eran idénticas, y estaban conectadas con el falso Israel, la "sinagoga de Satanás".

 

"Jezabel" tenía que ser castigada, y en un juego de palabras, el Señor declara: "He aquí, yo la arrojo en cama". Como señalan muchos de los modernos traductores, ésta es una cama de enfermo, explicada por la siguiente cláusula: "y en gran tribulación a los que con ella adulteran". Con severo sentido del humor, Jesús está diciendo: "¿Quieres meterte en la cama" (es decir, fornicar)? Muy bien - ¡aquí hay un lecho de muerte para tí! Notemos cuidadosamente también que este juicio del siglo primero contra los seguidores de Jezabel se describe en términos de la gran tribulación. Todas las indicaciones bíblicas con relación a la Gran Tribulación conducen a la sencilla conclusión de que tuvo lugar durante la generación después de la muerte y la resurrección de Cristo, tal como Él había dicho que sucedería (Mat. 24:21, 34). 21 "Y mataré a sus hijos (sus seguidores; comp. Isa. 57:3) con muerte" suena a nuestros oídos como una extraña manera de decir esto. Pero esta es una forma común hebrea de expresar énfasis, conocida como pleonasmo, un "doble testigo" lingüístico de la certeza de su cumplimiento (comp. Gén. 2:17), "muriendo morirás"). 22

 

¿Qué sucede cuando los apóstatas son disciplinados y juzgados? "Todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriña las mentes y los corazones". El carácter de Dios como Juez santo y omnisapiente es vindicado en las iglesias (y en el mundo también, Isa. 26:9) cuando castiga a los que se rebelan contra Él. Los que realmente aman al Señor acatarán el juicio y serán estimulados a renovada obediencia cuando nuevamente se les recuerde que Él da a cada uno según sus obras.

 

24-25 Aparentemente, una parte central de la herejía de Jezabel tenía que ver con una búsqueda de "las profundidades de Satanás, como ellos las llaman". Conectando esto con lo que ya sabemos de las enseñanzas de ella, parece que su doctrina era una enseñanza proto-agnóstica de que los cristianos alcanzarían nuevos y mayores niveles de santificación sumergiéndose en las profundidades del satanismo: adorando ídolos, fornicando, participando al máximo en las depravaciones de los paganos alrededor de ellos - pecando para que la gracia abundase. Por supuesto, el hecho de que tal actividad pudiera ser tanto sensualmente satisfactoria como económicamente rentable no sería pasada por alto; pero había más que esto. La doctrina de Jezabel de santificación por medio de la idolatría y la fornicación era simplemente una forma ligeramente cristianizada de la más antigua herejía en el mundo, una herejía que se ha manifestado en todas las culturas desde el comienzo: salvación por medio del caos. Eva vio el caos, la anarquía, y la revolución como la clave de la sabiduría y la forma de alcanzar una condición divina; y la adúltera original ha tenido muchos seguidores, como lo señala R. J. Rushdoony: "El caos como revitalización ha tenido una larga y continuada historia en la civilización occidental, y, junto con la Revolución Francesa, adquirió nueva vitalidad al convertirse la revolución y el caos sexual en los medios para conseguir la regeneración social. En el mundo del arte, el artista creativo vino a ser identificado, por necesidad, con el anarquista social y sexual, y en el pensamiento popular, el orden y la moralidad vinieron a significar monotonía y debilitamiento, y una enervante mortaja, mientras que licencia significaba libertad y poder. La "cana al aire" de la mediana edad y la licencia sexual surgieron como medios para apoderarse de la renovación, y se usaron prostitutas negras como un dispositivo para "cambiar la suerte", un especial pecado contra el orden como un medio para recargarse de suerte y poder. Básica a todas estas manifestaciones, desde el antiguo Egipto, pasando por César, hasta el hombre moderno, hay una común esperanza: destruir el orden para crear el orden nuevamente, o aún más directamente, destruir el orden para crear el orden". 23

 

Pero, dice Cristo, hay cristianos fieles en Tiatira, que no tienen esa doctrina, que no han buscado el conocimiento prohibido en prácticas satánicas, a pesar de las consecuencias económicas y sociales de rehusar contemporizar; "no os impondré otra carga; pero lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga". Nuevamente, esto refleja el lenguaje de la carta del Concilio de Jerusalén a los conversos gentiles: "Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias: que os abstengáis de lo sacrificado a ídolos ... y de fornicación; de las cuales si os guardáreis, bien haréis". (Hech. 15:28-29). Los fieles han de continuar practicando lo esencial de la fe, ateniéndose a normas ortodoxas de doctrina y vida, hasta que Cristo venga con tribulación a juzgar a los herejes y apóstatas que quedan ilegalmente en la iglesia.

 

26-29 Los fieles cristianos de Tiatira estaban sufriendo a causa tanto del mundo pagano fuera de la iglesia como de los herejes contemporizadores dentro de ella. Probablemente se sentían tentados a dudar de si algún día ganarían esta lucha. Los cristianos más prósperos y realizados eran los menos fieles a Cristo; parecía que los ortodoxos peleaban una batalla que estaba perdida de antemano. En este momento eran tan impotentes que les era imposible hasta expulsar de la iglesia a los apóstatas. Pero Cristo  le promete al ángel/obispo: Al que vence, y al que guarda mis obras hasta el fin, yo le daré autoridad sobre las naciones. Y las regirá con vara de hierro, como el vaso del alfarero es roto en pedazos, como yo también lo he recibido de mi Padre. Esto es una referencia a la promesa del Padre al Hijo, como se registra en Salmos 2:8-9:

 

Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los confines de la tierra. Los quebrantarás con vara de hierro; como vasija de alfarero los desmenuzarás.
A Dios el Hijo le ha sido concedido el dominio sobre todo el mundo, y todas las naciones quedarán bajo su señorío mesiánico (véase también Sal. 22:27-31; 46:4, 10; 65:2; 66:4; 6:31-32; 72; 86:9; 102:15-22; 138:4-5; 145:10-11). Cualquier oposición contra su reino será aplastada absolutamente. Y la instalación de Cristo como Rey universal, profetizada en este pasaje, claramente tuvo lugar en la Primera Venida de Cristo, por medio de su nacimiento, su vida, su muerte, su resurrección, y su ascensión a la gloria (esto puede ser confirmado simplemente buscando en el Nuevo Testamento las numerosas citas de Salmos 2 y 110, ambos sobre el señorío de Cristo). 24